Es momento de revisar nuestra Historia reciente. No está del todo claro si por la urgente necesidad de aprender de nuestros errores o por ese imparable movimiento pendular que lleva a derrumbar lo que ayer ensalzábamos antes que la tendencia vuelva a revertirse, una y otra vez, haciendo carburar la máquina trituradora hasta el infinito. En cualquier caso no es sospechoso José Luis Moreno-Ruiz de dejarse arrastrar por la marea; lo suyo siempre ha sido liarse en un pim-pam-pum (las más de las veces) dialéctic0 que con los años le ha granjeado tantos enemigos como admiradores. El autor de “Ángeles en mis cojones” vuelve a hacerlo con una sardónica crónica de la Movida, definitivamente ajena de la Historia oficial: “La Movida modernosa” (La Felguera, 2016).


Vivimos tiempos en que se ha pasado de la loa constante a la post-Transición a una revisión severa de aquellos años. En la cosa cultural ahí está el movimiento de crítica a la CT (Cultura de la Transición) que hace unos años cristalizó en un libro, o los ensayos sobre determinados discos de la época dentro de la colección Cara B de Lengua de Trapo. ¿Nada “La Movida modernosa”  a favor de corriente? ¿Por qué se publica ahora esta vista atrás a los 80?
Mi libro ha salido ahora, ya que antes no encontré quien lo publicara íntegro, sin quitarme nada. De los libros críticos con la famosa Transición me parece muy notable “La Transición sangrienta”, de Mariano Sánchez Soler, y de la cosa aquella de la Movida sólo he podido acabar un libro, el de Juan Carlos de la Iglesia, titulado “Ángeles de neón”. No conozco, pues, la corriente, así que no sé si mi libro va o no a favor de ella. Tampoco conozco la colección Cara B de Lengua de Trapo. En los últimos tiempos he leído mucho a Etgar Keret, Shalom Auslander, György Faludy, Angel Wagenstein, Robert Crumb, Eduardo Halfon, Mircea Carterescu, Juan-Eduardo Cirlot (su novela “Nebiros”, que permanecía inédita) y a otros que he traducido, cuyos libros aparecerán en breve, tales como Alice Denham, Joseph MacCabe y Maurice L. Ettinghausen. Entre los trabajos alimenticios y lo que me gusta, me queda poco tiempo para interesarme por otras historietas y además hay que ir al gimnasio, divertirse, etcétera…

En “La Movida modernosa” describes aquellos años como una fiesta con barra libre pagada por el gobierno del PSOE. ¿Qué diferenciaba la actitud de los grandes nombres de la Movida de la tuya y tu entorno que, tal y como describes en el libro, en esencia os aprovechabais de vuestros puestos en RTVE para follar y beber gratis?
No nos aprovechábamos de nuestros puestos en RNE, si es que a eso que teníamos se le puede llamar un puesto. Yo, por ejemplo, era un “puto colaborador”, como nos decían los fijos de la casa. Estuve diez años cobrando por obra; me deslomaba después de los programas haciendo colaboraciones para la prensa y traduciendo libros; eso sí, al menos había más trabajo que ahora. Fue un alivio entrar en Interviú cuando me echaron de la radio. Ingresé en Interviú cobrando más del doble de lo que me pagaban en RNE y en poco tiempo me hicieron jefe de edición. Hacíamos programas de mucho éxito, todo el mundillo aquel quería ir a la radio, nos invitaban a fiestas, y ya que tienes que salir de casa para oír y ver chuminadas a tutiplén, pues si se te pone a tiro una chirli que te gusta, te la follas y punto. Alguna incluso era maja y podías salir y charlar con ella, que como cantaba Javier Krahe, no todo va a ser follar… A mí nadie me ha subvencionado nada, jamás. Por el contrario, aún sufro vetos que empezaron cuando publiqué un opúsculo titulado “Chochito periodista”. Cuando fui a juicio para reclamar la fijeza, el Ente Impúdico RTVE alegó que yo no era un trabajador de la casa, que mi contrato era de artista, hay que joderse. Perdí y me despidieron, naturalmente.

