“La inspiración no es la copia, es el manantial”
Entrevistas / Queralt Lahoz

“La inspiración no es la copia, es el manantial”

Yeray S Iborra — 19-02-2020
Fotógrafo — Yanislaisi

Hay debuts que suenan a antología. “1917” (Say it Loud Records, 19), primer EP de Queralt Lahoz en solitario, es rotundo: cinco temas en los que el flamenco marida sin aspavientos con soul o hip hop. La joven tiene, como los minerales, propiedades equilibradoras. Lo presenta el 21 de febrero en La Nau de Barcelona.

No es la primera mesa de bar que convierte en ‘casa’. Queralt Lahoz da abrazos con las palabras. El mismo cuidado con el que atiende el cuestionario, le ha servido para despachar uno de los estrenos más sensibles del año: “1917”, lo primero que conocemos de la artista en solitario, la cantautora también forma parte del dúo De la Carmela, tiene el poso de una carrera larga. En los cinco temas del EP hace casar el flamenco con las músicas urbanas. Y de fondo, discurso de clase y apego a las raíces. Lahoz es cuarzo blanco, amuleto contra la ansiedad social.

“1917” no suena a primer EP…
Llevo desde los diecisiete años sobre un escenario. Ahora tengo veintiocho. Vengo del trabajo de hormiguita. De las raíces: del flamenco, la canción de autor y el hip hop. Mucho freestyle con los colegas. Soy muy perfeccionista y eso es un problema muy grande. Me castigo. He hecho canciones y vídeos que no se han llegado a publicar.

“El perfeccionista tiene un problema, y es que no sabe trabajar en equipo. Todos mis colegas me decían que tenía un problema y que el mundo se estaba perdiendo algo por eso”.

¿Trabajas ese perfeccionismo nocivo?
Sí. El perfeccionista tiene un problema, y es que no sabe trabajar en equipo. Todos mis colegas me decían que tenía un problema y que el mundo se estaba perdiendo algo por eso. Yo tengo un grupo, De la Carmela, y con él me gano la vida. Pero nadie sabía quién era yo con mi nombre. Este verano me propuse grabar mis cosas. Llegué fatal, con una contractura. Estaba sacando la tensión por ahí; llevaba un verano de muchos bolos, más mi proyecto, más problemas familiares. Un año, el 2019, bien “hardcore”. Pero me dije que publicaría, que no pasaba nada. Ahora por suerte hago terapia, lo mejor que he hecho en mi vida, se lo recomiendo a todo el mundo. Es la forma de confiar en la gente y rebajar la presión.

¿Eres de la cuerda de mejor publicar poco y con sentido?
Vivimos en la era del ‘fast food’ musical. Yo no participo de esa movida. Es bueno ser coherente con lo que se sube y respetar la música. La música es constancia.

¿Se premia publicar mucho y sin conexión?
Hay mucho plastiquete. En todos lados. Mira Instagram, que nació como una cosa ‘fresh’, del momento, pero tardó poco en ser mentira. Todo está preparadísimo.

¿Te afectaba esa prisa?
Al principio tuve prisa, sí. Quería sacar cosas. Atreverme. Pero yo no soy eso. En mi día a día a veces estoy de puta madre, pero luego veo que es tan difícil que me deprimo y no quiero ver a nadie. Me costó ver que ya que lo hacía debía ser fiel a mi misma. Delegando y confiando en mis niños [su banda]. Soy muy madre, me gusta cuidar y querer. Pero es difícil encontrar paz entre tanta guerra, por eso la canción “Drogas caras”.

¿Qué son ‘drogas caras’ para ti?
Me inspiró un amigo que vivía muy bien y se enganchó a las drogas. El sarcasmo de ese mundo de plástico. Con poder, con dinero, parecemos menos ‘yonkies’. Esto [señala el teléfono] es una droga cara. La vida es una droga cara.

¿Cómo se combate eso?
A veces la paz es un beso, a veces es la poesía. Somos instante. [choca con la uña de gel un vaso de café con leche] Pero hay cosas que curan: “Buenos días”. “Gracias”. Una mirada. Vengo de eso, de una mente antigua.

“Yo sé dónde quiero ir. Soy carne de teatro y bolero. A mí me flipa cantar una soleá y un fado, porque me gusta llorar”.

¿Cuesta capturar ese instante?
Cuesta. Por eso el directo es mejor que el EP. Yo vengo del flamenco, de la poesía, de Enrique Morente. Hay un punto de se nace y no se hace. Nacemos con el día de la muerte marcado; las estrellas y la luna lo dicen.

