Tras el premiado documental y ese primer disco que le convirtió en nombre de referencia, llegó una gira que se ha acabado fundiendo con la siguiente, con una sencilla pero espectacular puesta en escena, acompañado por seis bailaoras profesionales. Hablo de “Guitarra coral”, semilla de la que nace este flamante segundo disco de Yerai Cortés, “Popular”. “Antes de la gira ‘Guitarra coral’, tocaba la guitarra solo. Me llamaban para tocar y yo iba solo con mi guitarra, sin acompañamiento, pura guitarra, hasta que me ofrecieron la oportunidad de hacer un espectáculo nuevo, de presentarlo en un festival de flamenco. En ese momento no tenía nada claro qué quería hacer, pero sí sabía que no quería hacer lo que ya había visto. Fue entonces cuando se me ocurrió empezar de la manera más primitiva posible… Después de la guitarra, ¿qué metería? Pues metería la percusión, metería la palma y el pie. Yo soy excesivamente fan de lo coral, no solo de voces, sino de todo lo que viene en ‘pandilla’, por así decirlo. Es decir, si hay un pie, me apetece que ese pie lo den quince personas. Si hay un corro, me apetece que ese corro sea de veinticinco personas. Soy muy fan de eso. Si hubiera tenido la oportunidad de llamar a treinta y siete guitarristas para que hiciéramos todos en unísono la misma melodía, lo hubiera hecho, pero no podía. Entonces incluimos la palma, la palma tablaera, de las que a mí me gustan y a las que hoy en día echo mucho de menos. Por eso me llevo a bailaoras para que hagan eso”.
"El flamenco necesita ser provocado y se necesita que te provoquen también para que te salgan esas cosas que te salen de dentro"
Caprichos del azar (o el destino) y el arte, si con su anterior trabajo cerró una herida, el devenir de “Popular” vino marcado a partir de otra. “Yo empiezo a escribir porque, cuando yo comencé a componer este disco, que era cuando más preparado que nunca estaba para hacer un segundo álbum, justo cuando cerré la herida que se muestra en la peli, se me abrió otra, en la mano. Tenía que estar cuidándola mucho y tuve que parar porque me escayolaron. Ese parón me hizo seguir en el arte, pero ya de otra manera. No tenía la guitarra en la mano, pero sí la tenía muy presente en la mente, en la cabeza. Así fue como empecé a dibujar esas falsetas, esas piezas musicales… Grababa audios, las tarareaba y escribía un estribillo y otro; y cuando ya me recuperé, me puse a meter guitarra en las canciones y vi que no había ya espacio. Ahí la guitarra ya no aportaba nada como principal, Entonces, empecé a crear este disco con todo el proceso que siempre hago con la guitarra, pero sin la guitarra. Este trabajo me ha dado muchas alas, mucha libertad. He descubierto al Yerai que escribe canciones, al Yerai creativo que visualiza una escena, que visualiza un concepto de álbum. He descubierto muchas ramas que me han inspirado mucho para hacer arte el resto de mi vida”.
En este nuevo trabajo se intensifica la voz femenina como compañera de su guitarra, una predilección por el cante de las mujeres que le viene desde muy temprana edad y con un halo de espiritualidad festiva muy presente. “Nunca he sabido por qué todas las canciones que hacía las acababa cantando una mujer… Es verdad que el cante que más me gusta es el cante femenino, siempre ha sido así, las canciones más importantes de mi vida las ha cantado una mujer y creo que me viene de la infancia… Cuando vamos a la iglesia, los gitanos, porque a mí de chiquitito me llevaban mucho a la iglesia de los gitanos, que es una iglesia evangélica, nos encontramos con que, en el culto, una de las cosas que más te llaman la atención es que hay coros para cantar esas canciones. Detrás de cada oración, detrás de cada testimonio, se canta y nunca se canta en solitario. Siempre se canta en coro y siempre son mujeres. Entonces, yo iba a la iglesia y escuchaba a esas gitanas cantando altísimo, porque siempre ha sido como un grito al cielo que estaba lejos y había que chillar para que llegara el sonido hasta allí… Creo que me viene mucho de ahí y, por eso, casi todo lo que compongo es teniendo a una mujer en la cabeza para que lo cante”.
No hacen falta más que unos segundos de “Gazpachuelo” para sucumbir al hechizo y entender la esencia popular, luminosa y curativa que recorre el disco. “El flamenco no es una cosa intimista. El flamenco es un arte colectivo. El flamenco necesita ser provocado y se necesita que te provoquen también para que te salgan esas cosas que te salen de dentro; porque la mayoría de las cosas del flamenco no se pueden explicar, ni se pueden enseñar, te tienen que pillar en el momento y hacerlas. Es una cosa de unión, una cosa que viene cuando el pueblo se une, cuando la gente baja a la calle y se juntan unos cuantos en un corro y se ponen a cantar y bailar. Eso ya es bastante popular y, evidentemente, si nos vamos a Machado, lo popular es cuando el pueblo canta unas canciones que ni siquiera saben de quiénes son, pero parece que son de cada uno de ellos. Son suyas. ¿Por qué? Porque les tocan el corazón, porque las sienten suyas, porque les han acompañado en esa memoria colectiva, en esa época de su vida. Eso es lo popular, el folclore de las tierras. Por eso, en este caso, abro por verdiales, porque no hay cosa más folclórica y más primitiva que un verdial en el flamenco. Y tampoco hay cosa más popular que un plato de gazpachuelo, que eso se hace en Málaga y es una cosa que se hereda, que se va transmitiendo de generación en generación. Y claro, algo más popular que el amor, creo que no lo hay. Todo el mundo hemos reído por amor, hemos llorado por amor, hemos querido, hemos querido que nos quieran… Es una cosa que nos une a todos de distintas formas y con el mismo impacto”.

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