Tras el nombre de Ruido Paraíso se esconde Aníbal Gómez, actor, humorista y también miembro del dúo Ojete Calor. Pero esta es su aventura en solitario, con la que ahora publica nuevo largo, “Gran Atlas” (Autoeditado/Universal, 19).

Da la impresión de que “Gran Atlas” tiene dos partes que se van combinando, una bastante pesimista y otra opuesta, más optimista. ¿Era la intención o crees que todas las canciones pop tratan sobre el amor y el desamor?
Casi todas las canciones pop de la historia versan sobre el amor y sus consecuencias. Concretamente, en mi colección de canciones para este álbum, todas podían clasificarse en uno de estas paradas de un Vía Crucis ficticio: pasión, muerte y resurrección de un corazón obsesionado. Me temo que hasta que no dejemos de relacionarnos sentimentalmente no nos quitaremos el pop de encima.

Te ha llevado casi un año publicar “Gran Atlas”. ¿Qué has estado haciendo entre que grabaste y que el disco ha visto la luz?
Combino siempre varios proyectos, por eso a veces tengo que dejar las cosas a medias para terminarlas luego. He estado grabando una serie llamada “Justo antes de Cristo”, que se estrena en abril en Movistar, escrita por Pepón Montero y Juan Madagán y dirigida por Pepón Montero, Nacho Vigalondo y Borja Cobeaga. Es una serie cómica para todos los públicos, con un guión muy inteligente y unas situaciones hilarantes. Mis compañeros de reparto son Julián López, César Sarachu, Cecilia Freire y Marta Fernández Muro entre otros. Mi personaje es un esclavo eunuco enamorado en secreto de su ama. Era lo que me faltaba por hacer.

El inicio del disco, con “Lo siento”, suena de lo más experimental que hayas hecho. De hecho, sorprende como apertura, cuando luego tiras por canciones muy más pop e incluso bailables. Quizás “Oros” y “Procesión” también podrían considerarse que van por ese camino.
Siempre me he fijado con especial atención en las canciones que abren los LP’s. Me gusta cuando optan por lo difícil, y el inicio del disco no es el más representativo. Con “Lo siento” busqué eso. Cuando estábamos produciéndola tuve claro que tenía que ser la primera. Era un viaje en sí misma. Tenía algo de letanía, de repetición, de obsesión sin desenlace a la vista. En lugar de desembocar en un estribillo encontramos una canción escondida. Es una especie de descanso o evasión que interrumpe mi diálogo con la muerte. Justo después llega el acto final, en el que se me da un respiro. Se firma un armisticio porque La Parca se ha cansado de esperarme. Normal, mis respuestas eran deslavazadas y absurdas. “Oros” y “Procesión” podrían jugar en la misma liga. Son las menos amables, las más crudas. Las que estarían en el grupo de la muerte y la obsesión. Contrastan mucho con las canciones más pop y bailables. Pero estaremos de acuerdo todos en que la vida va dando esos bandazos.

En cambio, despides el disco con una canción triste como es “Romería de difuntos”. ¿De dónde surge la idea de algo tan oscuro después de tanto baile?
El baile siempre es liberador y catártico. Lo que viene después siempre es, inevitablemente, más oscuro. A mí el pesimismo siempre me acompaña, por desgracia. Por mucho que trato de disimular y armarme de pensamientos positivos, ahí está siempre la tristeza acechando, como una zarigüeya cabreada. Pero bueno, mejor pesimista que alpinista: te permite vivir más años y los peligros son más light. “Romería de difuntos” me la inspiró directamente un libro titulado “Intemperie” de Jesús Carrasco. Me vino esa melodía a la cabeza. Me recordaba a las canciones infantiles de posguerra que me cantaba mi abuela. Conforme te estoy contando esto creo que no puede haber nada más alejado del trap que mis palabras. Igual me he confundido de año, o de siglo. Bueno, en resumen, esta canción tan anacrónica con ritmo procesional incluido, es la última del disco porque es especial. Es la última consecuencia de una relación sentimental tóxica. Cuando ya está todo dicho y ya no hay solución. Cuando le pones la mortaja a tu corazón, le das sepultura y esperas a que resucite.

Has grabado con Guille Mostaza. ¿Qué se aprende de alguien como él?
Guille es como un buen entrenador. Te ayuda a desprenderte de los defectos y te recuerda cuáles son tus virtudes. Disipa la inseguridad, que te aseguro que siempre está presente cuando entras en un estudio de grabación. Desde el primer momento hablamos el mismo idioma. Charlábamos sobre discos concretos que a los dos nos fascinaban, sobre su sonido y las técnicas empleadas. Guille es una de las personas que he conocido que más controla la técnica del pop. Conoce los entresijos de cada sonido, el interior de cada sintetizador. Y encima es creativo. Entre otras cosas, he aprendido a no tener miedo a darle presencia a mi voz sin necesidad de sepultarla entre un manto de efectos y dejarla escondida en la mezcla, algo muy recurrente en el mundo del indie durante tantos años. Que sepa la gente que no lo hacían porque molara, era por no solucionar sus problemas e inseguridades yendo a terapia.