“Los sociatas que estaban en la dirección de Radio 3 nos obligaban a llevar a modernosos a todo pasto”

¿Qué es lo que salvarías de lo que surgió durante los años de la Movida?
La gente que hacía cosas valiosas ya estaba antes y siguió después. De aquel entonces salvo la risa que nos daba todo aquello. Cuando hacíamos “Tiempos modernos” en Radio 3, algunos del programa teníamos cada día la sensación de recibir a unos cuantos payasos, y ya puestos, ya que no quedaba más remedio que tenerlos allí, nos lo tomábamos a chacota. Los muy gilipollas ni se enteraban, se iban contentísimos. Era el peaje que nos exigían los sociatas de la dirección de la emisora, que  nos obligaban a llevar modernosos a todo pasto. Al margen, o a cambio de eso, conseguíamos también hacer cosas realmente buenas, como nunca se habían hecho en la radio española y como no se han hecho después. Ya cuando empezó mi programa “Rosa de sanatorio”, en enero de 1987, lo de la Movida, como concepto, se había ido a tomar por retabufa; quedaban bien situados, eso sí, los mercachifles de aquella cosa.

A lo largo del libro eres especialmente duro con Bernardo Bonezzi. Tengo curiosidad por saber si algo ocurrió entre vosotros, si la animadversión era mutua o a qué se debe ese concepto tan negativo de alguien que a la postre tampoco ha sido uno de los nombres más mediáticos de la Movida (desde luego no al nivel de un Almodóvar o de grupos como Radio Futura, Mecano, etc) y hasta falleció un poco en el olvido.
Nunca hablé con Bonezzi ni tuve la menor polémica con él. Lo cito a propósito de un guasa que le hizo Fernando Poblet, y que el propio Bonezzi, que aún estaba en el estudio después de que lo entrevistara Manolo Ferreras, se tomó con buen humor, y lo cito en palabras de Juan Carlos de la Iglesia en su libro “Ángeles de neón”, cuando dice que Alaska y Almodóvar fueron a “La Luna de Madrid” a pedir que lo echaran por haber escrito que un disco de Bonezzi se parecía mucho a uno de Tino Casal. Yo, la verdad sea dicha, por suerte no tenía que tratar con los musiqueros en “Tiempos Modernos”. Mis funciones en el programa eran otras. Llegué a la radio después de entrevistar, entre otros, a Borges, a Bioy Casares, a Cunqueiro, a Perucho, a Caro Baroja, a Monterroso (al que volvería a entrevistar años después para Interviú), así que imagínate, como para dedicar mi atención a un chaval que hacía canciones de niñas de colegio de monjas a las que se les hace el culo pepsicola cuando estudian geografía. Lo digo por aquella canción, “Groenlandia”, que era graciosa, muy colegial.

En el libro describes una RTVE atenazada por la censura. Teniendo en cuenta que los trabajadores de la casa teníais una procedencia e ideología bastante heterogénea, ¿por qué nunca se llegó a producir un motín que cambiara la cara del ente o, cuanto menos, de Radio 3? De hecho muchos años después Federico Volpini, uno de los profesionales que  salvas de la quema, llegó a ser Director de la cadena…
Yo no creo que la procedencia fuera tan heterogénea; había muchos fachas y muchos sociatas, poco más, y esos fachas y esos sociatas acabaron llevándose muy bien; y repito que algunos no éramos trabajadores de la casa; éramos contratados por obra a los que incluso los sindicatos UGT y CCOO despreciaban, les importaba un carajo nuestra situación y sólo nos llamaban para que nos uniésemos a sus huelgas reivindicativas de dineros, cuando los más débiles laboralmente hablando éramos nosotros. Por lo demás, la censura en la casa era cosa asumida de toda la vida, a nadie extrañaba la nueva censura de los felipistas/guerristas después de tantos años de censura franquista; cuando te quejabas de ello en conversación con algún fijo de la casa, se echaba a reír… Volpini llegó a dirigir Radio 3 porque a alguien se le ocurrió que ya estaba bien de chanchullos, especialmente por parte de algún musiquero corrupto, y era preciso introducir un poco de honestidad en la emisora, e introducir de paso un poco de talento. Por eso duró tan poco. Volpini es un tipo discreto y apenas habla de aquello, pero en el mundo del periodismo se sabe que cada vez que entraba en la emisora le llovían las puñaladas por la espalda.

