Los mejores discos internacionales de 2020
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Los mejores discos internacionales de 2020

Redacción — 13-12-2020
Empresa — Mondo Sonoro
Fotógrafo — Archivo

 

30.- Bob Dylan – “Rough And Rowdy Days

bob dylan Rough

Columbia

FOLK
“Rough And Rowdy Ways” (álbum número treinta y nueve de estudio), es arte mayúsculo y sincero a cada surco, irónico y doliente, profético y cercano a partes iguales. Música como antídoto en tiempos de pandemia, flores que brotan en tierra baldía tras el desbordamiento de un río de sangre. El adelanto en forma de misteriosa elegía poética con resplandores autobiográficos entre líneas, “Murder Most Foul”, ya paró el mundo durante diecisiete minutos, con Dylan trepando en cada fraseo por una enredadera que crece de su propia boca. Estrofas encadenadas por las que más de un Nobel de Literatura, revendería su alma mil veces. Versos que zigzaguean en una tragedia shakespeariana continua, sembrada y recogida por el ser humano durante el siglo XX y espejo del XXI… Un carnaval de ritmo hipnótico, repetitivo y preciosista, con un teclado y un violín que hace latir la historia oscura de Estados Unidos, mientras un desfile infinito de canciones citadas y héroes eternos (más de setenta), nos bañan como una cascada morfínica, con el asesinato de John F. Kennedy como herida abierta y amanecer rojizo imposible de cicatrizar del todo. Identidad perdida de un país que Dylan insta a recuperar en esta monumental oda del Yo y del Nosotros presente, llamando a la alerta y a ponernos a salvo de la tormenta de infamia y sangre que retorna en un país que, con el sueño americano de progreso social flotando boca abajo, mastica de nuevo (con el alma podrida y los dientes de Trump), los vómitos racistas del supremacismo blanco y las pesadillas fantasmagóricas de guerras civiles pasadas. “El asesinato más inmundo” como single anticomercial y reflejo del declive de Occidente, ocupa el disco dos al completo y, de manera instantánea, se corona como masterpiece imprescindible.
David Pérez


29.- Jessie Ware – “What’s Your Pleasure?

Jessie Ware Whats Your Pleasure

Virgin

POP
Después de un segundo álbum irregular y de un tercero anodino, la cantante británica ha logrado relanzar su carrera con un trabajo que bebe de Chic o Prince, rememorando el giro hacia el funk de Daft Punk en “Random Access Memories” (13). Pero que, además, no tiene nada que envidiar del talento de divas como Donna Summer, Kylie Minogue o Madonna. Algunos de sus mejores momentos los encontramos en la impecable cara A del vinilo con una secuenciación sin fisuras en la que destacan singles como “Spotlight”, “What’s Your Pleasure?” o “Soul Control”, que te harán contorsionarte a través sonidos orgánicos, con sintetizadores propios de los ochenta, arreglos orquestales y un groove de bajo saltarín. Hacia el final, tras algo de relleno y constatando la total ausencia de baladas, se produce un acertado desplazamiento hacia la electrónica ensoñadora de “The Kill” y la grandilocuencia góspel de “Remember Where You Are”, que suponen un cierre redondo.
Jesús García Serrano


28.- The Weeknd – “After Hours”

Weeknd After

Republic

POP
The Weeknd vuelve con “After Hours” después de dos años sin sacar un álbum en los que, sin embargo, no ha perdido ni un ápice de su popularidad gracias a que sus temas de pasados álbumes siguen sonando tan bien como el primer día, aunque haya pasado mucho tiempo desde que, ya con sus primeros pasos, le volase la cabeza a todo el mundo. En “After Hours” encontramos a un artista que ha vuelto a apostar por los sintetizadores para darle un toque pop años ochenta (solo hay que escuchar la melodía de “In Your Eyes” para transportarse a aquellas emisoras de radio que, entre canción y canción, prometían al oyente lo mejor de los años ochenta sin interrupciones) al trabajo que va en relación con la estética y el arte que está utilizando en esta fase de su su exitosa carrera. Todas las canciones del álbum suenan muy bien, están perfectamente construidas y consiguen transmitir una sensación de fiesta y buen ánimo que contrasta con algunos de sus trabajos anteriores. Tiene logros tan impresionantes como las magníficas “Hardest To Love” o “Save Your Tears”, que contienen en tres minutos y medio todo lo mejor que The Weeknd es capaz de lograr. Sin embargo, el álbum pierde algo de magia, es menos especial que sus predecesores.
Luis M. Maínez


