Elefant vuelve a dar cobijo al nuevo trabajo de uno de sus artistas favoritos, Alejandro Diez Garín, quien, seguramente, no necesite presentación a estas alturas: un mucho de Los Flechazos, un casi todo con Cooper, el leonés sigue peleando a la contra, ajeno, por fortuna, a modas sonoras y al indie mainstream. Alex aparece, siete años después de su último largo, con Tiempo, temperatura y agitación (Elefant, 18) un decálogo musical donde las canciones no necesitan ni paspartús ni marcos para quedar inmortalizadas.


¿Cuánto tienes de laborante y cuánto de fotógrafo?
De fotógrafo no tengo nada. Lo que pasa es que me inspiró mucho tener a mi chica al lado, que es fotógrafa. Siempre está cacharreando, pensando en las sesiones. En la vida de casa está muy presente lo de las fotos. En algún sitio ya lo he comentado. Estaba leyendo “Volverás a la Antártida”, un libro de Paco Gómez, que todos sus libros van de fotografía y me flipan mucho las historias que se inventa… Van de fotografía y van de reelaborar una fotografía que ya está hecha, que es un poco lo que he hecho yo toda mi vida: volver a hacer las canciones que ya están hechas, pero a mi manera.
A partir de ahí pensé que era buena idea rebuscar un poco en el proceso fotográfico a ver si había algo que me diera una idea para el título del disco. Y me encontré con ese concepto del revelado analógico de toda la vida. Son los tres parámetros que había que tener en cuenta. Me gustó. Me gustaba más en inglés, porque tiempo y temperatura son dos palabras que se separan más. En español es un poco cacofónico. Pero por otra parte, todas las repeticiones me van bien.

Parece que te consideras, entonces, más laborante. ¿Componer las canciones o tocarlas?
A mí me gusta sobre todo tocarlas en directo. No me gusta grabarlas. Me resulta un proceso horroroso. Al componerlas, como soy muy impaciente, hasta que no las he terminado no me quedo tranquilo. Tengo en mi cabeza una losa: “Hay que hacer esto, hay que hacer esto. Tengo que acabar, tengo que acabar”.

Bill Brandt, fotógrafo inglés, decía que un fotógrafo debe tener y conservar las facultades receptivas de un niño que mira el mundo por primera vez. Con este disco de Cooper, ¿te has sentido niño otra vez? Creo que es un nuevo Cooper.
Me identifico totalmente con esa frase, trasladándola a la música. Durante mucho tiempo, de manera recurrente, he hecho el ejercicio de intentar recuperar la mirada de la inocencia, de los primeros tiempos. Lo hice con Los Flechazos en un disco que se llamaba “Días grises” (Elefant, 96), que era un mini LP de seis temas en el cual yo quería plasmar seis estados de ánimo de mi adolescencia. Y en este disco, a raíz de haber hecho la gira de “Popcorner” (Elefant, 16), creo que, de manera inconsciente, lo he vuelto a hacer.
Cuando inicié la etapa de Cooper había una canción que yo no quería tocar, que era Technicolor, porque me parecía que se apartaba de la línea que quería desarrollar con Cooper. Pero en aquel momento estaba con Elena, de Los Flechazos, y me dijo: “Tú tienes una capacidad que no tiene otra gente, que es la de hacer, con tu edad, con tu bagaje, canciones como si tuvieras quince años. No puedes renunciar a hacer eso”. Es una lección que aprendí entonces y que la he puesto en práctica. Si me sale una cosa que, en teoría, no se corresponde con mi momento pero soy yo, también la voy a hacer.

Porque al acabar la gira de 2016, la de Popcorner, por algunas declaraciones tuyas, parecía el punto y final a las “reminiscencias Flechazos”. Pero quizás este disco de Cooper sea el más “flechazo” de los cinco. ¿Compusiste durante esa gira o lo dejaste para después?
Son todas de después de la gira. Menos Telarañas, que estaba hecha sin letra. Bueno, puede ser que algunas sí estuvieran hechas durante la gira. Aunque tampoco recuerdo. Quería estar un año tranquilo y pensar qué iba a hacer. Y cuando me planteé hacer un disco fui cogiendo los trozos que tenía y terminando. Hay muchas canciones que no sé exactamente de dónde vienen.

Pero a la hora de armarlas definitivamente, ¿crees que te ha influido la gira? Como te decía, tengo la sensación de que es un disco muy “flechazo”…
Sí, tiene otro tono, otra energía, como una energía recuperada. No sé si es exactamente más optimista, pero sí que es un Cooper distinto, siendo primo hermano de otros discos de Cooper. Hay canciones que tienen temáticas parecidas. Yo tengo la sensación de que me ha sentado muy bien.

