Cuando cruza la puerta del Verbena, uno de los bares de moda en el epicentro de Malasaña, Cintia Lund parece un holograma del cosmopolitismo. Todo lo que dice su biografía que corre por sus venas se cristaliza en una personalidad (íntima y artística) a la que se le ven las hechuras: nació en Canarias, a los tres meses se fue a Estocolmo, regresó a los 12 años para pasar su (pre y) adolescencia canaria y se marchó a Nueva York a vivir su sueño americano. Sin embargo, es en Madrid donde los cimientos artísticos de Cintia Lund están vertebrando una de las personalidades más singulares de nuestro indie de autor: así lo ha materializado en New York Anthem (Subterfuge, 2017), un álbum que bascula entre el dreampop, el folk, el blues, la chanson o el happening sónico.


Acabas de llegar de Nueva York de actuar en una presentación del fotógrafo y artista Michael Musto, ¿no?
Sí, un pintor le hizo un retrato a tamaño real y tuvieron un opening de arte en una iglesia ortodoxa, era todo muy party monster: había bailarinas, yo estuve cantando un par de canciones que sabía que podían funcionar en un evento así, le dejé el CD a Michael y me dio la enhorabuena. Fui allí para ayudar a organizar el evento, sobre todo.

Has hecho bastantes cosas: no sólo esto, sino que has tocado en La Térmica para la exposición de Isabel Coixet, actuaste durante la MBFWM durante el desfile de García Madrid, en Nueva York hiciste varias cosas, eres muy amiga de Topacio… ¿Crees que tu propuesta conecta más con el circuito de arte contemporáneo que con el de música alternativa?
Con Topacio Fresh estamos pensando hacer algo juntas: una expo con una instalación, algo especial, poniendo los vinilos de una manera especial para crear una atmósfera. Pero a mí todo lo que sea tocar me gusta, independientemente del circuito que sea. Pero no te lo voy a negar: en estos meses me he dado cuenta que el público que asiste a galerías es más mi público, tiene más que ver conmigo. Este año he acumulado un buen número de caras conocidas del arte contemporáneo: toqué para Nazario, para Isabel Coixet, para Michael Musto, la fiesta de aniversario de La Fresh Gallery, allí conocí a Almodóvar… Me parece que estoy retrocediendo en la historia, rehaciéndome.

¿Y te echó el ojo Almodóvar para hacer algo?
Topacio nos presentó y le hizo un buen resumen-presentación, y me dijo que quería venir a un concierto mío a ver lo que hago. Y yo lo miré fijo a los ojos y le pregunté si de veras le gustaría, y me dijo que sí, que si está en Madrid y le aviso va fijo. Y lo quiero invitar al concierto que estaré dando en el Teatro Circo Price el 18 de enero…

¿Crees que le van a gustar también Viva Suecia y Neuman [que actúan ese día contigo] o que va a verte a ti y se va a ir?
No sé, yo creo que lo mío sí tiene más que ver con su universo, tanto a nivel estético como de formato de concierto. No sé si a él le gusta tanto el perfil de concierto de rock. Pero yo creo que sí: Almodóvar ha demostrado ser muy inquieto, y tanto Neuman como Viva Suecia son grandísimos grupos con grandísimos directos, y a él le gusta mucho la música española.

¿Y no crees que el hecho de que tú no cantes en español, que es algo que a él le tira mucho, puede ser una barrera negativa para gustarle?
Puede ser, pero, aunque no cante en español mi música tiene un componente de banda sonora, como en canciones como Vampire o Coney Island.