27.- Haim – “Women In Music Part III

HAIM Women in Music

Polydor

POP
HAIM representan, cada vez más, esa característica tan común a muchas de las propuestas que alimentan el mainstream contemporáneo: sus discos lucen innumerables detalles de producción, tantos giros impredecibles en el guion de sus canciones y una arquitectura sonora tan compleja y detallista que, por mucho que sus melodías apunten sin complejos a la comercialidad, hay siempre una intención de ir más allá, de combinar clasicismo con audacia, de aunar transversalidad y un aventurado espíritu de crecimiento artístico. Una desafiante pericia que, al menos, responde a un paradigma bastante menos previsible del que nos deparaban las radiofórmulas de FM cuando aún gozaban de relevancia y omnipresencia, hace la tira de años. El resultado es un disco de superpop multiforme, elástico, contagioso y (mayoritariamente) femenino en fondo y forma, del que las angelinas son uno de sus ineludibles exponentes. ¿Su mejor álbum? El tiempo lo dirá. Sí el que tiene más miga, desde luego.
Carlos Pérez de Ziriza


26.- Taylor Swift – “Folklore

Taylor Swift Folklore

Republic

INDIE FOLK
Taylor Swift ha decidido contar en la producción con Aaron Dessner de The National, y repetir con Jack Antonoff, con un resultado mucho más crudo de lo que parecía, recordándonos más a Aimee Mann o al propio Dessner, con algún toquecillo más Sufjan (“Mad Woman”, “Invisible String”). Pero aquí la clave, precisamente por ese punto más crudo, son las letras. Cuenta Taylor que, durante las horas y horas que ha pasado sola en el confinamiento, su imaginación se llenaba de historias que necesitaba escribir, historias basadas en su propia experiencia, en la de personas reales o en la de personajes creados por ella. Historias que quería contar a sus fans para que, a su vez, estos se las contasen a sus seres queridos. No es de extrañar, por tanto, que haya decidido titular “Folklore” a este disco sorpresa. Y tampoco es de extrañar su talento para, a la hora de componer canciones, contar historias. En el sentido más clásico del término. Pero tranquilos que no se trata solo de dramas y Taylor sigue sabiendo ser asquerosamente ñoña (¡lo digo como algo positivo!). No sé si “Folklore” es el mejor disco de Taylor Swift (puede serlo) y ni siquiera sé si tienen sentido ese tipo de clasificaciones, pero lo que está claro es que es un motivo más para no dudar del enorme talento de Taylor Swift.
Pablo Tocino


25.- Lido Pimienta – “Miss Colombia”

Anti

POP TRIBAL
Hay discos que pueden llevar al oyente a equívocos graves si este es lo suficientemente perezoso como para no indagar nada en la era de la sobre información. Hay discos como “Miss Colombia” que merecen ser explicados. Y es que escuchado de forma virginal uno se lo imagina perpetrado en el estudio de grabación de una gran urbe del país latinoamericano, Bogotá por ejemplo, en el que se ha buscado de forma artificial el choque entre la tradición indígena de comunidades como los wayúu con una elegante poso electrónico. Nada más lejos de la realidad. Porque “Miss Colombia” está parido, y no por casualidad, en la fría Canadá. Ese es el país de acogida al que llegó Lido María Pimienta Paz junto a su familia a la tierna edad de once años. Y eso explica porque el disco, pese a tener un componente tribal evidente, tiene una dimensión contemporánea y moderna que le dan ese toque de rara sofisticación que ha provocado su encumbramiento por parte de la crítica anglosajona. Es ahora cuando su eco llega a Colombia en un raro viaje de ida y vuelta que es esa seña de identidad que lo distingue.
Don Disturbios

 


24.- Metz – “Atlas Vending

METZ atlas vending

Sub Pop/Popstock!

ROCK
Como reconocían con sorna al principio de su carrera, Metz eran el grupo canadiense más atípico de su generación. Eran “solo” tres y practicaban un ruidismo frontal, altamente venenoso y agresivo, en las antípodas de las blandas sofisticaciones instrumentales de casi todos sus compatriotas. Con su anterior disco reclutaron a Steve Albini en busca de nuevos matices para una propuesta que corría el riesgo de agotarse en su propia combustión ensimismada. Pero en su cuarto trabajo (quinto su contabilizamos el recopilatorio de rarezas “Automat”), por mucho que exploren temas insospechados como el de la paternidad, vuelven a echar mano de su patentado muro de sonido. El fascinante single “A Boat To Drown In” (última canción), con su larga e hipnótica coda de kraut alucinógeno es una perfecta muestra de cómo cambiar algunas cosas sin que en realidad cambie nada a nivel instrumental. Aunque se permitan darse ciertos respiros melódicos Atlas Vending devuelve a Metz a las catacumbas sonoras que exploran desde que irrumpieron.
JC Peña


