Origen: Baltimore (Estados Unidos), 1959

La historia de Mark Renner comienza en una granja situada en Upperco, al norte de Baltimore. Como la historia de tantos, Renner sintió una necesidad artística de crear desde pequeño; estar alejado de la civilización fue lo que le empujó a coger primero una guitarra y años más tarde un pincel. La influencia materna marcó unos primeros gustos musicales que protagonizarían Simon & Garfunkel y Carole King. Con el paso del tiempo, tanto aquella música como Upperco comenzaban a quedársele pequeños. “Para cuando llegué a la adolescencia, me sentía como George Bailey queriendo salir de Bedford Falls”, recuerda. Su pueblo natal y aquellos discos se habían convertido en un páramo de monotonía vital y cultural en el que un joven Renner se asfixiaba. Fue en medio de este tedioso clima cuando a finales de los 70 el punk vino para salvarle. El enervado género enseñó a Renner que si quería algo debía ir a por ello, aunque no tuviera muy claro cómo hacerlo. Impulsado por esta fuerza, pone en marcha una trayectoria musical que comienza con un viaje en autostop a Baltimore para tocar en una banda tributo a Ultravox y continua con el descubrimiento del Unknown Pleasure, un creciente odio al excesivo rock de los 70 y la formación de dos bandas con apenas éxito. En medio de estas idas y venidas por encontrar su camino, Renner se topa con el álbum de Skids Days In Europe. Aquel disco puso patas arriba su concepción musical hasta el punto de comenzar un intercambio de correspondencia con el frontman de la banda escocesa Stuart Adamson. A través de aquellas cartas, Adamson enseñó al de Baltimore un mundo de posibilidades más allá de las limitaciones musicales de la época que, junto al viaje interior que proponía la obra de Herman Hesse, empujaron a Renner a forjar una trayectoria en solitario que comenzó en 1985. Con un teclado prestado de cuatro pistas, un sintetizador Casio CZ-101 y un oboe, comenzó a componer en busca de un sonido al margen de cualquier género establecido, donde lo único importante era el sentimiento y la búsqueda de belleza. Tal propósito le llevo a fijarse en artistas como Yellow Magic Orchestra, Bill Nelson o New Order por su experimentación con el sonido. Todo ello se tradujo en un primer álbum titulado All Walks Of This Life, lanzado por su propio sello (The Gate International) en 1986. Por aquel entonces ya había comenzado a dar sus primeros pasos con la pintura, por lo que esta ópera prima reflejaba esa simbiosis visual y sonora que tanto marcaría su proceso creativo.

Esta idea tan conceptual y experimental de entender la música llegó a llamar la atención de un locutor de radio local que no podía creer que algo así podía salir de Baltimore. Aquellos resquicios de repercusión, sirvieron para que Renner firmara con Dimension (sello perteneciente a Restless Records). Esta relación laboral apenas duró un álbum, su segundo LP: The Painter`s Joy (1988). Pese a que dos años después lanzaría Creatures That Die In A Season, la falta de un sello que le proporcionase la tecnología necesaria para grabar sus cada vez más complejas y ambientales canciones, obligó a Renner a dejar a un lado la música para centrarse en la pintura.

Ya en la década de los noventa se ve obligado a dejar a un lado la vida artística y acepta un trabajo de funcionario con el fin de mantener a flote a su familia y su pintura. En 2006 retoma la música para poner banda sonora a sus exposiciones pictóricas, dando como resultado cuatro nuevos LPs en la primera década de siglo.

Influencias:

Days In Europa (Virgin Records – 1980) de Skids

Days In Europa impactó en mi mundo musical como ningún otro disco lo había hecho antes. Era una combinación de poderosa melodía ligada a sonidos electrónicos, agitación de guitarra y un estilo lírico provocativo.”

 

No Guru, No Method, No Teacher (Mercury Records – 1986) de Van Morrison

“Hay muy pocas grabaciones en la vida que mantienen el poder de transformar por completo una habitación 32 años después de su lanzamiento. La escucha de este álbum es una experiencia íntima. Es de esas obras con las que eliminar cada distracción, apagar las luces y escuchar…”

Imprescindible:

Few Traces (RVNG -2018) de Mark Renner

Como su propio título indica, este recopilatorio es una de las pocas huellas que podemos encontrar de la obra de Mark Renner, uno de los tesoros musicales más interesantes y auténticos enterrados en esa heterogénea década musical que fueron los ochenta. 21 canciones que van desde el pop melódico al ambient y que son capaces de romper la distancia del tiempo, evocándonos a artistas actuales como John Maus, Ariel Pink o The War On Drugs. Guillermo Chaparro Terleira