“En este disco hay un montón de cosas que han escapado a mi control”

¿Echabas de menos los vientos, el soul…?
No mucho. Pero la gira me ha colocado en una situación privilegiada, porque he tenido una exposición mediática mayor de la que yo tenía de manera natural. Eso me ha permitido estar en una posición en la cual puedo llevar en directo a más músicos sin que me tengan que meter en la cárcel por deber demasiado dinero.
Había visto la reacción de la gente ante las canciones de Los Flechazos, ante una banda y no un cuarteto, y, sobre todo, que yo quería seguir tocando En el asiento de atrás, que a mí me gusta mucho. Aunque he llegado a tocarla con Mario en acústico, con dos guitarras, es una canción que no se puede tocar sin los metales, sin los teclados. Entonces, como vamos a llevar teclados y metales, pues hago un disco en el que no sean la voz principal pero que estén acompañando. Hice todos los arreglos pensando en ese formato: quinteto con el teclado y luego, metales. Pero no es que echara de menos los metales porque echara de menos cierto tipo de música. Al revés. Yo lo que quería era utilizar esos elementos sonoros en la música de Cooper. Los metales de este disco, a pesar de lo que dice la nota de prensa, de soul no tienen nada. Son metales pop como podrían utilizar The La’s, The Boo Radleys o los grupos de britpop cuando metían un arreglo de metal. O The Jam al final de su carrera. La idea era esa. Para mí la música es como un árbol. ¿Tú sabes el tronco de un árbol, que tiene un alma, que es el centro, pero cada año se hace un círculo y cada vez es más grande, cada vez es más fuerte, cada vez es más gordo y más importante? Porque se acumulan las vivencias de todo. Yo no quiero renunciar a nada. Si en algún momento renuncié a Los Flechazos, no lo hice conscientemente. Ahora yo quería ampliar, pero manteniendo el alma de Cooper.

Además, vas a recuperar para todos los conciertos temas de Los Flechazos, que no siempre ha sido así en los directos de Cooper. En Murcia, primer concierto tras la grabación del nuevo disco, creo que cayeron Luces rojas y A toda velocidad. ¿Son las fijas o habrá variaciones?
Y Atrapado en el tiempo. La idea es tocar tres o cuatro. Tenemos mucho repertorio, pero quiero tocar también las nuevas. En este primer concierto de Murcia sólo tocamos cinco del disco nuevo, pero porque todavía no había salido.

El último tren o Salto, con las que abres el disco, son, vamos con los lugares comunes, toda una declaración de intenciones. ¿Te cuesta elegir mucho el orden de las canciones?
En este disco hay un montón de cosas que han escapado a mi control. Una de ellas ha sido esa. Yo quería haber puesto para abrir el disco Islandia.

Esa es la primera de la cara B.
Sí. Es mi canción favorita del disco. O una de las dos favoritas. Pero como vi que en la gente de mi alrededor había como otro tono con “El último tren“, pues no tuve problema. Me quitaba una con metal. Tenía que hacer un equilibrio cara A, cara B. Siempre pensando en el vinilo: tiene que haber una lenta en cada cara, dos o tres con metal, porque sólo hay cinco con metal… Pues todo eso se escapó a mi control. Cuando llegó el momento de elegir el single del lanzamiento yo quería lanzar Islandia. Elefant quería Ya llegó el verano. Pero esta yo quería lanzarla el 21 de junio. Yo soy un tío que hace muchas canciones de verano, pero siempre las saco en diciembre o en enero. Eso es una cruz. Por una vez que tengo una canción de verano y se puede sacar en verano, yo quería sacar el video el día que empieza el verano. Entonces me dejaron descartarla como primer lanzamiento. Pero acabó siendo “Infinito”, que es una canción que tiene mucha conexión lo mismo con la nueva ola que siempre me ha gustado, con la música de mi juventud, “costelliana”, de Graham Parker, que con los grupos de britpop. Me parece una canción muy Graham Coxon, el guitarrista de Blur. Yo quería hacer una canción en plan Graham Coxon con una producción en plan Stephen Street, que es el productor de Graham Coxon. Ha salido eso porque yo siempre tiro para mi redil, pero es una canción que también me mola mogollón.

