Tengo clarísimo que habrá quien no se quiera acercar a este libro ni con un palo. Ellos se lo pierden. Son aquellos que todavía piensan que el reguetón es la mayor de las siete plagas del apocalipsis. Quienes no se han molestado en comprobar que en los discos de Benito Antonio Martínez Ocasio también hay pop, salsa, trap, cumbia, soca, mambo, bomba, plena, merengue o dembow. Quienes no han querido ir, ni por asomo, más lejos de su rutilante actuación en la última Super Bowl. Si leyeran este libro, sabrían que Bad Bunny es uno de los artistas social y políticamente más comprometidos de la actualidad. Al menos desde un plano mainstream. Pese a las críticas que le cayeron – lógicas – cuando marchó a vivir una temporada a Los Ángeles con Kendall Jenner, por la teórica incongruencia que comportaba.
Vanessa Díaz y Petra R. Rivera son profesoras de estudios latinos, chicanos y americanos en universidades estadounidenses, y como puertorriqueñas de origen que son (aunque nacidas y criadas en EEUU), llevan cuatro años impartiendo cursos y manteniendo una web sobre las implicaciones sociopolíticas de la obra de Bad Bunny respecto a su propio país. Lejos del academicismo esquemático de cualquier tesis doctoral, este libro es una jugosa plasmación periodística del fenómeno, que tiene la virtud de enganchar al lector con una narración ágil y dotada de testimonios de primera mano de músicos, productores, promotores, periodistas y prácticamente todo aquello aquella que han significado algo en el entorno de la vertiginosa carrera del músico boricua.
Así, el compromiso del conejo malo con su país (recordemos: estado libre asociado – término que podría entenderse como un eufemismo de “subordinado” – de los EEUU) y sus gentes, con la cultura puertorriqueña en particular y latinoamericana en general, es patente a lo largo de nueve capítulos que detallan su oposición al colonialismo, la gentrificación, la corrupción, el recorte de servicios públicos esenciales o la privatización de un bien como la electricidad. Se expone aquí su movilización contra el gobierno durante el llamado verano boricua de 2019, su apoyo a la comunidad LGBTQ+, su activismo durante las elecciones puertorriqueñas de 2024 y la incesante tarea didáctica que ha ido inoculando en el gran público a través de sus videoclips, cortos y actuaciones en directo, no solo en la Superbowl sino en Coachella (donde sacó a José Feliciano al escenario), honrando siempre el legado de músicos que le precedieron, ya fueran De La Ghetto, Tego Calderón, Don Omar, Willie Colón, Héctor Lavoe o el Gran Combo de Puerto Rico.
Puede decirse que las autoras también han acabado siendo fans. No lo ocultan. Pero cotejan, calibran, matizan, exponen contradicciones y sopesan distintos puntos de vista con la ecuanimidad y el caudal de información adecuados, conscientes de la magnitud popular de una estrella que se inscribe en la tradicional e irrenunciable puertorriqueñidad de combinar denuncia y celebración. Un trabajo completísimo, tan ameno como esclarecedor.

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