¿Ha sido él o Ellos un referente directo para tu música? Sé que lo de los referentes es un tópico, pero ¿qué bandas o artistas te han influido a la hora de crear tu propia música?
A mí siempre me han molado Ellos, pero tampoco creo que hayan sido un referente directo en mis canciones. Quizás mi primer disco, “Polifonía”, sí podía tener un estilo más parecido a su pop inmediato, pero es porque tenemos referentes muy parecidos. Las bandas que más me han podido influir en crear mi propia música a lo largo de mis distintos proyectos van desde Alaska y Dinarama a Depeche Mode, pasando por Björk, Radiohead, Mecano, The Cure, Pet Shop Boys, Front 242, los primeros Los Planetas, Chucho, Mercromina, Daft Punk, New Order, Nirvana… Mañana me acordaré de tres o cuatro grupos más súper importantes en mi vida y me cagaré en todo.

Teniendo en cuenta tu vida como actor y humorista, y el hecho de que formes parte de Ojete Calor, ¿te cuesta que la gente se tome en serio tu carrera en solitario?
Te prometo que no es uno de mis objetivos que la gente me tome de determinada manera. Nunca pienso en eso. Más bien voy completando fases en mis proyectos conforme me lo va pidiendo el cuerpo. Fíjate lo en serio que se debe tomar a sí mismo gente como Ed Sheeran y a muchos nos puede parecer cursi y comiquísimo. En España la comedia nunca se ve como algo serio, entendiendo la seriedad como dedicación e ímpetu en una propuesta concreta. Partiendo de eso, cualquier proyecto artístico, te haga reír o te haga llorar, que parta de un proceso creativo, es igual de serio y respetable. Pero vamos, que la gente me puede etiquetar y tomar como quiera, es algo inevitable.

Por otro lado, si ya estás en Ojete Calor, ¿por qué motivos pones en marcha también un proyecto como Ruido Paraíso?
A lo largo de los años fui componiendo un montón de canciones que no sabía dónde encajar. No pegaban con mis otros proyectos y por eso decidí crear Ruido Paraíso. Así ya tenía una excusa y un lugar para recopilarlas. No me apetecía titular al proyecto “Aníbal Gómez” porque si le pones tu nombre y apellido a un grupo musical es o porque eres ya un artista súper maduro que está de vuelta de todo (que no era mi caso) o porque eres un coñazo y no hay quien te aguante (Dios me libre). Tener varios proyectos me sirve para liberarme, para poder expresarme de distintas maneras. Poder crear cosas con intención cómica y otras por el placer de desahogarme y crear algo pop sin más pretensión.

¿No te boicoteas a ti mismo lanzando el disco con tan poco tiempo de diferencia con “Mocatriz”?
Ojete Calor son dos personajes que viven en su mundo, con sus tiempos, sus normas y sus incongruencias. Los personajes se imponen a veces a la cordura y a lo que se debería o no debería hacer. En cualquier caso, esto es como una carta de restaurante. Ahí están todos los platos y puedes consumir o no consumir los que desees. ¿A quién no le apetece una sopa de estrellitas y después unas lágrimas de chocolate rellenas de espuma? De todas formas sospecho que cuando me lo preguntas es porque a ti te parece que me he boicoteado. Ya me has dado el día.

¿Tienes a La Bien Querida como invitada en “Milagro” porque eres fan, porque sois amigos o porque pensaste desde el primer momento en su voz?
Porque soy fan y porque pensé en su voz. Amigos nos hemos hecho a raíz de la grabación. Hemos empezado la casa por el tejado, pero ha funcionado. Ha sido como en estos programas donde llegan y se casan sin conocerse. Pues nosotros igual, pero hemos salido mejor parados que ellos. Yo siempre pensé que a mi manera de cantar esta canción (entre desgarrada y sobreactuada) le pegaba la voz de Ana por contraste. Estoy feliz con el resultado. Ha sido un milagro.

¿De qué te sientes más orgulloso de tu carrera musical hasta este momento?
De hacer siempre lo que me ha dado la gana a partir de mi intuición. Muchas veces desoyendo consejos. Lo que sentía que tenía que hacer, sin miedo a perder, era lo que acababa haciendo. Con el tiempo aprendes a que perder y ganar no responden exactamente a lo que creías que significaba. De que no encajar en ciertos círculos o festivales que tienen unos estilos muy marcados, te hace perder pasta, pero te abre las puertas a otras cosas y a otros escenarios. También me siento orgulloso de no haber estado nunca de moda, de que todos mis proyectos hayan sido de largo recorrido. Para mí, eso es lo suyo.