“A mí me gusta sentirme medio etérea, ni hombre ni mujer”

Sí, y también tiene mucho peso en tus directos el componente estético: usas mucha ropa de García Madrid, te customizas tu ropa, juegas un poco a cambiar el rol de género… ¿hasta qué punto hay un discurso político o artístico en tu manera de vestir, en lo que comunicas estéticamente?
A mí me gusta sentirme medio etérea, ni hombre ni mujer; pero, aunque quizá no lo parezca, no lo pienso mucho, me visto cada día como me siento: suelo utilizar muchos cuellos de tortuga negro, y se ha convertido en los conciertos de este año en una especie de uniforme, casi. Me gusta utilizar looks bastante serios y clásicos, en realidad, cosas que puedas ponerte y llevar a cualquier lado: visto mucho de negro, como por ejemplo se puede ver en la portada del álbum. Siempre intento expresar algo diferente en los conciertos a nivel estético, tanto en mi forma de vestir como en la puesta en escena en sí.

Del disco ya habías hablado hace unos meses en MondoSonoro con un compañero mío. Pero ahora lo reeditas con unas canciones nuevas. No sé por qué tan solo tres o cuatro meses después habéis decidido volver a sacarlo en una versión extendida, ¿qué diferencia a una versión de la otra
En realidad, yo antes de fichar con Subterfuge ya tenía todo el trabajo hecho: tenía estas doce canciones grabadas y fuimos tanteando, viendo cómo podíamos ir publicándolo poco a poco, pensando una estrategia, para no soltarlo todo de repente y que se perdiese el material. Fuimos sacando singles al principio, le dimos forma al disco como si fuese un EP largo o un LP corto, de ocho canciones; y después del verano empezamos a mover las otras cuatro canciones restantes, sacando vídeos de cada canción, mostrando que el álbum está vivo, que hay cosas nuevas que contar.

No es que el álbum original era el de la primera versión de ocho canciones y ahora sea una reedición con temas extra, entonces.
No, no: el álbum en su plenitud son estas doce canciones, siempre estuvo concebido así. De hecho, cuando fiché con Subterfuge tenía ya parte de estas canciones colgadas en diferentes plataformas, como Soundcloud y Bandcamp, y en cuanto cerramos el contrato y empezamos a pensar la manera de ir soltando las canciones las tuve que volver a poner en privado: fue un poco lioso, pero era para mejor, así es todo más organizado.

Teniendo en cuenta que ya tenías todo grabado y hecho, que las canciones tenían un concepto tan claro, ¿hasta qué punto Subterfuge aportó en la estrategia?
Tenía todo el trabajo hecho porque estaba ya todo masterizado, ya había registrado todas las canciones en SGAE, estaban las doce canciones que quería que formasen parte del disco ya grabadas… Pero Subterfuge me ayudaron mucho a aterrizar el proyecto: hablamos mucho acerca de cómo queríamos hacer las cosas, en qué plazos, planteándonos objetivos. Mi condición era sacar el álbum ya, porque tenía esa ansiedad del músico, no quería tener las canciones guardadas en el cajón. Por eso decidimos hacerlo así.

¿Pero era porque se te están haciendo viejas las canciones?
No, para nada. Siento que todavía forman parte de la etapa que estoy viviendo al 100%, no es que me cuesta volver a conectar ni nada: estoy en mi auge, no me he cansado de ellas, para que me aburra me faltan cien conciertos más. ¡Ojalá me aburra de ellas!

Llama la atención que, habiendo vivido sólo unos años de tu adolescencia en España, y teniendo raíces suecas y habiendo vivido varios años en Estados Unidos, hayas decidido que sea España el sitio donde des tus primeros pasos como artista.
De hecho, por haberlo intentado antes en los otros países es que estoy aquí. En Nueva York vi lo difícil y competitivo que era el panorama allí. Luego, fui a Suecia por un problema de visado en los Estados Unidos, pensando que al exportar Suecia tanta música y ver la crisis que había en España. Ya allí, grabé el álbum, pero me di cuenta que, a la hora de tocar en vivo, el circuito musical no se movía demasiado. Cuando vine aquí a probar me di cuenta que Madrid era el mejor sitio, donde me integré de una manera más veloz y donde empecé a tener una respuesta más rápida, ganando concursos, viendo que había sellos interesándose por mi música…

