Los últimos años han cambiado la vida de Jon Hopkins. Ha pasado de ser un interesantísimo artista de culto requerido por Brian Eno a producir a Coldplay, pero sobre todo llamó la atención de medio planeta con Immunity (Domino, 2013). Su siguiente paso no podía ser un álbum más, demasiados ojos y oídos están clavados en su espalda. Por eso, Singularity (Domino / Music As Usual, 2018) son todos sus mundos en un viaje psicodélico que va de lo urbano e industrial a lo natural y sutil. Para construirlo se ha apoyado en la meditación, que practica desde hace algún tiempo entre sesión y sesión como DJ, y aprovechando que hay ansia por todo lo que haga, Opalescent (Just Music, 1999), su primer álbum, se acaba de publicar por primera vez en vinilo. El mundo le espera y él lo sabe.


Veo que se reedita Opalescent, tu debut de 2001. ¿Cómo ves este disco con todo lo que has aprendido desde entonces?
Para mí suena como el disco de un chaval de 19 años intentado adivinar qué es lo que iba a hacer. Lo empecé con 19 años y lo terminé con 20, pero todas las ideas que hay ahí las tuve con 19. Lo hemos reeditado porque a lo largo de los años se ha hecho popular, aunque más para las generaciones más mayores que para gente a la que le gusta Immunity, porque es ambiental y tranquilo, por eso hemos querido publicarlo en vinilo por primera vez, porque ha habido muchas peticiones estos años. Lo pedían tanto que lo escuché y hay un par de cosas ahí que se pueden relacionar de alguna manera con lo que hago ahora. No muchas, pero al menos hay un par de temas que sí y, bueno, hay que empezar de alguna manera, y esos fueron mis inicios.

¿No te sorprendes oyéndolo y pensando “Bueno, es que tenía 19 años…”?
Sí, bueno, hay alguna cosa de la que no estoy particularmente orgulloso, pero sobre todo fue parte de mi trabajo. Lo veo más como una manera de respetar lo que he dejado atrás y, como te digo, hay un par de cosas ahí de las que sigo orgulloso. Si obtienes una buena respuesta a lo largo de los discos y les apetece oírlo en vinilo, te anima mucho.

Insisto porque buscando información sobre ti he visto que en la página en la que se anuncia tu actuación en la Mondo Disko hay una playlist con muchos temas de Opalescent, y me ha sorprendido.
No creo que se lo pensaran mucho al ponerlo. Aunque ahora que lo sé igual me pienso pinchar alguna cosa del disco.

La última vez que viniste a tocar a Madrid, que yo recuerde, fue en el Mulafest en 2015. Ya entonces tu álbum Immunity no era algo nuevo. Ahora estamos en 2018. Has trabajado mucho desde entonces, pero ha pasado tanto tiempo que da la sensación de que el álbum no es tu objetivo principal en la música.
Es interesante que se pueda ver de ese modo porque es erróneo. Mis álbumes se han publicado en 2001, 2004, 2009, 2013 y ahora estamos en 2018, por lo que es el periodo de tiempo normal entre ellos. Por otra parte, Immunity fue el primero que me hizo llegar a un público mayor, por lo que mi objetivo a partir de ese momento no fue hacer dinero con ello sino trabajar con el mayor cuidado para hacer la continuación. Porque, ¿cómo te enfrentas a hacer la continuación del disco por el que se ha interesado la gente en ti?
El disco que publico ahora es el primero que la gente espera de verdad desde que empecé, y no quiero hacer lo mismo otra vez. Por eso si lo quiero hacer diferente tengo que esperar a que mi gusto cambie también. No quería hacer otro álbum de techno a secas y que sonara como Immunity o como algo que hubiera hecho antes. Es un proceso que no se puede forzar. Hay que esperar. En la práctica, he estado viendo cómo se desarrollaba mi música, y he hecho unas giras larguísimas con Immunity.
Por otra parte, el hecho de escribir música para mí es un proceso muy profundo y agotador, y si te planteas hacerlo a la vez que estás de gira, la verdad es que llegas al estudio para empezar la semana y se te va el tiempo sin darte cuenta. De pronto es jueves y tienes que irte otra vez a algún sitio para un concierto, vuelta a empezar el lunes y llegas agotado al estudio y te das cuenta de que no puedes escribir. Necesité tomarme un descanso para escribir y no pensar en nada más, pero es que me había comprometido a hacer la música para Hamlet en el Teatro Barbican de Londres, y siempre volvía a lo mismo, a la necesidad de un tiempo vacío y sin interrupciones, por lo que no empecé a escribir nada que fuera a acabar en Singularity hasta noviembre de 2015, y no lo acabé hasta octubre del año pasado. En ese tiempo lo hice casi todo.
Ha sido un periodo de 18 o 20 meses, pero no ha sido constante del todo, ha habido muchos huecos en los que hacía otras cosas, pero una de las cosas que sí quise que ocurriera es no escuchar música en ese tiempo. Si llegaba a un momento difícil en un tema no me detenía para escucharlo, porque me volvería loco tratando de saber qué es lo que va mal. De modo que lo abandonaba durante dos meses y luego, cuando volvía a ello, lo solucionaba rápidamente.