Muy cultura flamenca ese comentario.
Los astros existen. Es muy gitano, sí. Puedes nacer con algo que llevas contigo. A mí siempre se me dio bien improvisar, jugar con las palabras. En el coche siempre escuchaba música y hacía coros…

¿Hacías quintas ya desde pequeña?
Sí… Y estudié música muy tarde.

¿Qué estudiaste antes?
Criminología. [Ríe]

Wow.
Y muy tarde también. Tuve una vida complicada, con pérdidas familiares. Una vida de a pie. Al final una madre nunca quiere que su hija sea artista, porque va a pasar hambre. Es así. “Estudia”. Yo tenía mi banda y mis cosas, pero hice criminología porque abarcaba lo que me interesaba: psicología, derecho, sociología… Nunca pensé en dedicarme a ello. Volví a cantar y es lo mejor que he hecho en mi vida.

También es ‘antiguo’ hablar de clase. Pero es seña de identidad de tu EP.
Se habla poco de eso.

Lo crudo, ¿vende menos?
Fue el dia de la salud mental e hice un ‘stories’ para apoyar a todo el mundo que va a terapia. Tenemos una vida difícil y los artistas tenemos una presión económica y política grande. Y hay que mostrar que la vida conlleva dificultades. Yo tengo mucha ansiedad. Hace tres días no pude ir a logopedia porque me entró ansiedad en el metro. A veces no puedo soportar este mundo. Estoy hipotecada hasta las cejas con mi proyecto, porque creo en mi. Es hermoso hacerlo por uno mismo pero al mismo tiempo es una presión enorme: volvemos a la autoexigencia. Hoy hay mucha música pero muy poca música sincera.

“Cada día pienso que estoy en la mierda pero que no estoy tan mal haciendo lo que quiero”.

Hemos hablado de las redes sociales. La comunicación de los artistas por redes, ¿la ves sincera?
Al final hay un negocio muy fuerte. No digo que haya que hablar todo el rato de lo político y lo emocional en las redes, en la música, pero hay algo demasiado básico. Mucho ser la reina del mambo… Y, ¿qué más? La gente necesita la palabra, necesita abrir el tercer ojo. El viernes se mueve el culo, pero se puede vivir sin esperar al viernes. Yo he vivido este bucle del “ojalá sea viernes”. No lo quiero. Con lo malo, todos los viernes son de lunes a lunes. Cada día pienso que estoy en la mierda pero que no estoy tan mal haciendo lo que quiero.

Has hecho un disco de compromisos. El mismo título habla de tu abuela.
Al final uno tiene que ser fiel a sí mismo. Y yo soy fiel a mi abuela, ella es mi referente constante. Y cuando subo al escenario sé que está conmigo. Ella me ha enseñado todo lo que sé, y sin darse cuenta. Una mujer del año 1917. Ha sido muy interesante vivir así, porque sabes de las cosas importantes: un trozo de pan y un techo, los derechos, la verdad. “Para los otros, lo otro”. Yo sé dónde quiero ir. Soy carne de teatro y bolero. A mí me flipa cantar una soleá y un fado, porque me gusta llorar. Pero lo quiero mezclar, porque he nacido en el noventa.

Coplas y hip hop, buen combo.
Coplas y Wu Tang Clan. Pero eso no lo inventamos nosotros. Alba Molina ya hacía algo parecido, mira Las Niñas. Rosalía es un referente. Tenemos la misma edad, es una artistaza, pero había personas que ya estaban aquí haciendo eso. Mira Fuel Fandango. Y vuelvo, mira a Enrique Morente.

¿En qué te fijas de Enrique Morente?
Las voces poderosas, el delay, la reverb. Es Morente. A mí no me averguenza decir quién me inspiró: la inspiración no es la copia. Es el manantial. Nathy Peluso es muy La Lupe, y no habla de ella. Sería bueno que lo hiciese, porque es una diosa. No deberíamos tener miedo de decir en quién nos inspiramos. Porque el legado hay que reconocerlo siempre: no inventamos nada, no somos dioses. Está todo hecho, pero el poder es mezclarlo.

¿Más referentes?
En el directo hay cosas diferentes al EP, hay más viajes al pasado. El EP es lo más moderno. Porque el directo es más morentiano, también más Lole y Manuel.

Agenda

22.00h 10€

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