Philadelphia’s Been Good To Me
DiscosKurt Vile

Philadelphia’s Been Good To Me

6 / 10
JC Peña — 29-05-2026
Empresa — Verve / Universal
Género — Indie rock

Aunque tenía buenas canciones, el anterior álbum del melenudo compositor norteamericano me dejó cierto regusto a auto complacencia. Empezaba a echar en falta más aristas en canciones que se hacían demasiado largas y contemplativas incluso para sus estándares. ¿El precio inevitable de la felicidad personal o la madurez? Sus EP’s siguientes tampoco despejaron la incógnita, aunque “Back To Moon Beach” tiene su gracia. Quizá porque el formato EP limita su tendencia a alargar las canciones.

En relación a este nuevo doble –otra vez–, su segundo álbum para Verve, Kurt Vile ha dicho que es una “carta de amor” a su querida ciudad de Philadelphia, y que ha puesto todo en él, como si fuera a ser el último. Ha afirmado con vehemencia que es su mejor trabajo como cantante y guitarrista. Demasiado autobombo es sospechoso, porque la excelencia (como la verdad) se vende sola.

Y mis temores se confirman. Hace poco más de un mes el primer single “Chance To Bleed” me reafirmaba en la impresión de que el de Pensilvania se mantiene en esa zona de confort de medios tiempos de soft rock etéreo un poco descafeinado (en realidad, otra cosa habría sido sorprendente). “Zoom 97”, con sus mandolinas, órgano Hammond, voces juguetonas y ritmo perezoso arranca justo en ese punto. “BPM 99” se interna en la americana agreste, y el músico saca todo el partido al exquisito sonido del álbum como si estuviera construyendo la canción sobre la marcha. Es la mejor del lote junto a la última.

El problema es que “Rock ‘ ’ Stone”, con sus indisimulados aires AOR y sus guitarras entrelazadas, parece que ya la hemos escuchado antes (y más de una vez); y se va hasta los cinco minutos y medio. Es un poco la tónica de la desganada balada atmosférica “You Don’t Know Cuz It’s My Life” (con cencerro y falsete final), que va sembrando más dudas.

El mencionado single no pasa de lo potable, y llegamos a la canción que da título al álbum, con sintetizadores y aires melancólicos casuales como de un Lou Reed desganado (de nuevo, casi seis minutos). “99th Song” recupera los aires de americana silvestre en un viaje presumiblemente épico a fuego lento, con la batería a piñón fijo marca de la casa y coros femeninos, que supera los diez minutos sin clímax alguno. Se hace interminable.

El resto sigue un poco esta tónica. La instrumental “Red Room Dub” parece un boceto o idea que ha acabado en el disco a falta de algo mejor. Los aires vintage lo fi de “Holiday OKV” tienen su gracia, pero sin excesos. “Every Time I look At You” es una tierna balada…demasiado larga. “Piano For Sarah” es otro breve interludio instrumental intrascendente, mientras que la melancólica “Avalanches of Snow” levanta el vuelo cuando ya es demasiado tarde. ¿Veredicto? La auto complacencia se ha agravado en un artista que desde hace mucho tiempo tiende hacia ella.

 

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