“El disco que publico ahora es el primero que la gente espera de verdad desde que empecé”

Has hecho una gira larguísima con Immunity que te habrá dado tiempo de sobra para, incluso, poderte replantear aquel trabajo y pensar si, después de probar tantas cosas en directo, lo hubieras hecho de otra manera. ¿Has probado también en directo algunos de los elementos de Singularity?
Se supone que no lo iba a hacer durante el último año porque el sello no quería que lo hiciera, y lo respeto. Pero en secreto probaba algunas piezas cuando tocaba y cuando pinchaba.

O sea, que finalmente te consideras también un DJ. Porque aunque pincharas parece que eso representaba un conflicto para ti.
Sí, desde hace dos años. No lo era, pero ahora lo soy y lo seré, y me he metido mucho con ello. Pero porque ahora me veo capaz, y antes no. No se es DJ solo por poner música.

Has tenido más éxito produciendo a otra gente que con tu propia música, y durante los últimos años se ha percibido un poco de frustración en ese sentido, ¿cómo lo ves ahora?
No era frustración sino constatación de la realidad en la que se compara la producción de bandas enormes con hacer música electrónica ambient en solitario. Por eso era muy importante que Immunity fuera algo distinto con respecto a los anteriores discos, que estaban muy bien y se iban dando a conocer por el boca-oreja, pero realmente no fueron ninguna sorpresa, y eso no deja de significar que podía hacer seguido haciendo mis cosas tranquilamente. Pero de pronto tuve la increíble oportunidad de trabajar con Brian Eno, Coldplay y gente así, de la que me hice muy amiga, y con la que trabajé para hacer música de la que estoy muy orgulloso. Así que el logro que necesitaba conseguir es que mi música en solitario funcionara y que transmitiera la alegría con la que he hecho estos álbumes. Espero que se entienda y se perciba la alegría que hay en estos álbumes. Singularity e Immunity tienen un elemento muy positivo en el sonido, y deben tener además su espacio y su momento. Pero además yo necesité mi tiempo para vivir sin hacer otro trabajo. Me costó entenderlo, y creo que con Singularity lo he tenido muy claro. A partir de ahí he sentido que lo que hago es un privilegio. Cada día que iba al estudio me decía: “No me puedo creer que mi trabajo sea transformar esta alegría en música”. Ha sido una experiencia increíble.

El título del disco puede resumir el disco entero. ¿Tratas de retratar cómo es el ser humano en el siglo XXI, viviendo en una ciudad, pero tratando de escapar a una vida más natural?
Me gustaría pensar que cada cual le puede dar su propia interpretación, y no me gusta dar explicaciones demasiado concretas. Sé lo que significa para mí, pero no es lo que debería ser para los demás, porque para mí la singularidad es lo opuesto a la separación, y me gusta el ángulo científico que tiene. El Big Bang fue una singularidad que se expande, así que…

Aunque no prevalece, hay un color muy industrial en el principio de tu disco. ¿Por qué lo has usado? ¿Forma parte de tu descontento con la vida en la ciudad?
Tienes razón que sólo se escucha realmente en Singularity, el tema.

Pero es la carta de presentación del disco para el oyente.
El disco empieza con una sola nota que se expande durante un momento que podría ser infinito. 

