Sparks: Cuando el cabaret se hizo pop
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Sparks: Cuando el cabaret se hizo pop

Marcos Gendre — 28-05-2018
Fotógrafo — Archivo Sparks

Angelinos anglófilos de pro, desde que arrancaron a finales de los sesenta como Halfnelson rindiendo odio eterno a la escena folk angelina de su ciudad natal, los hermanos Mael plantaron su primera semilla en una travesía encaminada hacia la autoexclusión de toda rama predominante que les tocara vivir. Nigromantes de lo extremo y estetas de lo anti-cool, la actuación de Sparks en el Primavera Sound de este año promete ser una de las últimas oportunidades de encontrarse con dos tipos tan singulares como candidatos a ser reconocidos como reyes del cabaret pop del que tanto han mamado alumnos de todas las clases. Pulp, Franz Ferdinand, Sonic Youth, Erasure, Faith No More, Joy Division… ¿Suficiente, o no? Podrás verles en el Primavera Sound presentando su último disco, “Hippopotamus” (BMG, 17), en el escenario Primavera With Apple Music, el jueves 31 de mayo.

“Kimono My House” (1974)
El primer clásico

Tras publicar “A Woofer In Tweeter’s Clothing” (1972) su primer largo bajo el nombre de Sparks, los hermanos Mael prescinden del formato banda al uso de los grupos glam, y se convierten en un dúo con músicos de acompañamiento. En plena decadencia de la era glam, ellos se destapan con “Kimono My House” (1974), una obra maestra a la altura de los momentos más granados de Ziggy Stardust y T. Rex. Desde “This Town Ain’t Big Enough For Both Of Us” a “Equator”, se dan un festín de ironía al cubo, condensado entre odas al pop exaltado, barroco pero también arty. Hasta Thurston Moore dejó bien clara su devoción por esta bendita anomalía: “Al igual que Kim, adoro a Sparks como personas, pero no puedo pinchar este disco en casa. La vuelve loca, y también vuelve loca a Koko [la hija de Kim y Thurston]. Es uno de los cinco mejores discos de la historia. Jim O’Rourke y yo compartimos nuestro amor por esta época de Sparks”.

“Propaganda” (1974)
El año de la gloria

Cuando aún estaban publicando singles de “Kimono My House”, tiran de inercia y se marcan otro clásico de aúpa. La sucesión de estampas es delirante. Ron Mael está sembrado. La voz de su hermano, Russell, siempre llega al límite de la pomposidad teatral. Como en la escalada impetuosa de “Never Turn Your Back On Mother Earth”, que regrabarían en gozoso baño de orquesta y coros junto a Tony Visconti en 1997.
En cortes como “Something For The Girl With Everything” o “Achoo”, se postulan como sumos artistas en traducir las letras más ácidas en generosidad pop. ¿Quién si no ellos podrían convertir un estornudo fingido en un glorioso estribillo de opereta pop? No es extraño que Morrissey les adorase desde la primera vez que los escuchó. “No hay categoría para esta locura, excepto la categoría de locura, y Sparks sólo decepcionan por su nombre. A los catorce años, quería vivir con estas personas, para estar -¡al fin!- en compañía de criaturas de mi propia especie”.

“Indiscreet” (1975)
La racha continúa

Según el periodista Simon Reynolds: “Después de que el gran momento del glam había pasado, los grupos más jóvenes se volvieron más agresivos, desesperados y, en algunos casos, mucho más extraños. Ahí estaban los mega-éxitosos Queen y los maravillosos Sparks, liderados por los hermanos Mael, nacidos en Los Ángeles. Uno lucía un bigote de Hitler, el otro cantaba como un castrati. Sus canciones eran catedrales para extrañas bromas privadas”. En esta descripción final queda establecida la naturaleza de “Indiscreet”, el disco con el que cerraron la trilogía más reluciente de mediados de los setenta. Entre la mordacidad del comentario de alcoba y el chiste de ventrílocuo, las melodías desfilan bajo el tapizado grandilocuente de Tony Visconti. La sucesión es tan modélica como delirante. Tal cúmulo de vena Monty Python volvió a pasar factura en su intento por alcanzar el techo de las listas británicas. Eso sí, en pleno auge del soft-rock demostraron su adopción del desprendimiento british, alcanzando el puesto dieciocho de las listas inglesas, mientras que en Estados Unidos no pasaban del ciento sesenta y nueve.

