Me enfrento a las primeras escuchas del nuevo disco de Jack y Meg White con la certeza de que no me van a dejar indiferente y acierto de pleno. Pero antes de entrar en materia unos cuantos datos técnicos, recogidos en su hoja promocional, me facilitan la escucha. Que si el disco, que contiene un total de trece canciones, se grabó en tan sólo veinte días en los estudios Third Man, propiedad del propio Jack White. Que si fue él mismo el encargado de la producción o que las canciones estaban escritas usando básicamente el piano, la marimba y la guitarra acústica. Eso y la críptica declaración del propio Jack, quien describía el álbum como: “una exploración sobre las características y el ideal de lo verdadero” (¿?). Sin embargo, lo más inmediato pasaba por comprobar si “Blue Orchid”, el single con el que abren el disco, estaba a la altura del arrebatador “Seven Nation Army”, y lo está. Suena muy diferente, pero lo está. Por lo pronto lo primero que llama la atención es que carece de ese bajo arrebatador, hipnótico y envolvente que tan bién les funcionó en el pasado. Claro que de hecho el tema no tiene bajo, al igual que un total de diez de las canciones del disco. Sin embargo, esta vez lo más sorprendente es un riff guitarrero, efectivo y contagioso que se acopla a la voz en falsete de Jack White que se repite en una constante letanía. Primer acierto. Tras éste llega “The Nurse”, un curioso tema que explota su lado más arty gracias a esa marimba (instrumento musical semejante al xilófono) que dota a la canción de una peculiar melodía casi de juguete. No es hasta el siguiente tema “My Doorbell” cuando empiezan a aflorar los intensos paralelismos sonoros con nada más y nada menos que Led Zeppelin, una asociación de ideas que ganará en intensidad cuando lleguemos a temas más duros como ese blues-rock de riff trepidante que es “Instinct Blues” o incluso cuando el disco adopte una vertiente más folkie en la canción “As Ugly As I Seem” que evoca al “Going To California” de los LedZep. Este hecho y la variedad de estilos desplegados (hillbilly en “Little Ghost”, un blues en toda regla en “I´m Lonely”, más varios medio tiempos al piano poco instrumentados, pero muy bien estructurados como “Forever” o “White Moon”) son los factores claves de un álbum que los afianza en lo más alto.
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