Bailar Reivindicando
ConciertosMorrete Fest

Bailar Reivindicando

8 / 10
José Ramón Crespo — 24-06-2026
Fecha — 20 junio, 2026
Sala — Varios escenarios / Logroño
Fotografía — Kiko Ausejo

La quinta edición del Morrete Fest, festival de la cultura Queer en Logroño, ha vuelto a celebrarse con un cartel de lujo, consolidándose como un evento imprescindible. Y no solo eso, Morrete ha transcurrido con un ambiente de comunidad que respiraba tolerancia, educación y espíritu reivindicativo, algo muy necesario y un ejemplo para otras citas festivaleras.

El viernes Hadren se encargó de la apertura del festival, bajo un cielo oscuro que amenazaba tormenta pero que no impidió que el barcelonés ofreciera una propuesta musical electrónica con una producción impecable, moviéndose con soltura entre el dance, ambient y glitch experimentando con la voz, los efectos y las texturas sonoras o estructuras imprevisibles, acompañados de visuales muy bien trabajados. Entre los temas de su show sonaron “Un niñato en mi cama”, “Soñar Contigo”, “Gasoline” o “Ay Rodrigo”, inédito dedicado a su pareja. Heredero directo de artistas como Arca, fue la propuesta más innovadora e interesante del Morrete.

Desde Hernani, Euskoprincess nos brindó una propuesta más urbana desgranando los temas de su primer álbum “TOTOSAKI” que evolucionan en diversidad de estilos con respecto a su anteriores singles y el EP “Hollywood Star-System”, sin temor a indroducir breakbeats y hardtechno. Y es toda una apuesta por la visibilidad trans, con letras abiertas, directas y sin tapujos. Minet te habla de una vaginoplastia con la misma naturalidad de una amiga que te cuenta que ha estado ingresada por gripe. También hubo espacio para hits fuera del álbum como “MAKINA DEL SEX”, “D1ck P1c”, el bombazo “TOTOS DE LOCAS” y finalizando con el explosivo cóctel de estilos que es “Euskañol”, cantada en euskera.

Protagonizando los interludios de viernes y sábado, así como el Family Camp la mañana del domingo, Bárbara Reina de La Pantaloneta recibió a un público totalmente entregado con su personaje drag, como ella se define. No solo interpretó sus clásicos hits “Amor de Caparrón” y “Pantaloneta”, sino que hubo espacio también para el remember noventero, acompañada de la coreografía de sus varietés.

Papa Topo salieron al escenario después de un accidentado viaje a Logroño, sin tiempo para ensayos, pero hicieron gala de su profesionalidad ofreciendo un espectáculo de pop efervescente, divertido y fresco. No solo repasaron temas de su último trabajo “Presto y con toda su fuerza” como “Dime mentiras”, “Nunca digo no”, “Ven a mis brazos” o “Emasculación, La Solución”, desafiando la masculinidad hegemónica a golpe de pasodoble en aceleración continua, sino que repasaron hits como “La Chica Vampira”, la versión de “Ese Hombre” (que hicieron junto a Yurena) o “Lo que más me gusta del verano es poder tomar helado”. Hubo espacio para las colaboraciones con la presencia de la logroñesa loveletter en el tema “Robot” y la celebración del cumpleaños de la madre de Adriá al ritmo de “Sirenear”. Un deleite para los fans que se sabían las letras al dedillo. Un espectáculo completo.

El último concierto del día corrió a cargo de Luna Ki, que se presentó ante el público anhelante en un escenario plagado de lápidas. Su actuación confirmó que 2026 está siendo el año de su reinvención, con su álbum “Luna”, que vio la luz en abril. El repertorio alternó momentos de intimidad con explosiones de energía pop y se agradece mucho una interpretación vocal más directa, sin abuso del autotune. A destacar temas preciosos de esta nueva Luna como “Para 2”, “Bomba de Amor” o su primer sencillo “No Soy Diosa” reivindicando lo terreno en su letra “Compro donde tú compras el pan”, frase que me pareció verla estampada en la camiseta de algún fan. También hubo momentos para sus temas de más éxito como “Voy A Morir”, “Febrero” o “Septiembre”, favoritos del público, terminando con el concierto con “Tiempo prestado” y “Tu tumba”. El resultado fue una actuación convincente y ambiciosa que confirma el buen momento creativo de la artista.

Makeda asaltó los platos con una sesión DJ muy personal y diferente para no dejar decaer el subidón del público. Su manera de comenzar atrajo la atención de inmediato con los cánticos de “El Rey León” y desplegando su set de afrobeats y funk, consiguiendo mantener la vibra y hacer bailar al respetable. Se nota que disfruta en sus sets.