Y que parece también un guitarrazo de Sonic Youth.
Sí, no está mal esa observación… Es una sola nota que culmina con una melancolía que la destruye, pero después de eso el sonido es muy pacífico, va poco a poco a unos arpegios que terminan en Emerald Rush. Y sí, hay un ritmo muy fuerte ahí, pero es la continuación de la destrucción de esa primera nota, y para mí es un comienzo muy positivo del álbum. La segunda parte del disco, desde Feel First Life hasta el final, se convierte en una meditación o una experiencia psicodélica, una experiencia sanadora, así que tienes que hacer un balance con la primera parte. Immunity era más industrial y destructivo, por lo que quería partir de ahí para hacer algo completamente distinto.

Casi como los viejos discos de Kraftwerk.
¿Qué te ha impulsado a pensar en Kraftwerk?

Por supuesto no pienso en el trabajo que hace ahora el grupo, que es heredero de lo que las versiones que grabaron para The Mix.
Creo que he oído algo…

Pero pienso más en sus viejos discos, divididos en sus dos caras. Como Autobahn, de Kraftwerk, que empezaba con esas composiciones largas y urbanas, pero terminaban usando incluso flautas y se podía percibir ese lado sanador del que hablas.
¡Wow! Nunca he escuchado el álbum Autobahn, pero sí que he oído que muy al principio eran una banda de guitarras. La verdad es que tengo una imagen muy arquetípica de Kraftwerk.

Pero volvamos a tu disco, porque el sello lo promociona diciendo que explora la conectividad de la mente.
Uno de los puntos centrales de este disco es que es música que he hecho después de estar interesado por la meditación, leyendo sobre técnicas para ello, y en cómo influye a la música y a la creatividad. Parte de mi día, de todos mis días es la meditación. Es curioso cómo se ha ido contextualizando todo en mi trabajo, porque tras probar kundalini, que requiere un trabajo profundo de respiración, y después algo de meditación trascendental hace tres años, eso se transformó en una necesidad. Es muy difícil aprender a acallar la mente, pero lo hice para afrontar la música.
Me interesa mucho saber cómo ocurre eso, así que he leído muchos textos tibetanos que te cuentan cómo regular incluso la temperatura de tu cuerpo para entrar en un estado de felicidad. Con ello me enfrenté a temas que tenía en el estudio y que parecían callejones sin salida, con los que había llegado a sentir que estaba haciendo un poco el tonto. Pero de pronto pude trabajar en una dirección diferente, por lo que creo que este disco está muy guiada por este tipo de procesos.

Déjame preguntarte sobre cómo titulas los temas, porque cuando lees los títulos que hay en tu nuevo disco por orden, se puede establecer un argumento.
Se podría leer como un poema.

Por eso precisamente. ¿Cómo lo hiciste, montaste una playlist con los temas y luego te decidiste a titularlos como más convenía al conjunto, o se trata de una coincidencia?
Sí, los titulo hacia el final del proceso. El orden existía desde primeros del año pasado. Enseguida sé cómo va a empezar y cómo va a terminar el disco, y sabía que quería este gran tema de techno en el medio, y que estuviera rodeado de las piezas que contrastaran más para que se fusionaran en la parte central. A veces tienes que terminar la música antes de ponerle el nombre a nada. No escribo letras, y sé que no soy escritor de palabras de ningún modo, por lo que trabajo con un poeta que se llama Rick Holland, un amigo que me suele ayudar con los títulos que le pongo a la música, y en el caso de este disco hablamos mucho. Teníamos conversaciones en las que le daba ideas y él me decía si convenía que pusiera ese título en un sitio u otro. Por ejemplo, con Feel First Life se lo comentó a su mujer y me dijo que le recordaba el primer momento en el que sintió la patada de un bebé durante el embarazo, así que he terminado sintiendo que siempre se llamó así.

Además comienzas un tema con un piano y le pones como título Emerald Rush, que parece parte de esa obsesión de Brian Eno por ponerle títulos con esmeraldas a algunas piezas en las que has tocado tú.
Sí, en Small Craft On A Milk Sea hay varios títulos sobre esmeraldas, pero no tiene nada que ver. El “subidón de las esmeraldas” como título es la descripción de una experiencia delicada que tuve. Tuve una visión y le puse el título.

Otra cosa que llama la atención es que incluso en los temas en los que el piano no lleva la melodía hay casi siempre un piano buceando en la música, como si fuera una tabla de salvación o uno de los pocos elementos reales a los que agarrarse.
Puede ser, aunque había más piano en Immunity. Pero tiene más que ver con el contexto de la grabación, porque tengo uno en el estudio y me encanta la idea de acabar el disco tocándolo. De alguna manera es el sonido más personal que puedo aportar, porque a través del piano es como he aprendido todo lo demás.

