En esta novena edición de la cita veraniega ya tradicional, en Santander apuestan de nuevo por un formato de festival cómodo y sin agobios, muy cuqui –muy guay la zona de descanso y restauración-, con un cartel que daba protagonismo a grandes tótems del indie español con una pildoritas foráneas. Otra de las claves de este año ha sido la cada vez mayor apertura a la ciudad de colaboraciones artísticas, con un montón de conciertos y pinchadas por el centro de la ciudad a lo largo de las tres jornadas de festival. Cabe destacar también un fantástico sonido y que, salvo por la lluvia del sábado, se pudo disfrutar de los conciertos sin demasiadas complicaciones.

El jueves comenzó a llegar la gente al recinto mientras M.Ward ejercía de maestro de ceremonias. Fue una pena que el de Oregón no viniese con banda para acompañar sus fantásticas canciones. Hablamos de una auténtica estrella de la americana que, a pesar de dejarnos boquiabiertos con su buen hacer a la guitarra, hay que reconocer que este formato no era el lugar ni la hora más adecuada para sacar todo el jugo a su actuación. Lo bueno si breve… que suelen decir. A continuación Los Deltonos continuaron con ritmos western pero pisando el acelerador, demostrando aquello de que el buen rock americano también es posible en castellano. Las canciones están sobre la mesa y tienen para parar un tren: “Horizonte eléctrico”, “Salud Sur”… por poner algunos ejemplos. Hubo bastante de justicia en que los de Muriedas estuvieran sobre el escenario a una buena hora.

SAntander music 2017

M. Ward

Sidonie son toda una institución en el festival y venían de plato fuerte. Aun así no fueron suficiente reclamo para una primera jornada de jueves que quedó un tanto a medio gas. El peor grupo del mundo no cabe duda de que también es el más agradecido. Desde la primera canción declararon su amor, algo que fue una constante a lo largo de todo el concierto. “Te quiero”, “Bailemos”, “Sierra y Canadá”, “Siglo XX”, hit tras hit, abrazo tras abrazo, beso tras beso, a un lado y al otro de la valla. Lo suyo es el circo y Marc Ros se encuentra comodísimo en su papel. Le encantan las vueltas al ruedo (“Un día de mierda“) y el teatro. Incluso hizo de futurólogo y en “Carreteras infinitas” avanzaron buena parte de lo que estaba por venir los dos días siguientes.

Nothing but Thieves eran uno de los ases en la manga que guardaba este año la organización. Los británicos eran unos desconocidos para buena parte del público, a los que dejaron en shock gracias a una buena tunda de riffs de guitarra bien gordos, que sirvieron para empujar la voz superdotada de Connor Mason. Para muchos esta fue la gran sorpresa del festival. Y finalmente los electrónicos Roosevelt funcionaron como plot twist de una noche que hasta entonces se había basado en sonido de las guitarras, y pusieron a bailar a los que aguantaron hasta el cierre. Que, francamente, tampoco fueron tantos: buena parte del público prefirió reservar fuerzas para lo que quedaba por venir en las siguientes jornadas.

Aunque muchos no lo crean, hay ocasiones en las que el verano de Cantabria brinda un sol de justicia. Y el viernes fue uno de ellos. A la hora del vermut y bajo ese panorama achicharrante arrancaron Sen Senra en el Escenario Capitán Demo. Los gallegos convencieron a base de melodías refrescantes con pinceladas de psicodelia, de pop clásico, de garage, de sonidos australianos… que conjugan para dar forma a un repertorio francamente disfrutable. Y a la hora del café Pianet saltaron al escenario de la Calle del Sol con un pop de corte épico y de una factura impecable, aunque cargado de algunos argumentos un tanto sobados (ains, esos coros taaaaan de anuncio televisivo…) que restan parte de interés a su propuesta.

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Triángulo de Amor Bizarro

La sesión nocturna se abrió con Shinova, uno de las bandas que más festivales está haciendo este verano. Omnipresentes. Recién llegados a esta liga, siguen la estela épica de Vetusta Morla o Izal. Cada vez más alto, cada vez más intenso, su concierto fue un empacho de épica mal entendida en toda regla. Triangulo de Amor Bizarro salieron a hacer justo lo contrario. Sacaron a pasear la apisonadora y a reventar tímpanos desde el minuto uno. Sin tregua y a la cabeza, ruido ruido y más ruido sobre la apabullante capacidad melódica de Isa. Lo que hacen estos gallegos está al alcance de muy pocas bandas. Ofrecieron un set con todos sus hits con la sexta marcha puesta.

Se respiraba cierta tensión en el ambiente con Los Planetas (foto superior), con todo el mundo preguntándose qué iban a ofrecer. Filias y fobias, o los amas o los odias, parte de su leyenda es nunca dejar indiferente a nadie. De nuevo volvieron a hacerlo. Los granadinos que se mostraron esquivos, densos y sin más concesiones que las justas y necesarias. Centraron su primera parte del recital en el muro de sonido de sus últimos trabajos y en su reinterpretación del flamenco con momentos álgidos como “Ya no me asomo a la reja”. Poco a poco fueron abriendo la mano a ritmos más pop y temas antiguos. Para sorpresa de los fans incluyeron alguna que otra canción inesperada y que a más de uno nos hicieron saltar la lagrimita: temas como “Parte de lo que me debes” o “Jose y yo” representan demasiadas cosas. A destacar una puesta en escena calculada al milímetro, y el apartado greatest hits habitual para jolgorio colectivo. Es inevitable que quede alguna en el tintero pero es que hay tanto donde elegir… Visto lo visto, hay que reconocer el gran acierto de la organización por ampliar el horario para permitir a J y compañía un tiempo más adecuado para poder ofrecer un set en condiciones. Para enmarcar.