El director de cine Leos Carax acabó usando “How Are You Getting Home?” para “Holy Motors”. Un guiño sin desperdicio que ellos devolvieron en su último disco.

“No. 1 In Heaven” (1979)
Reinvención synth

Después de sentirse fuera de lugar durnate los años punk y post-punk, se alían con Giorgio Moroder para encontrar una nueva vía expresiva. A su lado, dejaron dos discos para el redescubrimiento: los premonitorios “No. 1 In Heaven” (1979) y “Terminal Jive” (1980). No en vano, un corte como “The Number One Song In Heaven” contiene varias fases en las que se pueden advertir lo que años después se convirtió en revolución house. Lo alucinante del caso es que dicho single data de 1979… Pero esta no es la única carta marcada por las visiones del futuro. “Beat The Clock”, “When I’m With You”, “Young Girls”, entre ambos trabajos Moroder encontró el recipiente pop más alucinógeno para su pulso disco. Por su parte, Stephen Morris, el batería de Joy Division, llegaría a reconocer que “cuando estábamos haciendo ‘Love Will Tear Us Apart’, había dos discos en los que estábamos metidos: ‘Greatest Hits’ de Frank Sinatra y ‘Number One Song In Heaven’ de Sparks. Ahí fue cuando comenzamos a interesarnos por Giorgio Moroder”.

Travesía en el desierto

El final de la colaboración con Giorgio Moroder propició un indigesto retorno a la materia rock. Por primera vez, comenzaron a sonar más americanos. Los años ochenta desterraron a los hermanos Mael al ostracismo. Tal derroche de personalidad a contracorriente no encontró el filtro por ninguna vía. ¿Nuevos románticos o AOR? No, el exilio de las listas fue su destino, aunque durante el mismo tuvieron el arrojo suficiente para ofrecer discos tan reivindicables como “Angst In My Pants” (1982) y recrudecer la faceta más grotesca de un Ron Mael que se rapó el bigote y se lo pintó como Groucho Marx. David Lynch les llegó a dirigir el vídeo de “I Predict”, en el que Ron aparece mostrando sus ¿encantos? cabareteros en una escena digna de John Waters. Y es en la conexión con el cine del director de Baltimore donde podemos encontrar otro paralelismo muy representativo de dos hermanos que estaban dando una master class sobre cómo suicidarse comercialmente.

“Gratuitous Sax & Senseless Violins” (1994)
¿Quién dijo britpop?

Tras un lustro de silencio, regresan al estudio para volver a dar otro golpe drástico de timón. El resultado, “Gratuitous Sax & Senseless Violins”, es un retorno a la materia synth que evidenciaba la alergia que, en aquellos años britpop, pillaron David Bowie y demás referentes glam ante el descarado revival de Blur, Suede y compañía.

Por medio de singles como “When Do I Get To Sing ‘My Way’” y (When I Kiss You) I Hear Charlie Parker Playing” consiguen llamar la atención del publico alemán. Asimismo, comienzan a hilvanar un mega croquis de la cultura popular del siglo XX que llegará hasta nuestros días. Referencias a Frank Sinatra o Charlie Parker no son más que el comienzo de un curioso repaso histórico bajo un estrabismo acentuado en su óptica. Como siempre han demostrado, su facilidad para ensamblar hits no está reñida con un enfoque perversamente erudito de las letras. En esta ocasión beben del eurodisco y la deriva dance para fumigar las discotecas de sonrisas torcidas.