Hoy habéis lanzado Ya llegó el verano. ¿Cómo llevas eso de ir adelantando con cuentagotas las canciones? ¿No echas de menos lanzar un single y luego, pasados unos días, el disco entero?
A mí me gusta. No me importa. Yo tengo mucha presión en lo relativo a cómo presentar el disco porque pusimos el listón muy alto con Mi universo, con la gira Internet, que es algo que no se va a volver a poder hacer.

Presentasteis cada canción con un video.
Fue un trabajo titánico del que más orgulloso no me puedo sentir, pero no se puede hacer eso con cada disco. Con el disco siguiente nos inventamos la gira del aperitivo, tocando al mediodía, todo muy nuevo. Por eso en este disco yo dije que me iba a dedicar a tocar la guitarra. No me pidáis campañas de marketing. Eso es otra de las cosas sobre la que no tengo control. Y estoy muy tranquilo. No he tenido control sobre las mezclas del disco, no tengo control sobre los singles… Y me viene muy bien dedicarme a tocar.

Precisamente, en marzo de 2003 escribiste el famoso manifiesto Diez razones para no volver a grabar un álbum. Tres lustros después, ¿seguirías suscribiendo alguna de las razones? ¿Te reconoces?
Cavando mi tumba comercial para el resto de mis días. Pero me sigo reconociendo en todos. Lo que pasa es que no puedo cambiar el mundo. Me parece que me adelanté mucho en el tiempo. Y, más o menos, ya ha llegado ese momento en el que muchos grupos están sacando EP’s, sacando singles y funcionado de otra manera con singles digitales. Pero en ese momento, esa faceta mía de visionario me trajo muchos disgustos. Sobre todo porque a raíz de eso el estatus del grupo paso a ser el de un grupo menor. Para el negocio musical y para los medios de comunicación. De hecho, la mejor canción de Cooper, no sé si lo he contado alguna vez, es “Cierra los ojos” Era tan buena que no la quisimos vender. La quisimos regalar. Era el single de regalo que hicimos con la gira. Pues yo no he leído ninguna crítica de ese single. Como era un disco que no se vendía, era un disco que no se reseñaba. Hasta ese punto llega el choque entre mi mentalidad y la mentalidad del negocio.

“Yo no escribí las reglas, ¿por qué tendría que seguirlas?”, dijo Eugene Smith, fotoperiodista americano. ¿Te sigues viendo a la contra?
Totalmente. Vengo de tocar en el festival Warm Up de Murcia y me identifico con gente del público. Me cuesta mucho identificarme con lo que tengo alrededor. Pero me parece que es divertido colarse en la fiesta. Y oigo a mucha gente a mi alrededor hablar de diversidad. Pero a ver si es verdad lo de la diversidad, porque la diversidad que quieren es sólo la suya. Me parece que Cooper aporta una perspectiva totalmente distinta a la que pueden tener todos los demás grupos de la escena musical. No creo reconocer a ningún grupo que sea como somos nosotros.

¿Cuál es para ti el momento decisivo en todo el proceso de un disco? ¿La composición? ¿La grabación? ¿La puesta en escena?
Yo estoy deseando salir a tocar el disco. A mí me parece que los discos reflejan un momento y hay que disfrutarlo. Yo me lo he pasado muy bien grabando este disco. Lo que pasa es que ha habido muchos viajes. Pero he podido hacerlo como yo he querido. Y el momento decisivo, si nos ceñimos al resultado de este disco, es al hacer las canciones, porque son las canciones las que soportan el disco, más que todo lo demás. Y eso lo haces en tu habitación.

“Lo analógico en la música  es importante pero hay veces que prefiero lo más moderno”

¿Piensas, a la hora de componer, en el espectador que estará mirando la foto?
Vengo de una escuela perdida en el tiempo en la que los músicos tocaban para divertir a la gente. No me subo al escenario a soltar mis neuras ni a hacer terapia. Soy un músico a la antigua usanza. Yo toco para la gente. Toco lo que yo quiero. Seguramente, cuando me canse de hacer canciones o vea que ya no hago canciones que me gusten lo siguiente que haré será montar una banda de versiones de finales de los 60, con metales y órgano Hammond, y me lo voy a pasar teta tocando canciones de The Foundations. A mí lo que me divierte es tocar. Y el directo. Esa parte del músico y del entretenimiento. Pero, claro, intento hacerlo lo más artístico posible. Y hacerlo de una manera personal. No me lo planteo de otra manera.