Sin embargo, dices que tu primera opción fue Nueva York. Además, es evidente que la temática de las canciones habla sobre esa ciudad. Aunque te hayas “conformado” con Madrid, ¿sientes que tu música tiene más que ver con NYC?
Sí que hay cosas que igual conectan de una manera más rápida con Nueva York: canto en inglés, las canciones hablan sobre diferentes episodios y facetas de mi vida allí… Por ejemplo, con el vídeo de Vampire me di cuenta que el público estadounidense reacciona de una manera más directa, más empática. Pero la acogida que tuve y tengo en Madrid es incomparable con otras ciudades en las que he actuado: en Nueva York hay que ir siendo alguien, teniendo cierta fama o estando más integrada en ese circuito. De todos modos, este verano volví y aproveché para preparar un concierto de presentación en una sala y fue muy bien: se llenó, tuvo muy buena acogida, se me acercó mucha gente, toqué en el Festival Elements en el Bronx… Hay por dónde tirar, pero aún me falta mucho rodaje. Aquí en España hice mucho más ruido tanto a nivel de público como de presencia mediática.

En una canción dices que Nueva York es “la jungla” que te ha “hecho fuerte”. ¿Dirías que si no hubieras pasado por allí no hubieras tenido un discurso tan formado como artista?
Definitivamente. Cuando canto “New York is a jungle that made me stronger” es completamente así: yo allí fui una inmigrante, me tuve que buscar la vida desde el minuto uno, estuve viviendo sola… Nueva York te da la realidad en tu cara: puedes tener el mejor día de tu vida, hay multitud de oportunidades, es precioso, tiene un componente muy romántico; pero a la vez puedes ir caminando por la calle y que se caiga un bebé de un sexto piso. Es un baño de realidad constante la vida allí, es muy crudo. Hay como un caos inesperado constante. Y todo eso es crudo, pero es muy inspirador. La diferencia es muy grande.

¿Dónde dirías que está “lo español” o “lo canario” en tu propuesta?
Quizás en el performance, en la manera de comunicar ese discurso estético. En la fuerza que tiene la música, en lo apegadas que están mis canciones a la guitarra. Es difícil separar las cosas de dónde vienen: yo me siento tan sueca como española, pero de cabeza me siento neoyorquina. Es raro.

“Vivir en Nueva York es un baño de realidad constante, es muy crudo” 

Y en cuanto a circuito musical español, ¿te sientes integrada, ves que hay gente en tu onda o te sientes un bicho raro?
No sé qué decirte, porque por un lado sí que me siento diferente a todo lo que veo y escucho: no creo que lo que haga yo se parezca a nada de lo que se hace, me siento muy diferente al resto no sólo en cuanto a sonido, sino también a propuesta estética. Pero tampoco me siento un “bicho raro”: me están acogiendo muy bien en el circuito del indie, los medios hablan de mí, tengo buenos amigos de otras bandas…

El sonido de algunas canciones, si bien tiene cuerpo y fuerza, guarda algo de lo-fi, como de grabación doméstica, de intimidad nostálgica.
Sí, puede ser. De hecho, algunas grabaciones son caseras. Este disco se grabó en Estocolmo, pero tanto en Nueva York como en Madrid hicimos algunas grabaciones añadidas, y esas son las más caseras, las que hice con amigos o que de repente se me ocurría un arreglo que añadir y decidí hacerlo de una manera muy intuitiva y salvaje. Aquí en Madrid grabé Coney Island con Brian Hunt, y fue todo muy impulsivo: fui a su estudio con una idea de lo que quería que tratara, pero no tenía la canción hecha; y una vez allí acabé de darle forma a todo, me gustaba ponerme contra las cuerdas, buscando la espontaneidad y la naturalidad.