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The Vaccines

The Vaccines eran la joyita foránea de la edición de este año. Inicio speedico de los de Londres que se fueron desinflando un poco a mitad del recital, para volver a venirse arriba en el momento preciso. Es lo que tiene vivir de hits absolutos como “If You Wanna” o la épica vintage de “I Always Knew”. Lo cierto es que cuanto más ramonianos mejor. Eso es una regla básica.

Delorean que cerraron el escenario principal poco tienen que ver con los de su última visita al festival, hace nada menos que siete años. Ahora se mueven por un house narcótico de bajas revoluciones que dividió al público: en medio del dancefloor en el que se transformó la campa se percibían tantos bostezos como cuerpos entregados por completo a los ritmos etéreos del cuarteto zarautzarra.

El sábado amaneció con un cielo nublado que, a pesar de la permanente amenaza de chaparrón, propició un ambiente más agradable para disfrutar de los conciertos del mediodía. Estos arrancaron en el escenario Capitán Demo con Melenas, cuarteto pamplonica que supuso la única propuesta íntegramente femenina dentro de una edición del festival en el que la presencia masculina ha sido de nuevo hegemónica. Pero, más allá de cupos y discriminaciones, demostraron que Paula Quintana (la encargada de programar los conciertos de este escenario) tiene olfato y criterio a la hora recomendar bandas emergentes. Garage de baja fidelidad, ritmos de batería tribales, bien de reverb de guitarras y unas melodías llenas de puro pop ayudaron a quitarse las legañas a un público bastante más abundante que en la jornada anterior. Y Bigott se encontró con la calle del Sol abarrotada de festivaleros, a los que se metió en el bolsillo con un directo chispeante. Todo en su propuesta funciona gracias a la personalidad imprevisible e inabarcable del genio loco que es Borja Laudo, pero sobre todo con un cancionero que se ha ido enriqueciendo álbum tras álbum. Así, con un repertorio en el que van sonando “Pavement Tree”, “She’s My Man“, “Cool Single Wedding” o el colofón con “Cannibal Dinner” es imposible que las cosas salgan mal.

Anni B. Sweet

Ya en la campa, una lluvia fina que arreció justo en el momento menos indicado, dejándonos calados y fríos como pollos durante buena parte de la velada y a expensas de una pareja de djs –Caballito– que no tuvo ni mano izquierda ni visión para leer lo que el festival necesitaba para animar entre concierto y concierto. Muerte por cumbia y bachata. Anni B Sweet hizo lo que pudo para guarecernos de la lluvia con su mix de referencias femeninas: de Patti Smith a Bonnie Tyler -“Chasin Illusions”– pasando por PJ Harvey. Para muestra la versión que se marcó del “White Rabbit” de Jefferson Airplane, toda una declaración de intenciones.

Lori Meyers son otros clásicos del festival pero lo tuvieron realmente difícil con una lluvia que no daba tregua. A pesar de ello supieron insuflar algo de aire con un concierto serio y de banda grande. Enchufadísimos y sin perder el norte en ningún momento. Gran montaje para presentar “En la espiral” con un sistema de visuales realmente espectacular. Para nuestra alegría demostraron que pueden llegar a ser realmente brillantes cuanto más se arriman a Los Brincos que es lo que mejor se les da. “El tiempo pasará”, “Siempre sale el sol” fueron dos buenos ejemplos. Luego, lo normal, locura con “Emborracharme” o “Mi realidad”. La fiesta es la fiesta y aquí hemos venido a pasarlo bien.

Belako volvían al festival con el marchamo de haber sido la gran sorpresa de la edición de 2015, y había muchas ganas de volver a verlos. Afilaron la navaja para volver a Santander, dejando de lado sus canciones más bailables y poniendo sobre la mesa toda la artillería que parece que es camino a seguir en vista de los nuevos temas que ya pudimos escuchar como “Over the Edge”. Excelente su revisión noventas. Nada mejor que agitar la melena y dar unos botes para secar algo nuestros cuerpos.

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La Casa Azul

La Casa Azul fue el broche perfecto. Guille Milkyway sacó a pasear su arsenal pop y convirtió la campa de la Magdalena en una inmensa disco móvil con un concierto “Superguay”, tan divertido y especial, tan adorable, tan perspicaz… Para entonces la lluvia solo era un lejano recuerdo y nos hinchamos a cantar y bailar a base de temazo tras temazo. “No más myolastán”, “Todos cantan para mí“, “La revolución sexual”

Sonrisa de oreja a oreja para despedirnos con ElyElla Djs, que sí que supieron leer a lo que estábamos y montaron todo un fiestón sin caer en lo obvio, con un puntito macarra que es lo que pide el cuerpo a estas horas, y bien de confeti para celebrar un año más de esta cita indispensable en las noches de verano – aunque a veces no lo parezca- de Santander.