“Plagiarism” (1997)
De Erasure a Faith No More

Los últimos días del britpop coincidieron con un apogeo inesperado entre los devotos a su causa contra la mediocridad iniciada tres décadas atrás. Para celebrarlo, en vez de publicar el correspondiente greatest hits, se dejan llevar por los cauces de su naturaleza, y publican un trabajo donde reinterpretan algunos de los momentos más brillantes de su trayectoria. El efecto de extremos y contrarios queda ejemplificado desde la misma lista de invitados citados para la ocasión. Del histrionismo teatral de Faith No More a la brillante ampulosidad synth de Erasure, queda perfilada la ambivalencia de Sparks. En el caso de Erasure, ¿no sería fácil imaginar a Sparks cantando “Always” y a Erasure “When Do I Get To Sing My Way”?

En una charla con nuestro redactor Adriano Mazzeo, Roddy Bottum y Billy Gould de Faith No More nos descubren su relación con los Mael.
(Roddy) “Me encantaban ambos hermanos, sobre todo Ron. Creo que me asustaba. Billy y yo nos compramos sus discos en una tienda local y nos metimos mucho en su música. Mi disco favorito es ‘Indiscreet’, que me marcó mucho, aunque lo cierto es que me gusta todo lo que han hecho. Más tarde nos los presentó Steve Blush, les había entrevistado y les dijo que éramos fans suyos. Nos conocimos en un centro ecuestre para chicas, bebimos té juntos, vimos a las chicas montar a caballo en la pista y hablamos sobre nuestras respectivas bandas”.

(Billy) “Roddy y yo llevamos toda la vida siendo fans de Sparks. Robby se acercó a mi casa con algunos discos suyos que teníamos que escuchar. Eso fue cuando teníamos unos once o doce años. Y sentimos una conexión muy fuerte con su música. Muchos años después coincidimos en el mismo hotel en Munich y les preguntamos si podíamos conocernos y tomar un té juntos. Fue increíble (para nosotros, claro está –risas-). No lo recuerdo muy bien, pero creo que les dijimos algo como “Si alguna vez queréis trabajar en algún proyecto con nosotros, hacédnoslo saber”. Y unas semanas más tarde nos escribieron para decirnos que estaban preparando un disco especial para el que querían regrabar algunas canciones antiguas. ¡Por supuesto les dijimos que sí!”.

FFS
Compartiendo pupitre

¿No es acaso “Take Me Out” la canción más Sparks que se ha hecho en el siglo XXI? A pesar de que Franz Ferdinand alcanzaron su punto álgido descontextualizando la materia Sparks con artes neo-post-punk, les honra el hecho de haberse servido de su popularidad para reivindicar lo que los hermanos Mael hicieron por la rama inteligente del pop. FFS fue la respuesta a esta devoción, que, de manera muy representativa, marcó el retorno de Franz Ferdinand a la inspiración de la única manera posible: compartiendo pupitre junto a sus maestros, los hermanos Mael.

“Cuando alguien que ha hecho música que aprecias se da la vuelta y aprecia algo que has hecho… hace que tu mundo se derrumbe de alguna manera”, comenta Alex Kapranos. “Has construido todos tus puntos de referencia sobre ellos, estando allí desde esa distancia inalcanzable, donde los personajes míticos crean esos discos que están apilados contra la pared de tu piso en Gray Street, cuando Finnieston era todavía un páramo pre-hipster, abandonado y olvidado”.

“Hippopotamus” (2017)
De liftings y pócimas secretas

Después de medio siglo de actividad, su reciente disco se yergue como su trabajo más caleidoscópico hasta la fecha. Después de haberse lanzado a experimentos tan sugerentes como “Lil’ Beethoven” (2002) y “The Seduction Of Ingmar Bergman” (2009), el empujón de FFS les ha hecho retomar su don para hacer del festín pop un guión de comedia absurda costumbrista. Por el camino, caen nuevos bombones envenenados que ya lo expresan todo desde su título: “When You’re A French Director”, “The Amazin Mr. Repeat”, “Scandinavian Design”. No hay respiro en esta gran ronda del pop. Del majestuoso synth-barroco en “Edith Piaf (Said It Better Than Me)” a una excentricidad como la titular del disco. El surtidor está rebosante de ideas, y parece que para estos tipos el lifting no es más que una reversión digna del caso más curioso de Benjamin Button.

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