En muchas reseñas se define tu música como “dream pop”. Sin embargo, si bien sí hay un cierto halo onírico, hay canciones que suenan a folk, otras a blues, otras a rock, otras a chanson… ¿Tú te sientes identificada con alguna etiqueta?
Yo, a la hora de cantar, siento que tengo mucho que ver con la música jazz. Yo me considero alternativa o indie. Utilizan mucho calificativo anglófono, cosas como “dreamy” o “artsy”, que con este segundo sí que conecto más, por el universo que intento plasmar, y por ese componente autodidacta que tengo, que es más mío todo: con poco, intento ser creativa.

¿Y también te llaman [o te llamaban] hípster? ¿O de dónde viene lo de I’m Not A Hípster?
[Sonríe] Yo sí que creo que hay mucha gente que pensará que soy una hípster; pero como yo también lo pienso de otros muchos músicos que veo. Esa canción la compuse en 2014, yo estaba viviendo en Nueva York, y era un momento en el que esa especie de tribu urbana o movimiento estaba en su momento más álgido; y en barrios como Williamsbourgh en Nueva York era una auténtica locura: estaba muy masificado, como está pasando ahora en Malasaña, y tiene mucho que ver ese componente hípster. No lo hice hablando de mí: buscaba el componente cómico de cuando a un hípster le dicen que es un hípster.

“En español está claro que podría conectar más con el público, pero la letra tampoco lo es todo”

Dices que buscas “una mezcla de sofisticación y punch”, y mencionabas a proyectos como Metronomy o Goldfrapp. ¿Cómo se consigue un equilibrio entre esas dos cosas?
La sofisticación puede estar en la voz, en la estética, en la performance; y el punch es ese gancho, lo que te moviliza, lo que da poder y cuerpo a las canciones. Pero creo que eso, más que en el sonido de las canciones, está en la personalidad de cada uno: a veces me he encontrado en situaciones que te preguntas cómo vas a sacarlo adelante; pero si mi personalidad va por delante siempre voy segura de que lo sacaré. Siempre intento exteriorizar y darle importancia a eso.

Justo está sonando Anni B. Sweet, y viene al pego: parece difícil que muchos medios consigan quitar el sambenito a una artista nueva, y enseguida aparecen las comparaciones con ella o con Russian Red o con Lana Del Rey. ¿Te molesta que incluso antes de que te escuchen te metan en ese saco en el que llevan metiendo desde hace casi diez años a casi todas las artistas mujeres?
Sí que me molesta un poco, la verdad. Me suelen comparar más con Lykke Li, quizás, no sé si porque es la única artista sueca que conocen [risas]. Tampoco es que me enfade muchísimo ni que sean artistas que no me gustan nada o de las que me siento absolutamente distanciadas; pero creo que es un poco simplista el etiquetar y comparar a la gente.

¿A qué artistas españoles te sientes conectada?
Me cuesta un poco, la verdad…

Yo en tu canal de YouTube sí que te vi cantar algunas canciones de Mecano…
Pues mira, creo que Mecano es mi grupo español favorito. Me encanta toda su estética, los videoclips, el mensaje de las letras, las melodías… De hecho, ahora cuando estuve en los Premios Pop Eye recogiendo un premio [a Artista revelación] hice una versión de Sangre en el Museo de Cera de Los Nikis pero me inspiré mucho más en Mecano que en Los Nikis: por la estética ochentera que llevé y la manera de acoplar la canción a mi registro…

¿Estás probando hacer cosas en español o lo ves lejano?
No lo veo lejano, pero no me veo haciendo un disco solo en español: me gustaría probar hacer más canciones en sueco, hacer alguna en francés, en italiano… Si fonéticamente lo puedo hacer bien, ¿por qué me voy a cerrar esas puertas? En español está claro que podría conectar más con el público, porque la mayoría es probable que no sepan lo que digo en ninguna canción; pero la letra tampoco lo es todo.

