Desde aquellas primeras salas hasta el impacto de llenar grandes recintos, la carrera de Nil Moliner ha sido una evolución constante. Sin embargo, la verdadera huella del catalán reside en su capacidad para entender que cada etapa, por diferente que sea, es necesaria para crecer. Es precisamente la madurez del músico catalán la que articula “NEXO”, un álbum que funciona como un ejercicio de sinceridad tras un periodo de introspección consciente. Como bien reconoce el propio artista: “Miro para atrás y pienso: ‘He actuado en el Movistar Arena, en el Navarra Arena y en el Palau Sant Jordi’. ¡Jolín, qué guay poder recordar que, en esas tres ciudades, también empecé haciendo salas de ciento veinte personas!”. En todo caso, el disco no nace de la inercia, sino de la crisis. Tras la gira de 2022, Moliner tomó una drástica decisión: parar. La fatiga acumulada le llevó a una pausa de año y medio, un tiempo durante el que buscó refugio en Madrid, intentando descifrar un vacío que no lograba llenar. La revelación llegó de la forma más pura posible. “Todo se me curó el 20 de abril del 2024 cuando volví a subir al escenario". Fue ahí, al reencontrarse con el público, cuándo entendió que su identidad artística está profundamente ligada a esa conexión con el público.
"Volver con algunas canciones al Nil de quince años, es algo que no me esperaba que pudiese pasar"
“NEXO” es el resultado de dos años de composición sin presión, en tiempos de inmediatez, permitiéndose el lujo de la calma y la reflexión. En lo sonoro, el álbum es una mezcla de texturas en la que cada canción mantiene su independencia, pero a la vez todo está conectado. Si bien la influencia de los ritmos latinos sigue presente —como en “Ya no estoy triste”, un son cubano nacido de la complicidad con sus colaboradores Nico y Pablo—, el disco es un tejido en el que conviven mundos sonoros distintos. El artista ha optado por una producción colectiva, arropándose en nombres como J. Cruz, Liam o Mapache, consolidando una dinámica de trabajo que eleva el proceso de creación y permite que cada canción respire con personalidad. En este mapa emocional hay paradas obligatorias que definen el carácter del disco. La canción “Alex” destaca como una pieza terapéutica una canción sobre el duelo compartido que ha mutado en cada escenario, convirtiéndose en un momento de comunión colectiva con su público, donde las historias personales de sus seguidores se entrelazan con la suya propia. "Es una parte de terapia muy bonita; lleva el nombre de Alex, pero también lleva el nombre de mucha gente que he perdido en mi vida y, seguramente, la gente cuando la escuche cambiará ese nombre de Alex”.
“NEXO” se cierra con “Bonanit”, un homenaje a sus raíces y a la nostalgia adolescente, rescatando ese imaginario de campamentos y guitarras alrededor de la hoguera —con guiño incluido a Els Pets— que ha formado parte de su educación sentimental. La ambición de Moliner se centra en la propuesta escénica de esta nueva etapa. Sobre esta gira confiesa que "es algo que hacía mucho que no sentía, esa emoción y esa ambición. Volver con algunas canciones al Nil de quince años, es algo que no me esperaba que pudiese pasar. Qué sorpresa encontrarte con ese recuerdo, darle la mano, abrazarlo y escribirlo". Reencontrándose con su yo de quince años, Nil Moliner ha recuperado guitarras que beben de referentes suyos como Pereza o Fito. Así, “NEXO” no es un álbum más de Nil, sino que es la confirmación de ese hilo invisible que mantiene a un artista ligado a la realidad, a sus recuerdos y a la gente que hace todo esto posible. “Este disco habla de todas las conexiones que puede haber en el mundo. No pararemos de tener nexos con gente, con sitios y con recuerdos hasta el día en que muramos”.

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