El trío vitoriano vuelva a hacer acto de aparición en escena con una grabación, “Out of the Ground into the Ground”, que se desenvuelve entre melodías embriagadoras y guitarras de rotunda oscuridad.

De innegable carácter guadianesco, la carrera de The Brontës vuelve a reactivarse un lustro después con la publicación de un nuevo álbum en el que hay que buscar sus motivaciones para ver la luz ligadas a la propia infraestructura más que a cualquier parámetro artístico, tal y como explica Iñaki Calzada, bajista de la formación y, junto al compositor principal Raúl Rama, fundadores hace casi un cuarto de siglo de este proyecto: “No tenemos prisa en sacar discos. Dar, o no, noticias depende de la situación del grupo, y estos últimos tiempos hemos estado condicionados a los cambios internos, pero una vez asentados, volvemos a crear con la misma motivación de hace 20 años”. Intensidad que queda patente en unos rugosos temas actuales que si bien se inscriben en ese continuo que ha ido asimilando el power pop, el indie original o el áspero rock, ofrecen una particular manifestación: “Queríamos darle una vuelta al sonido; salir de ese confort que suponía grabar y mezclar con lupa, ofrecer una visión más cruda, menos elaborada. Hacer un disco diferente a los demás, a pesar de que todos son distintos entre ellos”.

Novedosos matices, entre los que se incluye la recuperación, tras una temporada abrazados al castellano, del inglés, que sin embargo recaen en unas manos habituales como son las del productor Paco Loco, una pieza a priori clave: “Cuando está con nosotros, lo consideramos nuestro cuarto componente, aunque indispensable no sea nadie en este mundo”. Consideraciones musicales a las que no desmerecen tampoco unas letras marca de la casa: profundas, crípticas y que parecen contener un cuerpo común: “Raúl compone así. Según le viene la inspiración, sus ideas van trazando la historia que va a contarse en el disco. Es algo muy frecuente en su forma de crear: esa repetición de frases, esa aparente relación entre todos los temas…”. Todo un entramado lírico que a la vez que sobrecogedor y por instantes apocalíptico, a pesar de que sus autores apunten repuntes de optimismo: “también hay canciones con mucha luz, muy positivas”, sugiere múltiples interpretaciones parra el oyente, opción que para nada parece incomodarles, al contrario: “Entendemos que el ejercicio de que cada uno interprete a su forma es esencial en cualquier disciplina artística”.

Modos distintivos que dibujan una biografía que nos enfrenta a unos fieles convencidos del formato terceto -aquí completado por la incorporación a la batería de Fernando Martínez- para sacar adelante una propuesta que se encomienda a “la filosofía del triángulo, en el que no puede faltar ni sobrar nadie”. Inexpugnable fórmula que se extiende en el tiempo a lo largo de casi 25 años, un más que considerable recorrido que les sigue mostrando con una actitud diletante pero a su vez realista con respecto a su condición dentro del negocio: “Aunque hubiésemos querido, un grupo de rock-pop como nosotros, difícilmente podría haber vivido de la música. Pocos son los elegidos que lo puedan hacer hoy en día. Sí que desde el principio vimos que si nos dedicábamos más de la cuenta al grupo, nos saturaríamos enseguida, es algo que pasa frecuentemente”. Desánimo creador, que por lo expresado en este álbum, ni mucho menos se apodera de una banda consciente de los efectos del paso del tiempo en su configuración pero inasequibles en su pasión: ”Desde luego que ha habido evolución, pero mantenemos esa inmadurez que hace que todavía vayamos a ensayar con ilusión. Para nosotros, crear canciones en nuestro chamizo, es un tubo de escape esencial”.