Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis
Cine - SeriesPaul Sng

Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis

6 / 10
Raúl Julián — 22-05-2026
Empresa — Filmin
Fotografía — Cartel de la película

La idea de un documental en torno a la figura de Irvine Welsh o, dicho de otro modo, uno de los escritores más abrasivos, particulares y también controvertidos de su generación, propiciaba ilusionantes perspectivas. El resultado, materializado por el director Paul Sng, acaba de ser estrenado en exclusiva por la plataforma Filmin, dentro de su colección ‘Filmin Books’.

“Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis” utiliza como hilo conductor (o, más bien, mera excusa) los viajes de Welsh a diferentes partes del mundo, ya sea para participar en algún coloquio o firma de libros o para encontrarse con su agente en California. La cámara sigue Welsh (sin una intención fija, en realidad) mientras va desglosando la bibliografía y también filmografía que cuenta con su firma, además de ciertos recuerdos de su pasado amparados en reencuentros con amigos.

El apartado visual, con multitud de planos del protagonista repartidos entre actividades con frecuencia anodinas y preferencia por lo parece ser una especie de laberinto de luces, resulta algo repetitivo. Un apartado, en definitiva, tirando a pobre, en pleno contraste con esa narrativa que cruza el documental de principio a final, arrasadora y revelada como el verdadero activo del producto. Las opiniones, declaraciones y reflexiones de Welsh lucen una óptica filosófica contemporánea en la que el de Leith resulta tan desarmante como los mismos personajes de sus novelas. Reflexiones lúcidas y afiladas que se entremezclan con la lectura de pasajes escogidos de entre sus títulos (“Porno”, “Glue”, “Filth”, “Marabou Stork Nightmares” o “The Acid House”) en boca de Stephen Graham, Helen Behan, Liam Neeson, Ruth Negga... y hasta el mismísimo Nick Cave.

“Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis” no es sino un trazado (algo ligero) por el universo personal y creativo de Welsh, que transita entre literatura, sexo, cine, música, sociedad y, por supuesto, drogas (incluyendo su pasado como heroinómano o el ‘viaje’ reciente en base a DMT aprovechando su paso por Toronto). Un metraje que, de manera inevitable, tiende a pivotar en torno a “Trainspotting”, obra magna del autor y que luce como elemento recurrente al que regresar una y otra vez. Un documental imperdible en cuanto a las propias reflexiones vitales y sociopolíticas de Welsh, siempre inquietantes e inspiradoras, pero que deja cierta sensación de falta de solidez o desperdicio ante las opciones no aprovechadas. Una oportunidad que no era otra que la de escudriñar obra y milagros, demonios y bajadas a los infiernos, de un autor tan incómodo como necesario y determinante.

 

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