Y has trabajado además con Nils Frahm.
Oh, sí, he trabajado mucho con él, y hemos hecho varias jams en el escenario juntos. Deberías verlas, están muy bien.

“Me encanta la idea de acabar el disco tocando el piano. A través del piano es como he aprendido todo lo demás”

El álbum es tan variado que puede tomarse como una lección de esquizofrenia sonora, por lo que me cuesta encajarlo en la vida diaria. Imagina la vida de un grupo de amigos y lo que hacen cada día… ¿Cuál es el mejor momento para escuchar Singularity?
Muy buena pregunta. Te puedo decir cómo disfruto yo de la música normalmente y que el momento que elijo para escuchar algo con tranquilidad es cuando voy en un tren solo con resaca con unos cascos con los que no tenga ninguna interferencia del exterior. No sé por qué, pero la mejor música que he oído en mi vida ha sido en momentos así, como en un tren de vuelta de Escocia viendo esos paisajes increíbles en momentos en los que puedo estar emocionalmente un poco más sensible, porque la música que me gusta es la que puede funcionar de un modo más o menos psicodélico o como ayuda para la meditación. Me gustaría también pensar que se pueden sacar algunos temas de su contexto por si te apetece algo con un poco más de ritmo, e incluso pinchártelo a ti mismo como si fuera una sesión… Y también pienso en un momento en el que simplemente te tumbes en el suelo para escuchar con la cabeza justo en el medio de dos estupendos altavoces.

Casi todo lo que estás diciendo refleja momentos en los que estás solo.
Sí, creo que este es un viaje bastante solitario. Porque si estás con gente, en cualquier tipo de reunión, siempre se acaba hablando encima de la música.

El ambient puede soportar que se hable.
Sí, el ambient sí, pero no clasificaría mi disco como de música ambient. Aunque podría ser que se tomara como un disco de ambient, y podría estar de acuerdo, porque así esta música acompañaría a la gente en sus actividades, pero sobre todo quiero pensar en el disco como en un viaje. Durante la hora que dura vivirás este proceso por el que yo ya viajé, y que va desde la agitación a la paz. Es la intención última que tengo.

Eso me lleva a plantear los festivales y los lugares en los que sueles tocar, porque si tu música requiere esa atención es probable que no sean siempre los más adecuados.
Para empezar, mis sesiones como DJ son otra cosa. Pero en Londres, que es donde tengo más fans, tengo la ocasión de montar los espectáculos que más me gusta hacer. Allí toco con un piano de cola que se acompaña con algún guitarrista y una sección electrónica. Eso es lo que más me gusta, pero no puedo hacerlo en todas partes. No podría hacerlo en España, pero me encanta cuando pincho y monto sesiones de música para bailar.

En alguna ocasión has hablado sobre tus sesiones y sobre tu público, entre los que están esos que se pasan todo el tiempo saltando y demandando un ritmo más fuerte y los que realmente esperan otra cosa.
Sí que es cierto que he tenido respuestas emocionales muy intensas por parte del público en lugares que no dirías que son los apropiados para el género. Hay veces en las que me encuentro a gente llorando en primera fila, aunque sea una rave. Pero las melodías siempre están ahí, el alma de la música siempre está ahí, solo porque la forma sea más agresiva o bailable no significa que el mensaje no esté ahí. Una de las cosas buenas de hacerse mayor es que la gente va conociendo mi trabajo, y aunque siempre vaya a haber quien venga a uno de mis conciertos sin importarle quién soy, cada vez hay más gente interesada en mi música y más flexible con sus mutaciones.

Volviendo a la experiencia de escuchar tu disco, veo que has incluido unas cuantas sutilezas que podrían perderse al escucharlo…
Sí, el disco tiene varios niveles de escucha y me gustaría que se pudieran conciliar esas capas de sonido y de experiencia. Aunque también te digo que puede ser que escuches el disco de aquí a unos años y descubras detalles que no conocías. Me gusta esa idea. Puede ser que tenga que ver con el individualismo y con cómo elijas escucharlo, pero cuando lo publique daré unas pistas generales sobre cómo es mejor escucharlo. No puedo hacer nada más que eso.