“Insano juicio” (Eterno Musik, 18) es el título del nuevo trabajo de este pionero del rap en castellano. Un EP de ocho canciones del cantante con más trabajos publicados en la historia del rap español. Con todos ustedes Rapsusklei.

Pocos, por no decir ninguno, tienen más discos grabados que Rapsusklei en el hip hop de nuestro país. Treinta y siete maquetas y ocho discos concretamente. “Y todas han sido importantes para llegar al lugar en el que estoy aunque muchas sean una puta basura”. Cuarenta y cinco publicaciones en veinte años y todas con un punto en común: el amor que este zaragozano siente por la cultura hip hop, una pasión que defiende cada vez que tiene ocasión. “No diría que se han olvidado los valores del hip hop, pero sí que se han desvirtuado. Hoy en día la parte musical ha vetado al resto y el oyente no necesita esos valores, cosa que por un lado está bien ya que se amplía el campo pero, por otro, los hip hop heads no lo llevamos muy bien ya que esta cultura nos salvó la vida y la guardamos como nuestro pequeño tesoro. Pero siempre que sea con buena intención y con esos valores emocionales que tanto nos representan, bienvenido sea cualquier tipo de sonido, idea o persona, ya que el hip hop también es compartir”. Bajo esa idea alarga su carrera con un nuevo EP, un disco que, “sin dejar de ser lo de siempre, no suena a lo de siempre, sino que es un pequeño paso a los nuevos tiempos, pero con mi propia esencia”. Ocho cortes en formato EP, un envase poco usado hasta ahora por Rapsus. “Pero en una industria musical reinada por video-singles y redes sociales, sacar un álbum de dieciocho canciones me parecía demasiado. Vivimos en la era del consumo rápido y la gente escucha un par de temas y ya”.

En “Insano juicio” encontramos “lo de siempre”: sonidos cercanos al funk, algo de flamenco y beatbox y, su especialidad, mucho rap clásico, que ve la luz de la mano de su sello, Eterno Musik. Un proyecto más del polifacético Rapsusklei, quien también ofrece sesiones de rap y reggae como Eterno Sound en Zaragoza y ha creado el proyecto “Acapellas por el mundo”, donde una vez al mes publica una canción “sin instrumental” grabada en una ciudad diferente. Una experiencia que le ha ayudado a nutrirse de la música de otros países y comprobar las contraposiciones con nuestra industria. “Es muy diferente. Ya no por los grupos, sino por la forma de encajar el arte en este país. Creo que el público general no está tan preparado como en el resto de Europa, en el que no diferencian a un artista sea rapero o cantante de ópera, sino que es un artista y ya está, independientemente del tipo de música que haga. Otra buena culpa la tienen los medios, que sólo sacan raperos si son batallas de gallos o algo muy mediático, y más por su tirón o por el típico mainstream vendible para el consumista medio tirando a bajo que no va a rebuscar más allá de lo que le pongan fácil y sencillo. En otros países llevan escuchando rap, soul, funk, blues o reggae en siete u ocho emisoras desde hace veinte años. ¿Por qué no es igual aquí?”.