Reformas en la zona VIP
Entrevistas / Ellos

Reformas en la zona VIP

Redacción — 23-05-2003
Fotógrafo — Archivo

Algo está cambiando en la trastienda de la música en este país. Una chica con dreadlocks y piercing nos representa en Eurovisión. MondoSonoro publica una entrevista enorme con un grupo de pop -cuestionado por muchos, adorado por otros(as) tantos- con toda la tranquilidad del mundo, en el mismo número en el que también aparecen OBK, sabiendo que lloverán piropos. Y, para mi sorpresa, Guille Mostaza se acerca a nuestra cita acompañado de su manager (parece que ha cambiado la compañía de Santi Capote, la otra parte de Ellos, que pasa de esto de las entrevistas). Vamos, que algo está cambiando a golpes de surrealismo conceptual sin que uno finalmente parezca sentirse demasiado a disgusto. Eso se llama adaptación y los psicólogos dicen que es sano. Por eso toca adaptarse y no perderemos ni un segundo más.

”No me gusta la gente atormentada, que le deja la novia y está todo el día llorando… Se trata de entretener y no de contar tus penas”

Guille es un tipo majo, afable (cada vez más afable), irónico (cada vez con más tino), curtido en los avatares de los clubes más cool de la capital, sobrepasando lo tedioso de la noche embrujada a ritmo de tecno canalla y de un garrafón que promete llevarse a más de uno por delante, consiguiendo extraer del despropósito de la noche madrileña una lectura con sentido del humor, que nos viene bien a todos. Supongo que hay que salir más por Chueca. En su haber el debut “Lo tuyo no tiene nombre” (Subterfuge, 00), una carta de presentación que vista desde la lejanía fue disfrutable en su momento, pero excesivamente fugaz para el pop patrio. Por eso su segundo trabajo, “Ni lo sé, ni me importa” (Subterfuge, 03), se esperaba como agua de mayo, no sólo por sus habituales y numerosos seguidores, sino un poco por todos, incluidos esos críticos incendiarios que persiguen al dúo madrileño y que van contra el clamor popular a favor del grupo. “Tampoco es que haya sido algo masivo pero la verdad es que no esperábamos tanta acogida, la verdad es que dos chavales haciendo pop con maquinitas estaban condenados al ostracismo, pero al final parece que a la gente le gustó más de lo debido, incluidas críticas muy buenas. Nos han dado algunos palos pero creo que muy pocos con respecto a los que pensaba que nos iban a dar, por eso una crítica poniéndonos a parir me afecta poco porque en realidad esperaba que hubiera muchas más. Tampoco es que le hagamos mucho caso porque puedes acabar hundido o demasiado subido y ambas cosas son negativas”. En su caso, y dada la volatilidad de su música, lo cómodo sería darles caña, pero su habilidad para hacer del pop algo vivo y emotivo no lo pone nada fácil. Más incluso si en este disco se muestran poco limitados por su propia burbuja pop. Por esa visión poco constreñida -o mucho, según se mire: no hay que olvidar que la comercialidad de su propuesta, fuera de toda duda, denota un espectro claro en el que moverse-, han conseguido firmar un disco que suena fresco y que parece ir más lejos que su predecesor. “Este disco no es tan inmediato, el otro era como una colección de singles, pretendida desde un principio, mientras que en éste hemos querido experimentar. Bueno, no me gusta mucho esa palabra por la que me puede caer, pero ha sido superar el folio en blanco que fue el primer disco en el que queríamos sorprender y esforzarnos en hacer temas muy resultones. Ahora, gracias a la confianza que nos dio ese disco, hemos hecho un poco lo que hemos querido. Hay canciones que nunca sonarían en los 40 y que es imposible que gusten a mi abuela. Podíamos haber hecho otros doce ´Diferentes´ pero queríamos hacer algo distinto y no quedarnos cerrados en una línea”. Las diferencias consisten básicamente en que el irrefrenable empuje amateur ha dado paso a una visión más detallista que explota con esplendor en canciones como “Creo que no” (curiosa similitud en el título con “Que no” de Deluxe). También