Para los que tenían ganas de más, los DJs locales Ripley y 3po continuaron la fiesta hasta las 4am con la sesión Morrete Club en un Stereo a rebosar de público. Desde La Pili hasta Samantha Hudson pasando por Christine and the Queens, Georgia o PUTOCHINOMARICÓN, su set fue un homenaje a la pista de baile y la cultura de club LGTBIQA+.

Morrete Fest programa diversas actividades complementarias al festival y el sábado por la mañana se aprovechó el espacio de la chimenea de la antigua Tabacalera intervenido por Concéntrico, cuya celebración coincide en fechas, para celebrar la Cháchara del Morrete, organizado por Gylda y retransmitido a través del proyecto comunitario ¡Hola Barrio!
La conversación giró en torno al concepto de lo Queer, su definición y la evolución que ha experimentado en los últimos años. Los ponentes vincularon esta identidad y perspectiva con el activismo social y la necesidad de construir espacios seguros en los que la diversidad pueda expresarse con libertad.

Durante el debate también se abordó la situación actual de las celebraciones del Orgullo en las grandes ciudades, donde muchos de estos eventos se han consolidado como citas multitudinarias y plenamente integradas en la agenda cultural. Frente a ello, se reivindicó la importancia de iniciativas como Morrete Fest en localidades más pequeñas, donde la visibilización de la diversidad y la creación de referentes siguen desempeñando un papel fundamental.

Asimismo, se lanzaron críticas hacia buena parte de los grandes festivales musicales, cuyos carteles continúan dominados por propuestas convencionales y donde la presencia de artistas LGTBIAQ+ o de mujeres sigue siendo limitada. Los participantes señalaron que, en ocasiones, la inclusión responde más a una estrategia comercial que a un compromiso real con la diversidad, incorporando perfiles Queer, femeninos o racializados de forma testimonial. Un modelo que contrastaron con la filosofía de programación de Morrete Fest, presentada como un ejemplo de apuesta genuina por la pluralidad y la representación.

La mesa, moderada por Fran Alonso y Alba Sáenz de la Cuesta, contó con la participación de Makeda, Hadren y Adrià, integrante de Papa Topo, tres voces que aportaron experiencia, reflexión y cercanía, convirtiéndose en los ponentes ideales para abordar un debate tan necesario como enriquecedor.

La segunda jornada de conciertos dio paso a Lisasinson, banda valenciana liderada por Miriam Ferrero que se ha enfrentado a numerosos cambios en los ocho años transcurridos desde su formación. Su directo es arrollador y energético, pop-punk que convierte el escenario en una fiesta entre amigos. De su último álbum sonaron algunos temas como “Deberíamos vernos más”, “No quiero envejecer” o “Quiero que perdamos la cabeza (otra vez)”. Se atrevieron también con una versión chulísima de “Soy Una Punk”, el clásico de Aerolíneas Federales y reservando espacio para algunos de sus numerosos singles como “Tu y yo”, “Se me ha muerto una flor” o uno de sus temas estrella: “Barakaldo”. La respuesta del público fue inmediata: saltos, cánticos y una atmósfera de celebración colectiva que convirtió el parking del Revellín en una fiesta.

Seguidamente subieron al escenario Morreo, el dúo gaditano afincado en Madrid formado por Joseca y Germán. La actuación no fue en formato banda, como hemos visto en otras ocasiones dado que están en un periodo de transición y con su nuevo trabajo a punto de lanzarse después del verano. Su visión del pop está claramente marcada por los años 60-70, pero en su directo la ofrecen en un formato club más festivo en el que abundan las bases con sintetizadores y la fusión con otros estilos. Entre los temas más destacables sonaron “Los turistas”, “Diablitos” y “Pansequito”, que grabaron junto a Soleá Morente. Como colofón nos obsequiaron con el inédito “Locos por el ritmo”, a punto de publicarse y dejándonos con el deseo de conocer su nuevo álbum.

Muchos teníamos ganas de ver el espectáculo de SVSTO, el nuevo proyecto de Carla Parmenter, producido por Alejandro Da Rocha. Reivindicando el feísmo industrial de su Vallés natal, SVSTO utiliza el techno oscuro y bailable como vehículo para el activismo y la denuncia. Demostró que la electrónica de baile aún puede tener algo que decir. Lejos de limitarse a encadenar ritmos contundentes y estribillos pegadizos, desplegó un directo donde la fiesta y la crítica social convivieron sin estorbarse, una de las señas de identidad de su primer trabajo "CRISIS". Se encadenaron bombazos como “AP7”, durante cuya interpretación se permitió empezar un bocata que posteriormente lanzó a “la que tenía pinta de más precaria” entre el público. Dedicó “Venganzza” a los heteros y también sonaron “Tecno Castanyera”, “Mil€” y su más reciente tema “Bar Manolo”, poniendo en valor de los bares de barrio de toda la vida frente a los tés matchas que nos ofrecen los locales pijos del centro gentrificado. Carla ya es nuestra terrorista de la pista favorita.

