Entrevista con David Casademunt, director de la película 'El Páramo'
Especiales / David Casademunt

Entrevista con David Casademunt, director de la película 'El Páramo'

Fran González Aparicio — 11-01-2022
Empresa — Netflix
Fotógrafo — Lander Larranaga

Lograr que el día después de su estreno tu obra prima –“El páramo”– se convierta en la segunda película más vista dentro de una plataforma como Netflix es una proeza al alcance de muy pocos.

David Casademunt (Barcelona, 1984) es un cineasta de los que exudan pasión por el séptimo arte en todos y cada uno de los detalles de su producción, y quien junto a Martí Lucas y Fran Menchón ha logrado conducir a término un eterno y personal proyecto que llevaba más de siete años gestándose.



“El páramo” no solo es el primer largometraje de este director, formado e instruido en las entrañas de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña y galardonado en numerosas ocasiones por sus trabajos previos en el campo del documental y el cortometraje; sino que su propuesta se postula desde ya como una de las cintas más interesantes del imaginario fantástico nacional reciente. Aunque ver a la bestia pueda habernos erizado el vello de la nuca, es su propio artífice quien ya nos advierte de que no le convence del todo catalogar la película dentro de un único género: “Para mí ‘El páramo’ es un híbrido entre varios géneros. De cara a la galería tenemos que catalogarlo como un film de terror, pero hay muchas lecturas dentro de la propia historia. Hay drama, hay thriller psicológico, hay tintes históricos, hay incluso trazas de una coming of age movie…”. Sin embargo, y a pesar de las múltiples lecturas que podamos sacarle a sus noventa minutos de duración, ni la metafísica ni el intelectualismo nos librarán de algún que otro episodio de sorpresivo espanto, tal y como versan las influencias del director. “A fin de cuentas, el cine de terror está ahí, en mi infancia, en las películas que mi padre me ponía y que luego me impedían conciliar el sueño, obligándome a acabar durmiendo con ellos. ‘El exorcista’ aún supone un trauma para mí, por ejemplo. Y a día de hoy, si veo tan solo un plano de esa película es muy probable que esa noche no duerma”.

Aún así, tanto el propio Casademunt como el espectador medio que llegue a “El páramo” en este recién estrenado 2022 será capaz de divisar terrores invisibles y angustias familiares que a día de hoy puedan ser perfectamente plausibles y reconocibles. La idea original sobre la que el largometraje se sustenta fue concebida en un ya lejano 2014, cuando hablar de pandemias mundiales, mascarillas y virus que mutan hubiera sido inverosímil y descabellado de todo punto. No obstante, y como si de una amarga paradoja se tratase, las bases de esa estructura que el cineasta catalán comenzó a cimentar en un verano de una ya remota antigua normalidad acaban viendo su forma final en un incierto presente donde relatar ciertos paralelismos parece un camino razonable. “Comenzamos a rodar la película cuando estábamos en plena tercera ola, alrededor de marzo del pasado año. Fue bastante extraño vernos envueltos en esta casualidad casi mística, donde narrábamos un intenso relato sobre el aislamiento y la soledad mientras estábamos viviendo una realidad pareja. Más allá de la tragedia en sí, pienso que tanto para mí, que diseñé los primeros storyboards del film durante el confinamiento, como para los actores y el resto del equipo, éste fue un contexto provechoso que sirvió para que todos nos creyéramos el mensaje y lo lográsemos transmitir de la mejor manera posible”.



