Es imposible hablar de "Oh yeah?" sin hablar antes de "Gemini Rights". Igualar o superar el listón del álbum previo era una tarea titánica, incluso para el propio Steve Lacy. No solo por su éxito comercial o la acogida en redes, sino por el ejercicio de storytelling, la sinceridad de sus letras y el consenso crítico que despertó. Y es precisamente ahí donde conecta este nuevo trabajo del cantautor californiano con su predecesor. Da la impresión de que estamos ante una continuación, una especie de encore que prolonga aquella misma línea narrativa: sincera y, esta vez, todavía más introspectiva. Si en "Gemini Rights" podíamos encontrar el sonido viral de Bad Habit, aquí Lacy no parece interesado en perseguir otro éxito inmediato. "Oh yeah?" no busca ser bailado ni hacerse viral, sino disfrutarse en la intimidad. Es un disco hecho para sí mismo, para su propia paz.
En "Oh yeah?", Steve Lacy se sumerge unos metros más en el mar narrativo de su honestidad emocional. Si "Gemini Rights" partía de una ruptura sentimental para desgranar el duelo, el arrepentimiento, la inseguridad o la búsqueda de la identidad, aquí el músico añade una capa más de crudeza, o una capa menos de protección sobre sí mismo. Lo hace de una forma sencilla, sin grandes metáforas ni letras especialmente complejas. Directo a lo que toca. Te hablo de sentimientos, así, de primeras, a mi manera. Vuelve a sumergir al oyente en sus preocupaciones —y en las de toda una generación— desde un formato mucho más acústico y contenido. Al fin y al cabo, "Gemini Rights" era un disco rico en detalles, capas y texturas. Esta vez no.
Diez canciones, cuarenta minutos de escucha y escasas colaboraciones —SZA, Erykah Badu y Cecile Believe, además de Tyler, the Creator entre líneas en los créditos— son todo lo que ofrece Lacy para la ocasión. Abre con "oh yeah?". No tiene el impacto inmediato de "Static", canción de apertura del "Gemini Rights", pero sí una carga emocional mayor que la de la apertura de "Apollo XXI". Un primer hit de tono melancólico que recuerda lejanamente a la atmósfera del "Flower Boy", de Tyler Okonma. Si "oh yeah?" funciona como una introducción a la relación, "is it cool?", junto a SZA, es una reflexión entre líneas sobre la forma en la que nos relacionamos hoy en día. Desconfianza, fidelidad, autosabotaje. Tres escalones antes de hundirse en las tensiones familiares de la mano de Erykah Badu en "Pure Colour". Entra entonces en escena otro tema recurrente: las drogas, un recurso con el que sobrellevar un estado depresivo que ya se intuía entre líneas en su anterior álbum.
Hay un elemento especialmente remarcable en el disco: "nice shoes/in your world". Nueve minutos de canción en plena era de la viralidad y los temas de apenas un minuto. Toda una declaración de intenciones que remarca ese deseo de hacer un álbum para uno mismo. Además, recupera esa vieja costumbre de Tyler, the Creator de construir canciones dobles. Lo vimos en sus primeros seis álbumes y desaparece con "Chromakopia", pero eso es otro tema para otro día. Steve Lacy mantiene esa línea argumental que sobrevuela todo el disco alrededor de su introspección hasta llegar a bebe, la canción de cierre. La décima del álbum nos recuerda de qué va todo esto: “That's the story 'bout the time I got my life screwed up”. Porque, al final, eso es "Oh yeah?": la crónica de una introspección musical. Un disco que convierte la exposición personal de Steve Lacy en una historia compartida con sus oyentes, un lugar en el que volver a refugiarse.
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