23.- Woodkid – “S16

Woodkid S16 disco

Green United/Universal

POP  
Desolador, crudo y oscuro es el regreso de Yoann Lemoine. Una endemoniada pieza que refleja una sociedad ahogada en una enorme masa negra que no consigue levantar la cabeza. “S16” explora así la obsesión del creador francés por el frío sector industrial, sus enormes máquinas, enfrentándolo a sonidos orgánicos que reproducen su lado más íntimo y personal. En resumen, la vida contra la ciencia ficción. Lo analógico contra lo digital. Minimalista, sutil y a la vez ostentoso, cinematográfico. Woodkid exprime toda la brillantez artística que posee en una pieza repleta de paisajes sonoros fascinantes, texturas escalofriantes y una enorme, y bella, parte orquestal que lleva el peso del disco. No abandona la epicidad y teatralidad de “The Golden Age” (2013); más bien la madura llevándola a otro nivel. Ha aprendido a jugar con los silencios, a explotar sus capacidades vocales al cien por cien y enfrenta su icónico registro grave a unos agudos sin fin como si fuera una batalla entre el bien y el mal.
Álex Jerez


22.- Fleet Foxes – “Shore

fleet foxes shore

ANTI/[PIAS]

FOLK 
Robin Pecknold se dio cuenta, parafraseando a Bill Shankly, de que la música no es una cuestión de vida o muerte: es algo mucho más importante que eso. El mundo se detenía, las calles se vaciaban, la música callaba mientras las sirenas de las ambulancias bramaban y las UCIs se desbordaban, y el de Seattle pensó que quizá no era tan trágico que, llegado el mes de abril, tuviera ya completas quince canciones para las que no daba con una mísera letra. Entonces se cercioró de dos cosas: en primer lugar, de que su rol de músico célebre, eso de ganarse más que dignamente la vida con ello, no debía ser (en ningún momento) una fuente de ansiedad ni autoexamen permanente. Era, más bien, una bendición. Y en segundo lugar, que la belleza podía perfectamente residir en las pequeñas cosas. Fue así como se olvidó, quizá también por el clásico efecto acción–reacción, de la complejidad de “Crack-Up” (17), y le dio por enhebrar una colección de canciones que, en sus propias palabras, “celebran la vida en la cara de la muerte, como un alivio, como tus pies tocando la arena de la playa tras el descenso de la marea”. El equinoccio de otoño de tan nefasto 2020 hizo el resto, cerrando el círculo –el álbum se empezó a gestar justo un año antes– y completando el sortilegio: la vuelta de Fleet Foxes a su mejor estado de forma. Lo más brillante que han hecho en muchísimo tiempo. Desde el “Summer all over” con el que anuncian la inaugural “Wading In Waist–High Water”, apuntalada por la preciosa voz de Uwade Akher, jovencísima estudiante de la Universidad de Oxford, hasta las notas de piano con las que la delicadísima “Shore” despide casi una hora que en ningún momento se hace larga.
Carlos Pérez de Ziriza


21.- Working Men’s Club – “Working Men’s Club

Heavenly/[PIAS]

POST-PUNK
De la absurdidad del matar al padre porque sí hemos pasado a aprovechar la sustancia de los discos de papá y mamá y aprender de ellos lo mucho que podemos aprender. Y así es como Sydney Minsky-Sargeant se plantó sobre un escenario al frente de sus Working Men’s Club para devolverle a la gente de su ciudad el orgullo de ser la cuna de cierto tipo de sonoridades. Porque Minsky-Sargeant y su banda echan la vista al Sheffield de la segunda mitad de los setenta y los primeros para exprimir lo que la electrónica y el post-punk para y recoger la cosecha de lo que se sembraron en aquella ciudad Cabaret Voltaire, The Human League o incluso los primeros Pulp. A partir de esa base, acuden a todos aquellos sonidos rítmicos y bailables y al mismo tiempo ligeramente incómodos que se han ido esparciendo a lo largo de los años por aquí y allá, desde The Fall a New Order/Joy Division, desde Section 25 o los primeros Happy Mondays a LCD Soundsystem, pasando por el revival punk funk o por algunos momentos de Suicide, y así podríamos continuar añadiendo nombres y nombres. Eso sería malo en el caso de que a Working Men’s Club le faltasen buenas canciones o músculo, pero es que eso no ocurre.
Joan S. Luna

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