Treinta años después, el álbum regresa gracias a Cosmos y Austrohúngaro, como “IDEM PALAIS”. Una edición revisada (editada, mezclada y con nuevo master) que ve la luz por primera vez en vinilo.
A la década de los 90 le debo todo. Mi desarrollo como instigador (DJ) e interés mayúsculo por los pasos de gigante que dió este planeta en cuanto al desarrollo de los sonidos electrónicos y de la cultura de club. Inglaterra, Alemania, Estados Unidos acaparaban los mandos de unos hornos que no paraban de cocinar y proponernos locuras… Mientras, en España, comenzó a llevarse a cabo una especie de “revolución silenciosa” encabezada por grandes DJ como Ángel Molina, Oscar Mulero, Cristian Varela… o precursores del ritmo roto por mi tierra sureña como Ale Baquero o Jordi Slate. Algunos de ellos con estupendas virtudes también cuando se encerraban en el estudio a producir (HD Substance, Álex Martín, Prozack).
Dicho esto, Madelman (José Luis Rebollo) ocupa un lugar excepcional en la historia y desarrollo de dicha escena electrónica española. Lejos de las tendencias dominantes de mediados de los noventa, el bilbaíno imaginó una música que miraba tanto al techno y al electro como al celuloide, la ciencia ficción y la escucha doméstica. El resultado fue “Palais” (Cosmos, 1996) una obra personal y ambiciosa que acabaría convirtiéndose en una referencia de culto.
Hiciste las cuentas, ¿verdad? Eso es, acaba de cumplirse el 30º aniversario de uno de los primeros álbumes de nuestro Estado en reivindicar el formato largo como una experiencia narrativa. Sus paisajes sintéticos, sus melodías evocadoras y su refinada producción -sin necesidad de innovar en tecnologías- lo situaron en un territorio propio, más cercano a la tradición de Orbital, The Orb, LFO, Yellow Magic Orchestra o incluso Kraftwerk que a la lógica inmediata de la pista de baile. Temarracos como “Sport Shoes” o “Eurovisible” nos emparentaron definitivamente con el resto de Europa, posteriormente nos convirtieron en una lucecilla ante la que inclinarse para el resto del mundo. Quedó probada nuestra inquietud por el techno, el kraut, el electro y demás lindeces exploratorias. Y repito, no en singles. recopilatas o 12”, sino todo muy bien encajado, contado, dentro de un mismo LP.
“Lo inesperado fue descubrir la recepción que tuvo mi música cuando toqué en directo en el festival Sónar de 1995 y comprobé el valor de lo que yo hacía en casa, en Bilbao…”
Ahora, coincidiendo con ese 30º aniversario, desde Cosmos, Austrohúngaro, y por supuesto el mismo Madelman, nos invitan a redescubrir un disco que el tiempo ha tratado con extraordinaria generosidad. Lo que en su día fue una joya discreta aparece hoy como una de las obras visionarias de la electrónica española de los noventa.
Ah, antes de sonsacarle unas cuantas confesiones al propio autor, no se me puede olvidar que la edición revisada a partir de los materiales originales con motivo del aniversario lleva por título “IDEM PALAIS” (Cosmos / Austrohúngaro, 2026) convirtiéndose en la primera vez que esta obra de culto sale en vinilo.
Madelman no es un nombre tan mediático como otros de su generación, pero precisamente por eso explorar su percepción más personal nos lleva a conocer cómo de importante fue para él abrir la mente a explorar. “Cuando llegué a la Facultad de Bellas Artes ya llevaba tiempo experimentando con el sonido. Trabajaba desde una perspectiva ruidista y experimental, utilizando radios desmontadas, un sintetizador monofónico e instrumentos inventados por mí”. Fue en ese contexto donde conoció a Juan Flahn, “con quien compartía una visión muy desenfadada del mundo del pop. Nos divertíamos inventando grupos imaginarios y hablando de ellos como si existieran. Aquella complicidad dio lugar a un equipo de trabajo con el que realizábamos música, cómics, vídeos que a menudo presentábamos como trabajos de clase”.
