Retroalimentando la cíclica moda del garage, con su segundo álbum, “Congo Tapes”, estos barceloneses están preparados para el despegue definitivo. Con ganas de marcha (y muchas barras libres), de momento, han compartido escenario con The Strange Boys y Black Lips.

En plena revitalización de la visceralidad y la suciedad del garage, cinco barceloneses se alinearon para formar una banda que hiciera justicia a esos recopilatorios de los míticos “Back From The Grave” que consiguieron que cualquier novato pudiera creerse una estrella del rock con cuatro duros y sin necesidad de disfrazar sus carencias. Fuckin’ Bollocks debutaron allá por 2004 en una fiesta de navidad. El cotillón, los turrones y las litronas que dejaron a su paso podrían haberse quedado en una simple anécdota, pero, entonces, lejos de tirar la toalla, siguieron tocando a cambio de etílicas barras libres y fiestas financiadas por terceros. Ahora, las tornas han cambiado. Han fichado por Houston Party (quien distribuye su segundo álbum, “Congo Tapes”), comparten escenario con Black Lips (hace unos meses hicieron lo propio con The Strange Boys), se han comprado una furgoneta (obviamente, de segunda mano) y su futuro apunta cuanto menos prometedor gracias a sus incendiarios directos, en los que desgranan esos temas de poco más de dos minutos con la chulería y la actitud que de ellos se espera.
El pasado verano se encerraron durante cinco días en los Estudios Ultramarinos del gurú Santi García y parieron estas nuevas ocho canciones. “Santi tiene las ideas muy claras y entendió a la perfección cómo debíamos sonar”, comenta Imanol Salvador (steel guitar, banjo, guitarra y armónica andante). “No estábamos satisfechos con nuestro primer trabajo. Por ello, para este disco queríamos sonar lo más fielmente posible a los directos. Lo grabamos sin cascos, tocando todos a la vez como si fuese un concierto más”, afirma el guitarrista Bruno Pérez. Precisamente, esta decisión de prescindir de la sobreproducción hace de “Congo Tapes” una eyaculación certera de poco más de veinte minutos que va directa al grano, sin trampa ni cartón, imposibilitando que el oyente pueda bostezar ni una sola vez e invitándole viciosamente a reproducir las piezas en bucle. “Si se hace corto es una buena señal. La idea, a priori, era lanzar un álbum con más canciones, pero Houston Party decidió que fuera así: potente y breve”, dice Sergi Miguel, batería y último integrante a sumarse a esta familia que suele reunirse rodeándose de medianas en un bar enmarcado en el Raval, propiedad de la familia Salvador.
Adentrándonos en sus letras, bien podrían haber salido de películas tan inspiradoras como “Porky’s”. En este caso todos apuntan con el dedo a Guillermo Orós (llámenle Willy), cantante y guitarrista. “Las canciones son bastante neandertales. El título del disco está inspirado en las prostitutas de etnia africana de Las Ramblas”, confiesa entre las cómplices risas de sus compañeros. Siguiendo por el mismo camino calenturiento, de la teta que presidía la portada de su anterior “All Good Things” (Daruma Records, 10), hemos pasado a la ilustración de una fémina empalada. “Le pasamos el disco a unos diseñadores madrileños llamados La Camorra con alguna leve indicación sobre lo que queríamos. Tuvieron total libertad para hacer lo que quisieran”.