Volver a empezar
Entrevistas / Brett Anderson

Volver a empezar

Jordi Nopca — 28-10-2008
Fotógrafo — Archivo

Brett Anderson quedó harto del rock’n’roll después de más de diez años al frente de Suede y el proyecto fugaz The Tears. En su primer disco en solitario, aparecido en la primavera de 2007, Anderson apostaba por un sonido acústico y preciosista que en “Wilderness” (Drowned In Sound/Dro), su segunda entrega, se convierte en instrumentaciones mínimas que acompañan a su voz.

“Cuando me planteé empezar mi carrera en solitario, tenía muy claro que quería dar la espalda al sonido y la escena rock que hasta entonces me había acompañado. Quería escapar del alternative mainstream donde estaba encasillado gracias al éxito de los primeros discos de Suede…”. Seis años después de “A New Morning” (Columbia, 02), último disco de estudio de su proyecto más conocido, Anderson quiso distanciarse del glam-pop de Suede con su debut homónimo, del cual “Wilderness” es su continuación llevada a la apuesta esencialista de acompañar su voz a lo largo de todo el disco de únicamente una guitarra, un piano y un cello.

“Las nueve canciones de ‘Wilderness’ son Brett Anderson en estado puro”

“’Wilderness’ es mi disco más arriesgado, porque nunca antes había compuesto un álbum entero y porque por primera vez soy yo quien toca la guitarra y el piano… Quería buscar mi lado más espontáneo e intimista”. Como es habitual cada vez que publica nuevo disco, Anderson está especialmente orgulloso de sus nuevas canciones, pero esta vez asegura que su felicidad se debe a un motivo especial. “Creo que después de escribir e interpretar muchas canciones, finalmente he encontrado mi sonido. Las nueve canciones de ‘Wilderness’ son Brett Anderson en estado puro. En el mundo del pop, el reto más difícil es llegar a poder hacer algo que únicamente tú puedes hacer…”.
La primera ocasión en que Anderson probó su nuevo formato –en escena se reduce a él y la violonchelista Amy Langley– fue a finales del 2007 en un teatro de Londres, ciudad que para el ex vocalista de Suede ha sido fuente de inspiración y de todo tipo de experiencias desde que cambiara Haywards Heath por la capital inglesa a finales de los ochenta. “Llegué a Londres en plena adolescencia, y como outsider viví todo tipo de experiencias nuevas y al límite que me inspiraron para mis primeros discos con Suede. Londres es una bestia enorme, extraña y agresiva que solamente se aprende a dominar con mucho tiempo y paciencia. Ahora me siento mucho mejor, en la ciudad, y es la única parte del mundo donde realmente estoy en equilibrio. A lo largo de los años he cambiado mucho y he aprendido a aceptar el día a día con mucha más tranquilidad”. Si en el terreno personal el Brett Anderson actual ha encontrado un camino estable, sus nuevas canciones exploran sentimientos al límite, desengaños (y un poco de esperanza) para entregar un disco “sobre la dinámica de las relaciones humanas”, capaz de “conservar el mismo estado de ánimo”. Reflexivo, emotivo y pesimista, Anderson nos recuerda que ya en Suede se sentía atraído por el lado menos soleado de la existencia. “Algunas canciones de ‘Dog Man Star’ o del primer disco de Suede como ‘Sleeping Pills’ o ‘Pantomime Horse’ ya apuntan en la línea de ‘Wilderness’. Actualmente, mi disco favorito de Suede es la recopilación de caras B ‘Sci-Fi Lullabies’, lleno de grandes canciones que en su momento quedaron fuera de nuestros discos injustamente”. Anderson, que ha dejado de creer en el poder seductor –y exclusivista– de la cara oculta de los singles, ha rescatado la B side de “Love Is Dead” para convertirla en uno de los mejores temas del álbum, “Clowns”, o ha regrabado “Back To You”, coescrita junto a Fred Ball (Pleasure) y para la cual ha contado con la seductora presencia de Emmanuelle Seigner. “Quería probar si funcionaba acústicamente, y el resultado es mejor de lo que inicialmente pensé. Emmanuelle consigue darle un toque elegante y oscuro a la canción que resulta muy convincente”.
Escrito en seis meses y grabado en cinco días, “Wilderness” es un disco conciso y directo donde Anderson demuestra controlar mucho mejor las distancias cortas que los excesos instrumentales de su debut. Es el disco que los fans de los Suede más melódicos estaban esperando: puede que sea demasiado breve, pero las nueve canciones que contiene brillan intensamente, con la misma fuerza decadente de “By The Sea”, “We Are The Pigs” o “The Living Dead”.

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