Sin miedo a perder
Entrevistas / Julio De La Rosa

Sin miedo a perder

Rafa Angulo — 05-12-2005
Fotógrafo — Archivo

Enfrentarse de nuevo a lo que una de las mentes menos en paz de la escena musical de este país acaba de entregar en “Las leyes del equilibrio” (Everlasting) vuelve a ser para el que firma mitad sosiego, mitad ansiedad. Lo primero porque es una vuelta de tuerca en su carrera. Lo segundo porque el descubrirme apretando los puños en el fondo del sofá mientras escucho “La carta” me dice que ha vuelto a conseguirlo.

Lo que ha vuelto a conseguir es, a base de ordenar cuidadosamente notas y palabras, entregar una historia musicada capaz de emocionar y mantener en vilo al oyente. Desconecten su teléfono móvil, la función acaba de comenzar. “A veces me pasa que empiezo a escribir un relato corto y acaba convirtiéndose en la letra de una canción. Esta vez he hecho que cada canción sea un capítulo del relato, lo que me daba más juego para la música que quería hacer, al poder plasmar en cada tema el sentimiento del personaje en cuestión. Así ´Nuevos Mantras´ muestra el ambiente enrarecido de un tipo al que le acechan los fantasmas del pasado y opta por ir a un psicólogo, ´Tani´s Pub´ el lado más canalla de su salida nocturna, ´Accidente´ muestra el sentimiento de alguien que, en su desesperación, conduce en sentido contrario por una autovía, y cosas así”. Deben saber que Julio de la Rosa es el responsable de la banda sonora de la galardonada cinta “7 Vírgenes”. ¿Adicción a la dinámica de hacer que la música se encargue de describir imágenes? “Inercia por lo de ´7 Vírgenes´, en parte seguro que sí, pero ya el disco anterior, ´M.O.S.´ hablaba de las distintas etapas por las que pasa cualquiera tras una ruptura, según no sé qué teoría conductista: sorpresa, negación, rabia, melancolía…”.

“Los discos actualmente tienen una repercusión, además de escasa, sobre todo muy efímera”

Tampoco le pillaba de primeras lo de trabajar para otros, aunque sí en un largo, y De la Rosa es alguien que no desaprovecha una simple visita al supermercado para volver con algo nuevo aprendido. “Un encargo requiere paciencia, y por otro lado hacer bandas sonoras permite explorar siempre nuevos campos. Cuando musiqué ´Los Desheredados´, el trabajo de animación de Rocío Huertas, jugué a hacer la banda sonora sólo con efectos vocales, cosa que nadie escucharía en otro formato a no ser que seas Björk. Sí, lo hice antes que ella, pero yo tampoco he sido el primero, ni de coña. Con ´7 Vírgenes´, al ponerle música a las desgracias de un chaval de un barrio sevillano, me he ido por una instrumentación muy orgánica: contrabajo, percusiones (cajón, bongos, darbuka), saxos (alto, tenor, barítono), pianet y guitarra eléctrica. Hay también varias piezas más ruidosas con distorsión, e-bow y bases. He aprendido a trabajar rápido, quitándome complejos y, cuando cubra el agujero que tengo en la SGAE, te cuento qué más me ha aportado”. Parte de este aprendizaje se puede disfrutar en “Las leyes del equilibrio”, donde se mezclan aromas a Nick Cave, Tom Waits o Cohen con instrumentos tradicionales turcos, loops y demás cacharrería musical. Los que esperen un disco en la línea del anterior, lo llevan claro.

“Con un mainstream tan mainstream y una escena independiente haciendo mainstream independiente, si te sales un poco del tiesto ya se sabe”

“Apetecía explorar nuevos caminos. El anterior era un disco de rock: guitarra, bajo y batería, y ahora sentía curiosidad por probar otras texturas así que me puse a componer usando instrumentos que tenía a mi alcance: órgano, pianos, acústicas, saz, chümbüs, marimbas, y bases, samplers, y ruidos de todo tipo. Un día daba patadas al ampli para hacer sonar la reverb de muelles (´Accidente´), otro día llamaba a un amigo y le daba por coger una grapadora y usarla a modo de castañuelas (“El Puente”), y cosas de ese tipo. También he tenido tiempo para preocuparme por los juegos vocales y poder experimentar un poco con mi voz (´La Carta´ o ´Nuevos Mantras´). Como para que alguien le diga que sigue modas. “Como decía Octavio Gómez Milian (n.d.r.: escritor underground zaragozano): nunca se hace nada mejor que cuando uno se sabe perdedor. Los discos actualmente tienen una repercusión, además de escasa, sobre todo muy efímera. Cada vez se parecen más a las hamburguesas. En fin, decidí contentarme a mí mismo”. Y no nos entendemos cuando le digo que su disco me parece poco comercial. “Personal vale, pero no veo que no pueda ser comercial, al fin y al cabo es un disco de canciones con estrofas y estribillos, algunos muy tarareables. Uno de los discos que más he oído en este año ha sido ´The Legendary Marvin Pontiac´, de John Lurie, su disco más pop, y algo de influencia hay, además del sampler ralentizado en ´Accidente´. No creo que lo personal y lo comercial tengan que estar reñidos, aunque, claro, con un mainstream tan mainstream y una escena independiente haciendo mainstream independiente, si te sales un poco del tiesto ya se sabe”. Más o menos, eso es lo que quería expresarle, así que me ha venido de perlas el malentendido para que él lo haya dicho por los dos. Le recuerdo que cuando le entrevisté a propósito de “La paz está en las matemáticas”, el último disco que sacaría El Hombre Burbuja me habló de ese disco como “el de la decepción”. ¿En qué punto anda Julio de la Rosa frente a público, industria y crítica? “Esto de hacer discos requiere demasiado esfuerzo para lo que da. ¿Hay industria? ¿Público? Sí que veo mucha crítica, es fácil, y los medios con su poder de intermediarios, con ciertas posturas, con el trabajar bajo presión, están haciéndole daño a la industria, al público y a los músicos. Salvo excepciones, ese juego narcisista de supuesta elite periodística, la presión de las discográficas que pagan la publi…, esto es otro tema, pero me molesta de la prensa esa perversa competitividad empresarial: si tal revista lo pone muy bien nosotros lo tenemos que poner a parir hasta convencer a nuestros lectores, y que así sigan comprando nuestra revista. La prensa como filtro interesado me da miedo, flaco favor para la industria y para todos. No me vale que suceda en todos los ámbitos. Grupos muy buenos, desde Chucho aquí a Luna en Estados Unidos, se separan porque la música les ocupa la jornada completa pero no tienen cómo llegar a fin de mes. Resulta gracioso que mientras managers, A&R´s de discográficas y editoriales, la gente de la SGAE, periodistas e incluso diseñadores y fotógrafos musicales se estén comprando una casa o un coche nuevo. La rueda gira, y el músico es el último eslabón de la cadena: hay demasiados músicos dispuestos a dejarse la piel por un poco de reconocimiento”.

Un comentario
  1. Super inatimforve writing; keep it up.

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