Pregúntate qué debe escuchar tu grupo favorito. La respuesta es fácil: Power Burkas, banda de culto de la escena indie catalana adulados por Remei de Ca la Fresca e Irieix, por Dan Peralbo i el Comboi y Gavina.mp3. “Eso nos da vida”, admite Marcel Pujols, cantante y bajista de este cuarteto de Vic que completan Claudi Dosta (guitarra), Martí Ferrer (batería) y Aleix Marbant (guitarra). Una admiración que no han transformado en uno de los motores que empuja el grupo, pero es una motivación más. “Pienso mucho, por ejemplo, en el caso de Remei de Ca la Fresca”, apunta Pujols. “Es muy evidente que Remei ha hecho que acabemos los conciertos de otra manera. Ahora los terminamos igual que ellos”. Marcel se refiere a "Fer un grup", canción de Power Burkas que suena al final de todos los bolos del grupo de Xantal Rodríguez. “Era un tema que nosotros habíamos descartado hace años. No sé por qué, como nunca la tocábamos en directo, se quedó ahí. Y a raíz de que Remei la recuperaran nos apeteció volver a hacerla. Toda esta nueva hornada de bandas que nos tienen como referentes, nos genera nuevas inquietudes. Hay gente que nos propone colaborar y acabas trabajando con personas a las que no conocías o de las que ni siquiera sabías muy bien qué hacían. Y eso es divertido. Es como un reciclaje constante de Power Burkas, una manera de decir: ‘Vale, esto sigue interesándole a gente de generaciones diferentes, sigue vivo’. Al final te da un argumento más para seguir haciendo música”.
“Con Power Burkas hubo un momento, no sé exactamente cuándo, quizá hace cinco años largos, en el que entendimos que el grupo ya formaba parte de nuestra vida”, explica el cantante y bajista. Parece una obviedad, pero no lo es. Es como cuando una pareja supera aquella primera etapa de ardor para adentrarse en un terreno de relajada admiración cotidiana. Ya no follas tres veces todos los días, pero ello no implica que hayas dejado de querer a tu pareja. Fue justo entonces cuando Power Burkas entendieron que podría haber temporadas en las que no publicarían nada. Tampoco tendríamos noticias de ellos. Mientras tanto seguirían viéndose para tocar. Los discos ya aparecerían cuando tuvieran algo que decir. “Eso no significa que el grupo vaya a durar para siempre, pero ya no nos hace falta estar superactivos para saber que el grupo sigue vivo. En cualquier momento puede encenderse la chispa y grabar un nuevo álbum. Eso ya lo tenemos muy incorporado. Luego ya veremos qué cambios trae el futuro y cómo los integramos en el grupo para que pueda seguir existiendo”.
"Todavía nos salen canciones con esa urgencia de la que hablas"
Ese nuevo álbum se titula “Amb la fi al davant” y llega tras cinco años de retiro espiritual. Media vida en la vida de un grupo que se formó en 2013 y que publicó su primer álbum, “Llarga vida al tarannà” (BCore Disc / Famèlic, 2016), tres años después. Luego, a un ritmo más o menos constante, vendrían “Mai negó l’oci” (BCore Disc, 2019) y “Naïf, potser” (BCore Disc, 2021). “Todavía no hemos encontrado una explicación muy clara del porqué ha pasado tanto tiempo entre un disco y el otro, pero cinco años dan para mucho”. Indica Pujols, y puede que esta sea la explicación, que el lugar en el que estaban como personas cuando publicaron “Naïf, potser” no tiene nada que ver con el actual. Confiesa que ha habido una cierta maduración y cierto espacio vital para poner las cosas en su sitio “Cuando terminó la gira de presentación de “Naïf, potser hubo una especie de bajón. Nos dijimos que no hacía falta lanzarnos inmediatamente a hacer otro disco. Aun así, hay canciones que llevan mucho tiempo con nosotros. Yo diría que algunas hace cinco años que las tocamos. Durante este tiempo las hemos ido cambiando y dándoles vueltas. Un proceso que no terminamos de completar hasta hace un año o año y medio. Tampoco nos ha preocupado demasiado el tiempo que ha pasado. Muchas cosas no solo siguen existiendo, sino que hemos visto a gente nueva que hace cinco años no estaba aquí, que se suma al grupo, que tiene ganas de que vayamos a tocar a su pueblo simplemente porque sí”.
“No nos ha preocupado demasiado el tiempo que ha pasado. Muchas cosas no solo siguen existiendo, sino que hemos visto a gente nueva que hace cinco años no estaba aquí, que se suma al grupo y tiene ganas de que vayamos a tocar a su pueblo simplemente porque sí” Porque son Power Burkas, el grupo favorito de tu grupo favorito. Más aún después de la publicación de “Amb la fi al davant”, trabajo que encapsula todas sus virtudes. El cuarteto de Vic es como un jazzman tocando punk en pleno viaje lisérgico. Algo así como Minutemen, más Meat Puppets, más Pavement, más King Gizzard & the Lizard Wizard. Un nuevo disco que a mí me resuena algo más urgente y melódico que los anteriores. Marcel Pujols tiene otra visión. “Están "Súper vivència" y "Crossfit Taradell", que son canciones de un minuto, hechas tal como salen, y tampoco tuvimos ninguna duda a la hora de incluirlas. Podríamos haber pensado: "Hostia, en un disco con canciones más elaboradas, más largas o de medio tiempo, igual desentonan". Pero no, porque nosotros también somos eso. No es aquello de: "En este disco toca hacer country" o "en este disco toca hacer trance". No. Es simplemente hacer lo que te sale en ese momento. Y todavía nos salen canciones con esa urgencia de la que hablas. Pero hay de todo. Aleix decía que este disco se parece bastante al primero, “Llarga vida al tarannà”, por esas canciones más cañeras. Yo, en cambio, creo que no”.
Y luego, claro, están, una vez más, unas letras, puro realismo mágico, que los alzan como los mejores versadores sobre la absurdidad cotidiana, como, tan solo por poner un ejemplo, en “Rega runa”, en la que Pujols se transforma en uno de esos adorables jubilados que van a ver cómo avanzan las obras y nos relata, con ese humor tan indisociable a los habitantes de Vic, la demolición del Mercat Municipal, ahora convertido en una inmensa explanada a la espera de que algún día se construya un centro de atención primaria. “Lo curioso de ese mercado es que era un edificio que todo el mundo consideraba feísimo. Estaba completamente en decadencia, porque cada vez había menos puestos y la gente ya no iba. Pero, en cuanto lo derribaron, apareció esa sensación de que éramos una ciudad decrépita. De repente el mercado resultó que era maravilloso porque era un ejemplo de arquitectura brutalista, cuando lo cierto es que, si lo veías un día cualquiera, pensabas: "Menudo pegote de cemento"”. Para Marcel, escribir sobre lo que ve en su día a día es una manera de vivir. “En este caso me hace ilusión haber podido hacer esa canción porque recoge muy bien lo que estaba viviendo entonces, cuando trabajaba delante del mercado y contemplaba todas esas escenas. Es como decir: "Tengo esto delante, lo convierto en una canción". Y queda ese pequeño retrato de lo que significó un momento muy concreto. Me gusta mucho esa idea”.
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