Volviendo a lo del canal de YouTube, hay canciones que grabaste hace casi diez años, cuando tenías 12 o 13 años. ¿Se puede decir que ese canal es una especie de diario de tu evolución como artista? ¿Hay algo de aquella Cintia versionando a Demi Lovato, Lily Allen o Katy Perry en la Cintia de New York Anthem?
Yo ahora si hiciera covers los haría mucho más reinventados. Cuando yo hacía esas versiones tenía muy en cuenta la estética, como siempre, pero aún no sabía cómo ser músico. Me di cuenta siendo una adolescente que había otros chicos jóvenes grabándose y subiendo esas canciones a YouTube, y yo quería aportar algo diferente, cantar desde otra perspectiva, aprender cantando, comparándome con otra gente que se grababa. Y creo que lo que soy ahora es un poco efecto de aquellos primeros pasos. Aunque fueran grabaciones muy caseras, me ayudó a querer hacer mis propios vídeos musicales, que los hago todos yo.

Todo viene de ahí: un principio de youtuber musical que ahora busca ser una especie de artista total.
Sí, totalmente. Ahí empecé a preguntarme qué es lo que me hacía falta: mi propia música y un álbum. Eso es lo que me iba a convertir o no en una artista realizada.

Descubrí también que en un vídeo de hace varios años sale Cepeda, un participante de la actual edición de Operación Triunfo. ¿Lo estás siguiendo? ¿Te está gustando la edición de este año, de la que se dice que hay otros perfiles más “alternativos”?
Lo estuve siguiendo un poco porque estaba Cepeda pero también porque me gustan mucho Los Javis y quería ver qué tal lo hacían como profesores. Y también para comparar con otras ediciones a ver qué rollo llevaban este año. Es un programa que no acabo de entender mucho: está claro que no son las mejores voces de España, pero también es cierto que el programa sirve para formar artistas, no para evidenciar a los que ya lo son, se supone que tienen que mejorar en la Academia. A Cepeda lo conocí hace unos años en Madrid y estuvimos tocando y nos grabamos así en el parque algunas canciones. Él ya se había presentado a La Voz y ahora lo veo en OT y me llamó la atención…

¿Tú no te hubieras presentado nunca?
Cuando era más pequeña sí me presenté a castings de Operación Triunfo, y cantaba la canción Moon River de Audrey Hepburn, vestida igual que ahora: con el cuello de tortuga negro [risas]. Nunca me eligieron, pero supongo que porque no era mi destino: estoy más contenta con el que se me tenía reservado.

“Me siento libre para hacer lo que quiera, y estoy viviendo ese momento tan romántico que es el de presentación al mundo”

Si buscas en Google tu nombre la tercera entrada es tu participación en First Dates, que ahí sí que te eligieron. ¿Te arrepientes de haber ido? Fue muy sonado…
No, no me arrepiento. Lo que sí, me hubiera gustado haber tenido una cita con una chica, creo que hubiera sido todo mucho más dinámico. Pero bueno, hecho está.

¿Qué expectativas tienes de crecimiento con estos primeros meses de recorrido?
Estoy superando las expectativas, la verdad. Por ejemplo, la canción Red Velvet tiene casi medio millón de reproducciones en Spotify, y es algo con lo que no contaba en absoluto. Las expectativas se están cumpliendo: se está haciendo bastante ruido, estoy tocando en sitios muy diferentes, es mi álbum debut y está teniendo muy buena acogida… Me siento libre para hacer lo que quiera, y estoy viviendo ese momento tan romántico que es el de presentación al mundo. Todo el rato estoy pensando en lo siguiente.

¿Y pensar en lo siguiente te hace disfrutar igualmente de las cosas?
Sí, porque disfruto todo el proceso. De todos modos, lo que más me gusta es compartirlo, pero ahí ya me olvido un poco, me pongo a lo siguiente.

¿Y te has llevado frustraciones?
Nunca sabes cómo puede reaccionar la gente, y ahí está lo bonito de soltarlo, para enterarte del porqué de las cosas. De todos modos, no siempre lo importante es que las cosas le gusten a la gente en las redes: a nivel personal hay muchas cosas que me han hecho crecer muchísimo, hay canciones que se quedan y me alimentan mucho más que las visitas que pueda tener otra.