Años sin duda para estudiar los tentáculos del arte y para la inmersión total. Y así continuó hasta que salió publicado “Palais” el cual logró un impacto tan ¿inesperado como, en el fondo, deseado? “Lo inesperado fue descubrir la recepción que tuvo mi música cuando toqué en directo en el festival Sónar de 1995 y comprobé el valor de lo que yo hacía en casa, en Bilbao… Entré en contacto con Cosmos Records, conocí a Alaska, a Nacho Canut y a muchos artistas, y empecé a entender que aquello que estaba desarrollando de forma bastante aislada tenía espacio y sentido dentro de una escena electrónica y dance que estaba empezando a tomar forma”. Um, no lo mencioné al principio, pero según pronuncia estos nombres me vino a la testa otro productor, el madrileño -con permiso de París- Big Toxic.
Precisamente en Madrid telonea al Aviador Dro, participa en varios recopilatorios y por fin, le llega en firme la propuesta desde Cosmos para grabar y estrenarse con un álbum. Por lo que nos cuenta, las ideas claras desde el primer momento, ¡incluso con esa ya icónica portada! “Tenía muy avanzado tanto el planteamiento sonoro como el visual del proyecto: la imagen minimalista de la pista de atletismo de la portada, unas secuencias muy trabajadas y un repertorio que funcionaba bien tanto en disco como en directo. Más que una sorpresa, fue una cuestión de sincronía”.
Y aunque el entonces muchacho creció con canciones de los años setenta y ochenta (música ligera, disco, pop) “siempre sentí la necesidad de buscar algo más experimental. Me atraía especialmente la música electrónica, la idea de personas independientes creando universos sonoros con sus máquinas. Ahí figuras como Laurie Anderson fueron fundamentales para mí. Siempre me ha fascinado el descubrimiento de sonidos nuevos, de timbres capaces de aparecer durante un segundo y capturar toda tu atención”.
Alabo ese interés por los que son capaces de proponer sonidos nuevos, en vez de sentirse seguros y acomodarse en lo familiar. “Por eso grupos como Visage, Propaganda o LFO tuvieron tanto impacto en mí. Para mí, hacer música consiste en relacionar sonidos. Colocas uno junto a otro y es inevitable que empiecen a dialogar entre sí. Cuando eso ocurre, cuando un sonido realmente funciona y encuentra su lugar junto a los demás, se produce algo parecido a una emulsión perfecta: pequeñas unidades independientes que, de repente, forman algo nuevo y coherente”.
Aunque algunos pensaran lo contrario (yo incluido) “realmente nunca aparqué Madelman... Lo que hice fue dejar de actuar para concentrarme en el desarrollo y la grabación de nuevo repertorio. El problema es que el proceso se fue alargando, aparecieron otros proyectos y poco a poco mi actividad fue desplazándose hacia otros ámbitos… Durante esos años seguí firmando remezclas para artistas como Fangoria, Astrud, Enrique Bunbury o Carlos Berlanga, y más tarde, trabajando en la composición musical para instalaciones y proyectos de artistas como Txomin Badiola, Dora García o, más recientemente, Manu Arregui”.
Finalmente, y tras descubrir la cercanía de su charla, cómo recibirá ahora, en pleno 2026, la salida de “IDEAM PALAIS”. “Supone una nueva mirada sobre un material que sigue teniendo sentido para mí. Tenía la necesidad de volver a esas grabaciones, revisarlas y plantear una nueva masterización que incorpora tomas y versiones alternativas que habían quedado fuera de la edición original”. Una idea que se generó en verano de 2015 y que empezó a desarrollar en 2016. Pero lo que pasa muchas veces, “por diferentes razones el proyecto fue aplazándose una y otra vez”.
Palabra de Madelman: “Es un disco muy especial para mí porque refleja una forma de trabajar que hoy resulta difícil de imaginar. Comparado con los métodos actuales de producción, era un proceso extremadamente laborioso. Gran parte del trabajo consistía en optimizar recursos constantemente. El álbum fue realizado con una estación de trabajo que disponía de apenas dos megabytes para secuencias y muestras, una capacidad muy limitada incluso para los estándares de aquella época. Eso obligaba a tomar decisiones continuamente, ahorrar datos lo que convertía la producción en un proceso artesanal”.
Una maravilla, y lo digo mientras suena de fondo uno de mis cortes favoritos: “Sport Shoes”. Y ostras, coincidimos en esta idea: “Es probablemente la versión del tema que más me gusta de todas las que han existido. Tiene algo que la versión de Palais había perdido por el camino: una cierta cualidad de balada electrónica, más contenida y melancólica, que conecta directamente con la idea original de la canción”.
Cuando la electrónica y las buenas intenciones se convierten en una especie de religión. Amén, y poco más que añadir.

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