encontramos algunos coqueteos con el power pop (“Algo muy grande”) y una pequeña dosis de riesgo materializada en “Zona VIP”, una de las mejores y más adictivas canciones que se han hecho en los últimos años en este país; una epopeya en la que la sensación es que, además de no parecer una canción suya, Ian Broudie se hubiera decidido a producir a Los Planetas tal como hacía con los discos de Lightning Seeds. En el seno de esta canción fluye una historia (al parecer autobiográfica, como todas las letras de este disco) sobre una novia groupie que atormenta a su pareja con esas ligerezas sexuales que la llevan a los camerinos de todas las rock stars que se encuentra a su paso. Hay también algo de detallismo, algo de riesgo, algo de pop ochentero un tanto vacuo (ese “Campeón” es todo un himno de colegio), por supuesto algo de Ellos (“Hermético” o “Cuélgalo” ) y, en general, una sensación de solidez y atemporalidad que incluye estructuras más trabajadas que las que aparecían en su ya exprimido y lejano disco de debut. “Tiene culpa el tiempo que hemos tenido para la producción. En nuestro propio estudio -un estudio casero llamado Amarillo- podemos hacer un poco lo que queremos, hay canciones que llevan desarrollándose un año, hemos hecho un poco lo que hacían Beatles o Beach Boys, ir cogiendo de las canciones las partes que nos gustaban y desechando las que no, pasándolas por un filtro, personal, pero también de gente que pasa por casa, que sugiere cosas (algunas de ellas en forma de colaboración: Marc – Sidonie, Fran – Gasca o Desirée – Fine!). Tal vez sea un poco más atemporal porque últimamente escucho mucha música de los setenta, como Supertramp o Pink Floyd y eso se nota, sobre todo en la forma de usar algunos pianos, algunos arreglos más sinfónicos… las cuerdas de ´Creo que no´ son un buen ejemplo de eso”. Sorprende un poco oír esto porque, en definitiva, la línea del disco, sin ser tan concreta como la del anterior, sigue siendo muy pop y muy digerible, con esa pegajosa capacidad para facturar estribillos brillantes y sin complicarse demasiado a la hora de rebuscar en el sonido, colocando cada cosa en su lugar. Esto último viene a ser, según Guille, una de las claves de este disco. “La diferencia más importante con el disco anterior es el proceso de producción -de la que se encargan en solitario- y el sonido global, sobre todo porque hemos intentado usar con más mesura los instrumentos. Todas las canciones del disco anterior tenían una guitarra, un bajo y teclados. En este está todo más definido, hay canciones más guitarreras y otras más electrónicas. También las letras son más personales y algo más introspectivas”. No se asusten, que no estamos hablando de introspección en plan latazo existencialista, sino de otra colección de textos cotidianos, ligeros, sobre separaciones, rupturas y reencuentros, tratados con ironía y con una superficialidad ya asumida. “Yo soy una persona que cuando pasa algo más o menos grave lo único que puede ayudarme es reírme de mí mismo y sobreponerme a ello, no me gusta la gente atormentada, que le deja la novia y está todo el día llorando. Por eso la ironía ayuda a superarlo y eso es lo que reflejan mis letras, es posible que sean frívolas, pero lo prefiero a esa gente que se abre con intención de decir ´cuanto sufro´. Se trata de entretener y no de contar tus penas”. Esa es una de las virtudes de “Ni lo sé, ni me importa”, un disco que entretiene, que se entiende, que igual te encanta o te hace reír (en el buen y en el mal sentido), pero que no pasa inadvertido y que tal vez sea un buen ejercicio para mandar a paseo algunos de nuestros prejuicios haciendo, como decíamos al principio de esta entrevista, que el cambio en el mundillo musical sea aún más incompresible si cabe. “En todo hay algo aprovechable, La Oreja de Van Gogh, el ´Asereje´, cualquier cosa hortera, horrible o fea… siempre hay

Un comentario
  1. That insight solves the prlebom. Thanks!

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