Napoleón Solo no son una banda más. Son cinco músicos tímidos y algo ausentes que navegan en un mundo mágico y propio, lleno de melodías que no recuerdan a nadie más que a ellos mismos. Acaban de sacar su primer disco con Ernie Records  (el tercero en su trayectoria) que lleva el solemne nombre de Máximo Ruíz Ferrer, el alter ego de un espacio sonoro común en el que el quinteto granadino parece moverse a sus anchas.

 

Habéis tardado tres años en sacar “Máximo Ruíz Ferrer”, ¿cómo ha sido el proceso tras llegar a Ernie Records? ¿Cómo nace y madura el disco?

Nuestra relación con El Volcán, nuestro anterior sello, y lo cierto es que tuvimos una corazonada con Ernie que fue mutua, así que surgió trabajar juntos. Habíamos compuesto maquetas prácticamente desde el lanzamiento de “Chica Disco” que han tardado tres años en materializarse como un nuevo LP pero precisamente hemos podido hacer muchas cosas que con otros trabajos, con unas fechas de entrega, no habíamos podido hacer. Nuestro estudio en Órgiva, en plena Alpujarra, es lo más parecido a un paraíso terrenal, hacíamos sesiones muy largas de trabajo pero el paisaje te concentra e inspira tanto que, ese mismo trabajo en el centro de una ciudad, no hubiera tenido los mismos frutos. Este es un álbum hecho desde la base, los anteriores discos son fruto, más bien, de la recopilación de una trayectoria previa.

Explicadnos quién es Máximo Ruíz Ferrer…

Máximo Ruíz Ferrer no es nadie y es mucha gente. Es un señor de larga barba blanca, tipo San Pedro o Valle- Inclán, que se sentaba a observarnos durante la creación del disco. Parece una locura, pero fue lo primero que tuvimos: el nombre del álbum. A partir de ahí dijimos “vamos a hacer un disco, no tenemos música pero tenemos título”. Fue una especie de proceso a la inversa, crear a “Máximo” y al resto de personajes que lo acompañan, nos sirvió también de selección: máximo estuvo durante todo el proceso y era él quien decía esto sí, esto no.

Pues el tal Máximo os ha inspirado muy bien, es un disco maduro y ecléctico…

Hay quién ve el disco complejo, nosotros no dejamos de ver diez canciones perfectas para cantar y bailar. Estamos orgullosos del resultado, es bueno ser sincero con la música que uno hace, y nos hemos mostrado como somos pero no creemos que hayamos “evolucionado” nosotros de manera personal, trabajamos sobre las canciones y sí que es posible que las ideas que nos llevaban a escribir y componer hayan tenido un mayor recorrido que en otros trabajos pero son siempre las canciones las que mandan, las que nos dicen lo que necesitan. Y sí, es posible que sea un disco más ecléctico porque hemos tenido tiempo de trabajar cada tema por separado, sobre conceptos sencillos que se van desarrollando: es un diálogo entre muchas influencias que van hablando con las canciones.

 

¿Qué tipo de influencias? ¿Qué os ha enseñado el anciano Máximo Ruíz Ferrer? Parece un tipo interesante…

(risas) Puff, de todo. En su mundo han aparecido piedras megalíticas, contactos con vida extraterrestre, la compleja búsqueda de los zahoríes, la magia, la fantasía, una carta de dos enamorados encontrada en un techo de la Alhambra… Los conceptos aparecían solos y al final, estirábamos las ideas hasta el infinito. De repente, todo empezó a encajar de manera natural.

¿Qué feed-back os ha dado vuestro público?

Empezamos a rodar ahora, así que aún no hemos tenido la oportunidad de defenderlo en directo. De todas formas, intentamos leer rápido las críticas, a pesar de que forman parte de todo el proceso. Suponemos que nunca terminas de entender del todo el punto de vista del público porque, al final, tampoco es la motivación que tenemos a la hora de crear. El fin es hacer lo que te pide la propia música, tienes que tener un buen argumento que consolide el disco, pero eso es todo: la música no se hace para el autor ni para el público, se hace para la propia música. De todas formas, la conexión con el público es increíble, hay veces que parece que es la gente la que está llevando el peso de tu música en el directo.

Supongo que para llevar a escenario un disco con tantos detalles y arreglos bonitos ha llevado mucho trabajo.

Transformar el modelo del disco para que funcione en directo fue un proceso largo y, a veces, frustrante. ¡Parecía que teníamos que hacer un disco nuevo! Pero toda frustración conlleva una mayor recompensa cuando la salvas, Máximo y su energía nos ha ayudado mucho en esto (risas)