Con todo, la realidad que el barcelonés nos presenta, con esa Lucía (Inma Cuesta) ejemplificando la pérdida progresiva del juicio, ese Salvador (Roberto Álamo) atormentado por un pasado muy presente, y un joven Diego (Asier Flores) obligado a atajar las riendas de un hogar que se desquebraja por instantes, es una historia que se fragua en la extenuante labor de combatir y lidiar nuestros propios monstruos más profundos. Algo en lo que a lo largo de los años el director parece haber desarrollado a través de esa amarga pedagogía que solo nuestras bestias particulares son capaces de otorgarnos. “Estoy inevitablemente representado en el salto madurativo que el personaje de Diego experimenta. Hay ciertos episodios personales en los que tuve que madurar de forma abrupta y coger el toro por los cuernos ante una situación traumática y sin más remedio. Cuando tenía quince años mi padre enfermó de cáncer. Tras degradarse mental y físicamente, y finalmente abandonarnos, comencé a desarrollar ese paso de niño a adulto y mi necesidad particular por saber gestionar todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor. Así que a título personal se podría decir que llevo media vida viendo a ‘la bestia’ e intentando darle la espalda. Y a fin de cuentas, ése es uno de los mensajes que ‘El páramo’ busca transmitir: cómo el momento en el nos encontramos condiciona la manera en la que esa bestia personal logra manifestarse ante nosotros”.

“El páramo” comienza a moverse en el circuito cinematográfico en 2015, cuando de aquellas aún se llamaba “La bestia” y cuyo título se nos hace saber que simplemente ha sido cambiado por razones de “comodidad administrativa”. “El guión fue premiado por un taller de desarrollo creativo e invertimos lo ganado en poder rodar una escena que sirviera como carta de presentación de la idea formal. Nos gustó cómo quedó y lo acabamos registrando como un cortometraje, que de hecho movimos por algunos festivales y nos permitió ganar una cierta visibilidad”. Como si de una estrategia de venta se tratase, el cortometraje de “La bestia” pasó de desfilar en festivales de cine a acabar conquistado nada más y nada menos que los intereses de uno de los gigantes de las plataformas de streaming por excelencia. “Soy consciente de la suerte que tengo de que tanto Netflix como Rodar y Rodar entendieran desde el principio que para que un proyecto como éste luciera apropiadamente, era necesario disponer de recursos sustanciales. No todos los directores noveles pueden presumir de que su primera película cuente con un despliegue de medios como ‘El páramo’, y por ello me siento increíblemente afortunado”.



La fortuna no solo mira de cara a Casademunt en lo estructural, donde ese enclave casi de cuento, en el que a través de una fotografía decimonónica (Isaac Vila), un austero pero magnético entorno situado en la localidad de Blancas (Teruel) y unos claroscuros que parecen sacados de las mismísimas pinturas negras de Goya nos revelan el devenir de una familia alejada de los pesares de una España hostil y tenebrosa; sino que además el realizador neófito ha logrado enrolar en su hazaña profesional a un elenco reducido pero arrebatadoramente especial. “Me fascinaba presenciar cómo Inma y Roberto se creían tanto sus personajes y ofrecían matices a la narración que llegaban a ser novedosos hasta para mí, que llevaba años con esta historia a cuestas. Era enormemente emocionante verles y ser partícipe de sus dotes interpretativas. Recuerdo estar con ellos en una sala de ensayo gélida y fría, en Madrid, y tras dar paso a una pequeña escena de improvisación, llegar a presenciar cómo sus miradas cambiaban radicalmente en medio segundo y en esa habitación ya no estaban ni Inma ni Roberto, sino Lucía y Salvador. No sé, todo lo que ellos son capaces de hacer es tan de verdad…”. Pero no solo de intérpretes con solera logra Casademunt rodearse para llevar a término esta alegórica historia de luces y sombras, pues incuestionablemente también somos partícipes de una sorpresiva y encomiable participación por parte de Asier Flores (“Dolor y gloria”, “Érase una vez en Euskadi”), quien a sus once años es capaz de cargar sobre sus hombros con un protagonismo pleno y cautivador:. “Asier representa la pureza total en esta historia. Fue una apuesta muy grande y me alegra muchísimo comprobar que todo el mundo está destacando positivamente su participación casi por encima de cualquier otro aspecto del film. Fue un rodaje duro para todos, pero a pesar de ello él respondió como un auténtico profesional. Sus dotes a la hora de saber escuchar nos fascinaron a todos. Y hasta el mismo Roberto Álamo lo dijo: ‘este chico tiene un gran futuro por delante’”.

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