Inmortalidad y castigo (Vol. 1)
ComicsKentaro Satō

Inmortalidad y castigo (Vol. 1)

8 / 10
José Martínez Ros — 05-07-2026
Empresa — Arechi

En 1968 se estrenó una modestísima película de terror, rodada en blanco y negro para abaratar costes y con un reparto de actores desconocidos. Lo normal es que hubiera pasado desapercibida, pero acabaría convirtiéndose en una de las obras más influyentes (e imitadas) del séptimo arte. Se trataba de “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero. Aunque el concepto de “zombi”, procedente del folclore haitiano, no era nuevo, y había sido utilizado ya en producciones anteriores, esta película lo configuró como uno de los monstruos básicos del terror contemporáneo.

Además, incluía una serie de motivos que se repetirían una y otra vez, en toda clase de versiones posteriores: el clima apocalíptico que se desata “cuando no quede más espacio en el infierno, los muertos volverán a caminar sobre la tierra”; unos protagonistas que son personas comunes, sorprendidos por la epidemia zombi, a la que deben hacer frente con los escasos medios a su alcance; y un escenario claustrofóbico que es asediado por las hordas de resucitados, en el caso de la película original de Romero, una granja, que sería sustituida por un centro comercial en su magnífica secuela “Dawn of the Dead!” (1978).

Desde entonces, “la fiebre zombi” no ha dejado de expandirse por la literatura, los videojuegos, el cine y, por supuesto, el cómic, para vivir un nuevo punto álgido a comienzos del siglo XXI, con dos hitos clarísimos. En 2002 se estrenó “28 días después”, del cineasta británico Danny Boyle aliado con el guionista Alex Garland. Y una más tarde, se publicaba el primer número de “The Walking Dead” de Robert Kirkman y Tony Moore. La primera década del siglo XXI perteneció a los “infectados”.

Por supuesto, la gigantesca industria del manga, sin duda la más poderosa del cómic mundial, no ha permanecido ajena a este fenómeno. Y así, entre otros muchos menos destacables, tuvimos el excelente “I am a Hero” de Kengo Hanazawa (que se inició en 2009). Una de las particularidades de esta obra es que sustituyó al protagonista “hombre o mujer común” por el protagonista decididamente inadecuado. Como “héroe por accidente”, teníamos a Hideo, un mangaka fracasado, con fobia social, un estado psíquico bastante dudoso y unas habilidades para la supervivencia limitadísimas.

En “Inmortalidad y castigo” de Kentaro Satō damos un giro más. Aunque, de nuevo, nos hallamos ante una obra con un reparto bastante amplio, el protagonista es un sujeto de lo más peligroso y despreciable. Este es Fumito Yakaze, un joven que se ha citado para prostituirse con una mujer madura en uno de los famosos love hotel de Kabukichō, el famoso “barrio del placer” del distrito de Shinjuku, en Tokio. Lo que su clienta no sabe es que este chaval taciturno fue condenado, cuando aún era menor de edad, como un asesino responsable de cuatro atroces asesinatos de adolescentes. Después de ser liberado, vive escindido entre los reproches de su conciencia y los impulsos homicidas, su atracción innata por la muerte. De repente, como suele ser habitual en este tipo de historias, estalla la plaga zombi, sin ningún tipo de explicación de su causa. Comienza a ver escenas violentísimas por la calle, desde las ventanas de su cuarto en el Love hotel. Las noticias reflejan el caos que se extiende, a velocidad de vértigo por todo el país. Y, peor aún, los pasillos del hotel también son invadidos por esos seres. Fumito ha quedado atrapado en su habitación. Su subconsciente empieza a susurrarle que lo que sucede a su alrededor no es otra cosa que el “castigo” que merece.

“Inmortalidad y castigo” es un manga con una narrativa brutal, en la que no se ahorra las escenas sórdidas, la sangre y las vísceras. Se trata de una obra, además, impregnada de ese nihilismo que muchas veces nos sorprende en la literatura y el cine japonés, de una enorme desesperanza vital. De hecho, cuando encontramos a una segunda superviviente, también encerrada en un cuarto del love hotel, esta también es un personaje que, si bien no arrastra un pasado tan espantoso como el de Fumito, se encuentra también en una auténtica bancarrota moral: una chica que trata de abrirse paso como idol y que estaba allí para verse con su sugar daddy, a la que le resulta cada vez más difícil soportar el modo de vida que ha elegido. En los siguientes volúmenes, iremos conociendo a otros personajes, que también se hallaban en el hotel, con un punto común: todos son individuos maltrechos, carcomidos por dentro, mucho antes de que el apocalipsis zombi empezara.

No obstante, si el lector es capaz de asumir ese fatalismo sobre la condición humana casi absoluto, “Inmortalidad y castigo” resulta tremendamente adictivo. Su autor le impone, en sus primeros episodios, un ritmo acelerado y aprovecha perfectamente la localización para conseguir todo tipo de situaciones angustiosas. Si mantiene ese nivel (por lo que sabemos, concluirá en su octavo tomo), puede ser uno de los mejores mangas de 2026.

 

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