"Siempre hemos sido un grupo antipop"
EntrevistasRoko Banana

"Siempre hemos sido un grupo antipop"

Oriol Rodríguez — 28-06-2026
Fotografía — Archivo

Roko Banana han levantado “La gran muralla” (Aloud Music, 26), un disco tan accesible como combativo. Math rock, emo, política, amistad y rabia generacional en un álbum que convierte las piedras en refugio, arma y metáfora contra el individualismo contemporáneo.

“Siempre hemos hecho pequeñas referencias a las piedras en nuestras canciones, pero esta vez ha sido más consciente”, admite Mak Dzinović, guitarra y voz de Roko Banana, trio que completan Àlex Abad (batería y voz) y Edu Rodríguez (bajo y voz). “Edu había escrito varias letras en las que aparecían piedras, casas, paredes… cosas muy terrenales, físicas y, a partir de ahí, tiramos del hilo. Nos parecía interesante porque nadie habla de piedras. Cuando piensas en hacer “arte”, nunca piensas en las piedras como algo importante. Pero las casas, los caminos, los muros… todo está hecho de piedra”. Las murallas, también. “El disco habla de protegerte, pero también de lo que pasa cuando te expones”.

Esa es “La gran muralla” que Roko Banana han levantado en su cuarto largo. Un contrafuerte, han comentado en más de una entrevista, que es protección. El salvoconducto con el que deciden qué dejan entrar en su mundo y qué no. La metáfora, en un disco sin demasiados recursos poéticos, para hablar de la vulnerabilidad en tiempos de turbocapitalismo en los que todos somos corderos intentando escapar de Lobos de Wall Street. “La realidad es muy distinta cuando la vives desde dentro”, lanza Mak. “Se cree que en Banyoles hay una escena musical muy potente, pero dime grupos de aquí”. Suelto de carrerilla, de memoria, sin tener que pensarlo: HHH y Kitsch. Los primeros, iconos de la primerísima escena hardcore en nuestro país; los segundos, banda de culto de noise, gótico y post-punk, incluida dentro del Rock Català, aunque poco o no nada tenían que ver con Sopa de Cabra o Els Pets. Pero ambos grupos, por grande que sea su leyenda (y muy pocos los discos que vendieron) irrumpieron en escena hace, cuanto menos, cuarenta años. Citarlos es como hacer trampas al solitario para no admitir que tienen razón. Y, aun así, Roko Banana siguen la estela de aquellos ilustres marginados surgidos de los márgenes del lago de la capital del Pla de L’Estany.

"Es el primer disco abierto a un público más amplio"

Formados ahora hace una década, debutaron en 2018 con “Madness & Coffee” (18), primera piedra en un camino que siguieron pavimentando con “El veïnat” (21) y “Fins que surti el sol” (24). “La gran muralla” es su nuevo largo. “Con este último disco me pasa algo que no me había pasado con los otros: una vez ya lo hemos publicado sigo escuchándolo muchísimo”, confiesa Àlex Abad. “Con los anteriores, a estas alturas ya estaba harto, pero con este sigo enganchadísimo”. A Mak Dzinović le ha sucedido algo parecido. “Desde que lo acabamos tuve la sensación de que era un muy buen disco, de lo mejor que hemos hecho”. Razón no le falta. “Y, además, escuchable”. Sigue en lo cierto el guitarrista, que añade que si por algo se han caracterizado Roko Banana es por hacer música para minorías “y este es el primer disco abierto a un público más amplio, aunque sigue teniendo muchas frikadas”. Edu les lleva la contraria. Él ha quemado sus nuevas canciones. Ya tiene la cabeza en nuevas movidas. Algo que no es contradictorio con el hecho de que Roko Banana, como apunta Dzinović, hayan hecho su álbum más accesible. O todo lo accesible que puede ser un trabajo que sigue encontrando su razón de ser en el math rock y el midwest emo menos complaciente. Pero hay aquí un algo brillante y melódico que te atrapa. “Los otros quizá eran más difíciles de entrar a la primera escucha y aquí hay recursos que antes evitábamos”. El trío se ha quitado complejos de encima. Ha dejado de autosabotearse capando sus impulsos… pop. “Siempre hemos sido un grupo antipop. Siempre hemos ido a la contra, haciendo canciones sin estribillo, o con uno solo, ritmos complejos… Con ‘La gran muralla’ queríamos seguir siendo nosotros mismos, pero sin poner cortapisas a todo lo que nos apeteciera probar”.

“Llevamos mucho tiempo haciendo música y estábamos muy cabreados con la situación del mundo. Llega un momento en el que ya no puedes más y dices: ‘Vamos a hacer un disco que al menos nos sirva para sacar toda la mierda fuera’”, lanza Mak. “Como mínimo queríamos asegurarnos de que el mensaje llegara”. La gran paradoja de “La gran muralla” es que Roko Banana han moldeado su disco más radiante en lo musical, y el más radicalmente político en sus letras. El cuarto álbum de los catalanes es su particular manifiesto antisistema. Un libro blanco generacional en el que exponen su descontento y frustración con la sociedad actual. No es nuevo. Mak, Àlex y Edu siempre habían mostrado consciencia, pero antes quedaba amagada en la metáfora. Esta vez sus letras son pedradas directas contra lo establecido. “Los temas de los que hablamos en el disco, siempre han estado presentes en nuestras canciones, pero antes tirábamos mucho de poesía”. El subterfugio lírico puede enriquecer el continente, pero diluye el contenido. “Esta vez teníamos ganas de decir las cosas claras y en mayúsculas. Queríamos posicionarnos, que la gente supiera de qué lado estamos. Creemos que es importante en un momento como el actual”.

Roko Banana defienden la revolución desde el amor y la amistad. Algo que plasman ya en el primer corte del álbum, instrumental, pero de título tan explicito como “Tothom vol semblar genial i jo només vull estar amb els meus amics” (“Todo el mundo quiere parecer genial y yo solo quiero estar con mis amigos”). “Estamos muy cabreados con el individualismo y el egocentrismo actuales. Se han perdido mucho los valores comunitarios y el cuidarnos entre nosotros, que es algo básico del ser humano desde siempre”, se lamenta Àlex. “Ahora todo es ‘yo primero’ y ‘me lo curro yo solo’… Ideas muy propias de este momento y que nos irritan muchísimo. Por eso para nosotros la amistad y cuidarnos unos a otros es de las cosas más revolucionarias que se pueden hacer actualmente”. Cuidarnos, querernos y… bailar. Porque las revoluciones no nos interesan, a nosotros ni a Roko Banana, que se han aproximado a la electrónica con “Esport” (tema en el que cuentan con la colaboración de Remei de Ca La Fresca), si no se pueden bailar. “No toda la música tiene que ser intelectualoide”, reclama Mak. “También tiene que servir para bailar, desfogarse y quemar contenedores. La diversión es un derecho”.

 

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