Después de esa nube
DiscosBariri

Después de esa nube

7 / 10
Fran González — 04-07-2026
Empresa — Raso Estudio
Género — Indie pop

A pesar de que su carta de presentación estuviera marcada en su día por una abierta querencia al hedonismo y a la cachaza, BARIRI ha sabido ponerle un inteligente tamiz a su temple más disfrutón con un segundo disco que, aunque todavía deudor del gesto pícaro y de la broma bien puesta, nos revela una conciencia emocional más afinada que en sus primeras canciones.

“Después de esa nube” es la segunda aventura en el renacimiento discográfico de Iñaki Oro, un nombre recurrente en el indie patrio que, tras su paso por otras formaciones (Joe la Reina, La Tripleta Picante) y una epifánica pandemia, ha encontrado su mejor versión entre las enseñanzas del rock argentino, el desenfado mestizo, el cachondeo estival y el placer casi político de pasarlo bien. Tenemos aquí, por supuesto, nuestra respectiva ración de validos juguetones e invitaciones al deleite socarrón (bajo esa premisa arrancan, de hecho, muchas canciones del compacto); pero tal y como el título de este nos indica, su responsable también ha querido trascender el artificio festivo en favor de dejarnos entrever una lírica quebrada y contenida, fruto de esa bruma reciente que todavía colea en su imaginario.

Sin caer necesariamente en el dramatismo descarnado, BARIRI revierte la experiencia íntima con un gesto de extraña ligereza (“Nos despedimos otra vez sin saber cuándo nos volvemos a ver”), acuñando al desencanto su gusto por la métrica contorsionada. Si el cantante opta deliberadamente por esa técnica vocal retorcida y casi críptica para escapar de una lectura inmediata o lineal (precipitando versos hasta prácticamente hacerlos indescifrables) es cosa suya: lo que a nosotros nos llega, desde luego, es suficiente para sentirnos interpelados y hasta tocarnos la fibra.

Más allá del virtuosismo verbal, el registro del vasco-argentino gana enteros cuando se decanta por el valor primario, llevando el sentimiento hasta su forma más instintiva y casi corporal. Es la voz, señal distintiva y marca regia de Iñaki, la culpable de que referentes tan diversos, y en apariencia antagónicos, como lo que este maneja estén condenados a entenderse tan bien; en “Medio colgado”, junto a Juan Cortabarría (Música Casera), el artista articula una dialéctica afectiva marcada por la bipolaridad del amor contemporáneo entre la entrega y la retirada; “Manzanita de tus ojos”, en cambio, emerge de un romanticismo doméstico y tierno, sostenido sobre piano y guitarra acústica, donde la apuesta dialoga diametralmente y sin mediación irónica con la tradición del pop-rock argentino más retro. Esa capacidad suya para deformar las palabras, nuevamente, es el nexo de unión entre su vis apasionada ("Arroro mi niño, arroro mi sol/Duérmete pedazo de mi corazón" canta en "Donde quiera que estés") y su inclinación por lo lúdico (“En sudapa y bañata voy en mi bicicleta”), abriendo la mano sin cortapisas al pastiche cartoonizado en los momentos más Gorillaz del elepé (“Cocinando ando” y “Hashtroenteritis”).

“Samuelito” condensa, por último, la síntesis más precisa de la propuesta (“Después de esa nube, amor / Está eso que esperas”), zanjando de forma cristalina que el encanto de esta no pasa por la simple celebración de estar bien, sino por sacarle punta a esa noción más compleja de volver a habitar el mundo después de haber atravesado la neblina. Porque después de la nube siempre nos quedará BARIRI y la promesa de estar mejor.

 

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