La irrupción de Samantha Hudson fue uno de esos momentos capaces de alterar por completo la temperatura del festival. Arropada por una contundente base de hard-techno y acompañada por tres bailarines cuyas coreografías amplificaban cada gesto y cada provocación, la artista desplegó un espectáculo tan festivo como incómodo para quien aún espere encontrar corrección política sobre un escenario. Buena parte del repertorio estuvo centrado en “Música para muñecas”, con interpretaciones de temas como “Esta ciudad”, “Full Lace y el Tuck” o “No sé quién soy”, aunque tampoco faltaron algunos de los himnos que han marcado su trayectoria, desde “Burguesa arruinada” hasta “Adicta al sonido” o “Por España”, esta última ya reivindicada la jornada anterior por Papa Topo.

Más allá de las canciones, Hudson volvió a demostrar que sigue ocupando un espacio singular dentro del panorama estatal. En una época en la que abundan las propuestas diseñadas para resultar inofensivas, ella continúa convirtiendo el exceso, la irreverencia y la contradicción en herramientas creativas de primer orden. Su actuación fue una celebración de la diferencia, pero también un recordatorio de que el pop puede seguir siendo un lugar desde el que cuestionar, incomodar y, por supuesto, divertir.

El cierre del escenario Morrete quedó en manos de 2Mari DJs, que transformaron los últimos compases de la jornada en una auténtica celebración colectiva. Desde los primeros minutos dejaron claras sus intenciones con una apertura tan efectiva como simbólica, enlazando “Baile Inolvidable” de Bad Bunny con “Berghain” de Rosalía, dos referencias que resumen bien su capacidad para moverse entre el fenómeno global y la cultura de club contemporánea.

Lo que siguió fue una sesión vertiginosa, construida sin apenas tregua y diseñada para mantener la pista en constante ebullición. Las características máscaras con flecos, ya convertidas en parte inseparable de su imaginario visual, se mezclaban entre un público entregado que respondió desde el primer momento a cada cambio de ritmo. Sonaron nombres como Bomba Estéreo o Chvrches en una selección tan ecléctica como efectiva, mientras el escenario se convertía progresivamente en un enorme dancefloor al aire libre. Más que una simple sesión de cierre, la actuación de 2Mari DJs funcionó como un punto de encuentro para quienes aún guardaban energía después de una intensa jornada de conciertos. Una despedida festiva, sudorosa y liberadora que confirmó que, cuando la selección es la adecuada, no hacen falta muchas más explicaciones: basta con dejarse llevar por el baile.

La noche siguió su curso en Stereo con una nueva entrega de las sesiones Morrete Club. Con la sala abarrotada y el ambiente ya en plena ebullición, Papa Topo tomaron los mandos de la cabina para prolongar la celebración más allá de los conciertos y convertir el cierre de la jornada en una auténtica pista de baile. A medida que avanzaba la madrugada, los BPM fueron ganando protagonismo y la intensidad creció de forma progresiva. Una despedida festiva y despreocupada que confirmó que la conexión entre Papa Topo y la pista sigue funcionando con la misma naturalidad que sobre el escenario.

La última jornada del festival se complementó con el Morrete Fest Family Camp. Una propuesta cultural intergeneracional que amplía el alcance de Morrete Fest, incorporando a la infancia y a las familias como parte activa del proyecto. La mañana contó con talleres, pintacaras, hinchables, tragantúa, juegos y actuaciones, finalizando con una paella popular. Todo ello organizado por Gylda Rioja con la colaboración de Amadeus Aula Creativa, el Coro Villa Patro, la Escuela de Danza Roser Abelló y Bárbara Reina de la Pantaloneta en la parte musical y de danza, así como de las asociaciones ARPA Autismo Rioja, Purpurina, Universidad Popular, AFAAR, Asprodema, Rioja Acoge y Editorial Kókinos.

Según informó Gylda en la jornada posterior a la celebración del festival Morrete Fest ha reunido durante el pasado fin de semana en Logroño a 8.500 personas, convirtiéndose en la edición más multitudinaria y consolidándose como un evento cultural con espacio para el talento LGTBIQ+ y donde se apuesta por la visibilidad, diversidad y los lugares seguros y compartidos. Un ejemplo de comunidad, celebración y reflexión.

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