Te podría seguir la corriente y decir que Islandia es mi canción favorita del disco, pero me he quedado pillado con con “Dos grados bajo cero”, donde seguro que sorprendes a extraños y no sé si también a propios. ¿Cómo surgió? Me parece una canción con un letra muy triste pero la música transmite un buen rollo tremendo. Creo que es la canción menos Cooper y menos Flechazos.
Y la menos canción.

¿Una tema para acabar los conciertos?
A mí me gusta muchísimo. Iba en coche y escuché una canción de Primal Scream. Siempre me ha gustado la música instrumental. Yo lo que quería era hacer una canción que empiece molando mucho, y que siga molando, y que siga molando, hasta que llegue un momento en el que dices, esto, como no cambie, va a dejar de molar. Hasta llegar al punto en que casi estás perdiendo el interés. Y cuando estás perdiendo el interés, apareces con un estribillo brillante.

Además, la canción tiene poca letra.
Es un estribillo repetido. Es una canción más para bailar y para tocar, sin virtuosismos. Es ambiental, instrumental, pero luego tiene ese estribillo. Estaba pensando en mis grupos favoritos, ya te imaginas: The Seahorses, The Charlatans, grupos de Manchester y cosas así. Pero con un arreglo más de mi gusto, con unos metales y con percusión que sonara al soul y al latin jazz que he oído durante tantos años y que nunca he podido hacer. En esta canción me apetecía hacer algo así. Trajimos a un percursionista caribeño, metimos los metales… Yo con los metales siempre tengo una pelea. A la gente de los metales, de las trompetas, les tengo que decir: “Os tenéis que alejar mucho de Tijuana y tenéis que ir hacia Memphis”. Siempre acaban sonando fronterizos. Y yo lo que quiero es que suenen al barrio de Nueva York, o a Memphis. Con esta canción yo creo que lo conseguimos. Hay una mezcla entre gustos británicos y gustos americanos, o afroamericanos, que mola. Luego, el estribillo también es muy mío. Y te voy a confesar una cosa: la letra no dice nada. Dice lo que tiene que decir.

Yo creo que sí, aunque sea triste. Además sale febrero, mi mes favorito.
Es curioso. Cuando estábamos grabando esta canción, era febrero y se puso a nevar.

Antigua y nueva formación. Por un lado, Mario y Dani, vieja guardia. Por otro, Conrado, sustituyendo a Nacho, e Inés, que viene de conservatorio. Tanto por edad como por procedencia, ¿es tu banda más heterogénea?
Es una mezcla muy chula. Toda la gente aporta una visión distinta cuando tocamos. Yo quería hacer un grupo que fuera un grupo. O sea, que fuéramos amigos y que nos lleváramos bien. Inés es casi tanto corista como teclista. Hay canciones en las que sólo hace coros y canciones en las que mete algo de teclado. Luego en las de Los Flechazos mete el órgano.
El grupo está pensado para el directo. No sé si con esta formación grabaremos discos en el futuro. En principio hay un compromiso para hacer esta gira, preparar un repertorio y pasárnoslo bomba. Porque yo ya miro a muy corto plazo desde hace mucho tiempo. Hemos firmado un contrato que acaba en diciembre. De mayo a diciembre vamos a tocar juntos y después, quién sabe. Las primeras impresiones son geniales. Con los metales que vienen también.

“Me parecía que que había un hueco en la literatura española para hablar de los grupos que a mí me gustaban”

Excepto Dani, que ahora vive en Madrid, creo que son todos de León.
El trompeta también está en Madrid, pero el resto de gente está en León y podemos ensayar más de lo que ensayábamos antes. Nos está viniendo muy bien. En la época de Nacho, y después, en la de “Popcorner“, no ensayábamos casi nada. Nadie se lo creía. Íbamos a los conciertos sin ensayar. Había canciones que no habíamos tocado antes y en el concierto las tocábamos por primera vez. Nadie se lo creía porque había mucha coordinación entre nosotros. Con Nacho nos entendíamos muy bien y las mirábamos en la furgoneta, de camino al concierto. Que eso es una cosa que está muy bien pero yo no quiero volver a hacerlo.

