“La nostalgia es la única distracción que nos queda a quienes no tenemos fe en un futuro a corto-medio plazo”, cantan en “Una amistad perdida”, casi como síntesis de la arquitectura emocional de estas doce canciones nuevas. Una filosofía que resuena con la generación de los levantinos, ciegamente entregada a pensar que cualquier tiempo pasado parece mejor. “No descubro nada a nadie si digo que la nostalgia es un arma de doble filo", dice el vocalista y guitarrista de la banda. “Abrir determinadas puertas puede llevarte a mirar de frente algunos traumas que te impiden proyectar el futuro, pero también puede convertirse en el incentivo necesario para recordar que todo pasa y que, si en algún momento estuviste bien, podrás volver a estarlo pronto. Según el día, puede servirte de consuelo o de trampa”.
“Espero que quien decida escucharnos y esté atravesando un mal momento personal, se dé cuenta de que no es el único que ha pasado por algo así"
Por lo pronto, al cuarteto le ha valido de acicate para, incluso, lanzarse a la aventura de probar texturas nuevas. Sirva el mencionado tema para ilustrar ello, donde juegan con la electrónica de manera inédita en su registro: “Lo de ese tema fue un tanto accidentado”, reconoce. “Al principio ni siquiera iba a entrar en el disco, ya que no pudimos grabarlo como originalmente queríamos debido a que Mickele, nuestro batería, no tuvo tiempo de prepararlo. Empleamos en su lugar una caja de ritmos, sin mucha esperanza en que el experimento fuera a salir bien, pero contra todo pronóstico nos moló mucho el resultado. Quién sabe, quizás en el futuro nos dé por experimentar más con la electrónica. Nogués, nuestro bajista, y yo, somos muy fans del género y no sería nada extraño”.
Nogués, además de darle a las cuatro cuerdas y protagonizar con nombre propio uno de los temas del disco (“Música para Eduardo”), también lo co-produce junto a Raúl Abellán. Este, en su labor docente, les propuso grabar una canción bajo su asistencia mientras impartía un curso, dando como resultado una experiencia tan grata para ambas partes que terminaría derivando en la posterior producción del futuro álbum de la banda. Quince días en un pueblo de Cuenca, tan arduos como fructíferos, darían más tarde como resultado una propuesta digna de consolidarles como la más que evidente promesa que son.
Firmado Carlota, Pumuky o incluso las argentinas Fin del Mundo se suben a su carro, conscientes de la indudable prospectiva del joven conjunto dentro de la cada vez más interesante escena post-rock patria. Las porteñas, de hecho, se valieron de las facilidades de las redes sociales para manifestarles su fascinación con el tema “Iglú”, lo que acabó desencadenando en un match musical instantáneo expresado en “Rutina”. “Personalmente, soy muy fan de las colaboraciones. Sé que es un tema que divide mucho al público, pero si la canción es mala, esta va a seguir siéndolo la cante una sola banda o la canten varias, y viceversa”, dice Álvaro. “En nuestro caso, las tres voces invitadas se lo curraron muchísimo y todo encajó mejor de lo que esperábamos para ser nuestra primera vez abriéndonos a otros proyectos”.
También ha sido su particular bautismo de fuego con el valenciano, idioma al que se entregan por vez primera en “A la palma de la teua mà” a fin de reafirmar su raíz lingüística. “En la ciudad se habla muy poco valenciano y a veces, incluso, nos da vergüenza hacerlo”, afirma, “pero un amigo mío me dijo una vez una frase que se me quedó grabada: ‘el peor valenciano es el que no se habla’. Desde entonces he tratado de reivindicarlo tanto como he podido, hasta el punto de que me sirvió para desbloquearme creativamente y concebir esta canción a partir de una situación personal que me contó Mickele. Nuestra intención es que esto no se quede en algo anecdótico y sigamos cantando en valenciano mucho más”.
En valenciano o en castellano, la banda se vale de una recién estrenada independencia (bajo su propio sello, Discos 17 Dolores, con el que buscan producir proyectos emergentes que compartan su manera de entender la música) para firmar una misiva sencilla pero honesta. No estamos solos y esto también pasará, parecen querer decirnos con este particular refugio de distorsión, catarsis y estampido. “Espero que quien decida escucharnos y esté atravesando un mal momento personal, se dé cuenta de que no es el único que ha pasado por algo así. Mirar atrás no implica necesariamente quedarse atrapado en el pasado, sino entender que la vida sigue. Puede resultar un trabajo áspero y oscuro de primeras, pero también hay mucha esperanza e ilusión en cada tema. Para todos ellos, queremos que este disco se sienta como un abrazo”.

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