Me interesa mucho como ex trabajador de la casa que des tu opinión sobre la deriva de Radio 3, tu análisis de lo que es y de lo que en tu opinión debería ser la cadena.
No oigo Radio 3, así que no puedo opinar. Sí digo que, a pesar de todo, programas como los que hicimos entonces sólo son concebibles en una emisora pública, incluso a pesar de la censura política. Ahora oigo un poco por las mañanas la SER para descojonarme con las pedorrillas esas, la Gemma Nierga y la Pepa Bueno, y su panda de opinadores.

“Cuando los teatreros, los músicos y los del cine hablan de lo suyo se olvidan  de los escritores, que en España siempre hemos ido como puta por rastrojo”

En el libro pasas un par de veces de puntillas por lo que vino a continuación, tal y como tú mismo lo calificas, “el indie”. ¿Cuál es tu opinión del camino que tomó la cultura pop en los noventa e incluso en los dos miles y cómo lo conectas con lo que ocurrió en la post-transición? Esos años, que curiosamente sí están pendientes de revisión, ¿darían también para un libro en la línea de “La Movida modernosa”?
Lo del indie me pilló en otros menesteres, por fortuna alejados de la radio. En esos años yo estaba en Interviú haciendo periodismo de verdad, tanto serio como frívolo, pero de verdad. No tengo ni idea de lo de la cultura pop. Lo comprenderás si echas un vistazo a los autores que he traducido y que sigo traduciendo, y eso que también he traducido mucho pulp. Por ejemplo, de música, ahora cuando trabajo me pongo las grabaciones de Glenn Gould, o a Barbara Hannigan, que para mí es la mejor soprano del mundo y una gran directora de orquesta; una mujer bellísima, además, que puede cantar mientras dirige la orquesta y salir en bragas y sujetador para interpretar la ópera “Lulu”, de Alban Berg, uno de mis músicos más queridos… Montserrat Caballé no hubiese podido hacer eso.

Pongamos que el Gobierno de turno lee el libro, sufre de síndrome de Estocolmo y convierte a José Luis Moreno-Ruiz en Ministro de Cultura. ¿Cuáles son las líneas maestras para una digna recuperación de la cosa cultural en España hoy?
¡Ja, ja, ja! No creo… Mi libro da palos a los sociatas fraudulentos,  pero los fachas del PP tampoco se van de rositas… No tengo ni idea de cómo recuperar la cosa cultural, si es que hay que recuperar algo, porque me parece que cuando los teatreros, los músicos y los del cine, por ejemplo, hablan de lo suyo, y se instituyen en vanguardia reivindicativa de la cosa cultural, si bien siempre por ver qué pela pillan, se olvidan  de los escritores, que en España siempre hemos ido como puta por rastrojo. ¿Ministro yo? Allá por 1978, cuando las primeras elecciones, un muchacho que estaba loco y se decía próximo presidente de la III República Española, incluso se había hecho tarjetas de visita con eso, estaba formando Gobierno en el Café Comercial y a mí me dio la cartera de Interior, “para que acabes con los fascistas”, me dijo con mucha solemnidad. Eso hubiera estado mejor. Por cierto, aquel buen tipo, un loco muy buena gente, un bendito, murió atropellado por un coche hace años. Me dijeron que estaba toreando a los coches con su abrigo en mitad de la calzada.

Por último, ¿es posible ser punk, ser fiel a ese espíritu, en 2016?
No tengo ni idea… Yo no fui punk, como no había sido hippy. Es más, me fui de la CNT en 1979, cuando empezaron a entrar ahí lúmpenes y punkies, un verdadero peligro: fáciles de infiltrar por la policía, como sucede ahora con los okupas. Bueno, también es verdad que me harté del integrismo de los ácratas, que a menudo son como chicos de parroquia de barrio alentados por algún cura esquizoide… Eso sí, me hacía gracia aquella canción de Siniestro Total que decía “más vale ser punki que maricón de playa”.