Astrud dijeron aquello de “Hay un hombre en España que lo hace todo”. Ese hombre, ¿eres tú? Compones canciones, las grabas, las tocas, editas libros, los corriges, los diseña Óscar de la Huerga con tu ayuda, los distribuyes… ¿Qué te impulsó a involucrarte en el mundo de la edición?
Lo primero, te tengo que decir que tienes razón en que hago todas esas cosas, pero hay otras muchas que no hago. Por ejemplo, la parte técnica de las cosas ni la hago ni me interesa. En este disco he sido consciente por primera vez de la suerte que he tenido alejándome de los cachivaches y de las máquinas y dedicándome a escuchar música durante cuarenta años, por diversión y buscando la melodía perfecta, en vez de andar mirando qué tono tiene el bombo o dónde está el órgano. Eso me ha ayudado a entender la parte importante de la música y no la parte técnica.
Respecto a la editorial me pasa un poco lo mismo. Yo quería rellenar un hueco. Me parecía que había un hueco en la literatura musical española que era el hueco en el que no se hablaba de los grupos que a mí me gustaban y de la gente que a mí me parecía interesante. Había demasiados libros de los Beatles, demasiados libros de Bruce Springsteen. Y muy poca bibliografía sobre las cosas que yo había vivido y que para mí eran importantes. Como me dejaba tiempo libre el grupo pensé que era un buen complemento. Yo al final acabo dando esa impresión de hombre del Renacimiento que hace todo, pero todo tiene mucho que ver. Las cosas que yo hago están todas muy conectadas. Además hago los libros que me apetece y que me ponen muchísimo

Emilio Elegante, de quien has publicado ¡Ponte ya a bailar!, te definía como un editor mod errante. ¿Te compensan los miles y miles de kilómetros recorridos?
Sí, porque me gusta la gente. Yo soy un tío muy social y bastante gregario. A mí me gusta viajar a los sitios, tener amigos, estar en contacto con la gente, y con los autores de la colección, con la gente de las tiendas de discos y de las librerías. Eso me mantiene en el mundo. Igual que estoy bastante activo en las redes sociales, no en muchas. Pero las que tengo intento llevarlas bien. Pues todo eso no me cuesta, porque me divierte encontrarme con amigos. Eso me aporta mucho. Pero de errante, nada. No voy errando. Sé perfectamente dónde voy. Tengo el radar muy afinado.

A pesar de todo este tema de redes sociales, ¿te sigues viendo más analógico que digital?
Sí. Por el punto ese de romanticismo, por los procesos que fueron los primeros. Igual que de mis artistas favoritos casi siempre me gusta más su primer disco, suele ser mi disco favorito de ellos, pues en cada una de las disciplinas artísticas hay un momento clave en el que, lo mismo en la arquitectura, la pintura moderna, en el cine, en la música pop, coincide con que son momentos en que la tecnología se estaba desarrollando todavía para esas disciplinas. Pero no estoy cerrado a los cambios. Es verdad que no me gusta mucho cambiar. En ese sentido soy muy conservador. Es un poco lo que te decía antes: lo que no me gusta es ir dando saltos de una cosa a otra. A mí me gusta añadir a lo que ya tengo para hacerlo más grande. Pero sin renunciar a las cosas que me gustaron de verdad, desde el principio. Y lo analógico en la música creo que es importante. Pero es verdad que hay veces que prefiero lo más moderno.

¿Eres de Spotify?
No, no. La música que escucho y no compro la escucho en el ordenador a través de Youtube. No me descargo canciones ni tengo mp3. Tengo discos y cedés. Oigo mucha música en el ordenador, que es un asco.
Yo tengo que hacer un esfuerzo grande para escuchar los discos que me regalan, porque no tengo tiempo. Los que compro a veces se quedan veinte días tirados hasta que los abro. Por eso valoro muchísimo que la gente gaste media hora de su vida en coger “Tiempo, temperatura y agitacióny escuchárselo de pe a pa. Y luego, encima, ponerte en las redes su opinión del disco que tú has hecho.

Desde el anterior largo, al margen de UFH, que era un mini LP, han pasado siete años…
Pero es que yo creo que mi papel no es sacar un disco antes de cinco años. O seis. No tiene sentido que un artista como yo esté sacando discos cada año y medio. Si de repente surge alguna cosa, sí. Pero no voy a estar dando la lata porque “tengo que hacer una gira, entonces necesito una excusa, y saco un disco”. Aparte, que casi no duermo intentando meter en el repertorio canciones de todas las épocas y hacer una cosa coherente. Si tengo que hacer un disco cada año y medio me volvería loco, porque de cada disco habría una canción. Eso es un esfuerzo baldío. Me voy a dedicar, como en este disco, a hacer un disco que te cagas. Si no, no lo hago.

¿Qué te traes entre manos en Ediciones Chelsea? O ahora con la gira lo vas a tener más aparcado.
Este año lo tengo parado. Tenía un par de proyectos que no han podido fructificar. Sigo dándole vueltas a cosas, pero el año que viene me pondré a ver qué puedo hacer.