Decía Freud que sexo y muerte son los dos motores no tan ocultos de la humanidad. Nuestro cocainómano favorito olvidó mencionar que el drama es la gasolina. En estos tiempos tan corruptos y modernos, en los que el hedonismo descontrolado y la exhibición de los sentimientos por encima de nuestras posibilidades ocultan nuestras miserias, la pista de baile vuelve a ser la catedral en la que se celebran los exorcismos. Pequeños, sencillos y asquerosamente vulgares, pero funcionales. El drama, si se puede bailar, es menos drama. Y si no se puede bailar, no es mi revolución.

Santi Capote tan sólo ha necesitado seis canciones que buscan el estribillo perfecto, y mucho tiempo de preparación y de viaje interior para dar salida a sus demonios y lanzarse a la incertidumbre de una carrera en solitario. No fue un proceso rápido y llevó consigo una catártica mudanza de Madrid a Barcelona, pero sí fue necesario para desprenderse de vicios y de algunas malas experiencias. Grabado en su propio estudio (The Punch), con todas las ventajas e inconvenientes que eso supone a la hora de decidir cuándo dar finalizada una mezcla, ha contado con pocas ayudas, pero fundamentales.


El drama, si se puede bailar, ¿es menos drama?
Hay algo íntimamente ligado entre la música disco y el drama, tienes ahí toda la escuela del “I Will Survive”. Carlos Berlanga lo hizo con maestría total con letras tan trágicas como las de “Noches entre rejas” que es de las más angustiosas de la historia del pop español. Pero en un envoltorio disco que, aunque parezca una contradicción por lo aparentemente hedonista del estilo musical, pienso que les da veracidad, en una canción rock hubieran parecido impostadas o forzadas. Cuando él las canta se sienten reales.

¿Qué inseguridades has dejado atrás al lanzarte por fin en solitario?
Al principio la de cantar yo todo el tiempo. Me resultaba raro, pero luego he llegado a pensar “pues no lo hago tan mal”, y me he ido soltando. Después el subirme al escenario siendo el frontman. Me ha resultado menos difícil de lo que pensaba. Nuestros miedos son al final eso, miedos. Una vez los dejas atrás, te quitas barreras a ti mismo.

Una vez decidido volver a empezar, ¿es necesario desaprender algunas cosas?
En mi caso, desaprender que existe una industria. Empezar de nuevo con la ilusión de hacer algo que te emociona, sin más, que fue lo que me lanzó a hacer música en un principio, y que vas perdiendo por el camino. Sin esa ilusión, lo que estás haciendo es vender pan.

¿Cómo comenzó la aventura de dejar atrás la seguridad de una banda y lanzarse a hacerlo todo por ti mismo?
Llevaba tiempo dándole vueltas a hacer algo en solitario, y poco a poco fui haciendo la canción de “Exorcismo”, sin ninguna pretensión, tanto que me planteé ni sacarla. Pero se la mandé a José Luis Algar (diseñador del disco y director del vídeo) y le gustó tanto que escribió un guión para un videoclip. Como yo no tenía dinero para rodarlo me animó a hacer un crowdfunding para conseguir el presupuesto, y ya que lo hacía pues también sacar para editar un EP, y me puse a hacer más canciones. En poco tiempo ya tenía un EP entero y una banda. Todo en menos de un año.

Decidiste financiar la grabación a través de crowdfunding. ¿Qué tal ha funcionado la experiencia?
Muy bien, tuve la precaución de no meterme en camisas de once varas, pedí una cantidad no demasiado elevada y puse sólo unas pocas recompensas. Al final los gastos han superado lo presupuestado pero ha merecido la pena, he podido sacar el EP en un formato digibook precioso y rodar un vídeo con actores profesionales como Josep Riera e Itziar Castro, que es un lujo.

“Sin la ilusión de hacer algo que te emociona, lo que estás haciendo es vender pan”

¿Notas algo distinto entre Madrid o Barcelona a nivel musical?
En Barcelona hay más una “escena” independiente, los grupos se conocen entre sí, aprenden unos de otros, hay corrientes musicales como el synth pop oscuro actual que está dando lugar a muchas bandas, y hay muchos eventos pequeños. En Madrid van todos más por libre y hay más “industria” y menos vida “underground”.

¿Las canciones de “Exorcismo”, se crearon después de que te cambiaras de ciudad y decidieras lanzarte en solitario o llevabas tiempo con ellas en la cabeza?
Algunas son más nuevas, otras las hice hace muchos años. Yo soy de empezar a hacer una canción y hasta que un día se me ocurre la manera de terminarla para que sea redonda la dejo en la nevera. Y puede pasar así más de una década.

¿Fue largo el proceso de preproducción?
Realmente no hago distinción entre las fases de la producción porque voy grabando las pistas definitivas y solo a veces regrabo o desecho algunas. Produzco igual que un músico electrónico, voy construyendo la canción tal cual sonará. Otra cosa es la fase de composición que esa sí es totalmente aparte. Hago la melodía y los acordes y parte o toda la letra, y hasta que no tengo perfectamente creada la canción a nivel melódico no paso a la producción.

¿Qué ventajas, además de la económica, tiene trabajar en tu propio estudio?
Puedo entrar y salir cuando quiera, grabar en el momento que me apetezca, aunque tener tiempo de grabación ilimitado también hace que te eternices a veces porque nadie te va a decir “hasta aquí, ya está bien como está”.

¿Ha sido complicado mezclar tus propias canciones?
Bastante, porque pierdo un poco el criterio. De alguna de las canciones he hecho decenas de mezclas, y cuando las escucho ahora sigo pensando que cambiaría cosas. Me resulta mucho más fácil mezclar a otros en mi estudio.

La forma de trabajar las canciones, ¿ha sido en esta ocasión diferente a como lo hacías en Ellos?
En principio no, las melodías las hago igual, sólo que al llegar la hora de hacer las letras, al escribirlas todas yo, puedo estar mucho tiempo hasta encontrar unas que me parezca que están fonéticamente bien, que es algo con lo que soy bastante perfeccionista. Y después a la hora de grabarlas, si no me gusta como quedan las vuelvo a cambiar. Para mí la melodía con la letra es lo más importante.

¿Qué colaboraciones has tenido en “Exorcismo”?
La principal colaboración ha sido la de Jose Luis Algar. Ha estado ayudándome durante todo el camino, apoyándome en lo artístico y en lo humano, y en varias de las canciones del disco pone además coros, algunos que son armonías dignas de Jeff Lynne (Electric Light Orchestra). Tiene talento para lo que le echen.

Habiendo grabado todo tú solo, ¿cómo te planteas llevar las canciones al directo?
Llevo proyecciones, bases electrónicas de baile y una banda formada por un guitarra/bajo y un teclista que vienen del dúo synth pop barcelonés Orange Broek, y Jose Luis Algar y Sandra a los coros, que además hacen coreografías y convierten los conciertos en algo muy divertido.

¿Cómo fue el primer concierto en solitario? ¿Qué echabas de menos y qué te sorprendió?
Realmente bien, para mí era una incógnita pero las canciones se pusieron a funcionar solas, la banda y el público se lo estaban pasando genial y de pronto todo era como una fiesta. No se puede pedir nada mejor.

¿Qué vendrá después de Exorcismo?
Estoy preparando algunos maxis con temas nuevos y después un disco completo que lo recopilará todo y que se llamará “La vida sencilla”. Espero sacarlo el año que viene.