Mucho ha pesado, en el mejor sentido, tener un programa diario en la radio para Miqui Puig. Las últimas tendencias se dejan notar en 15 canciones de amor, barro y motocicletas (El Segell, 19). Pop bailable y nostálgico en una de sus mejores entregas. Este fin de semana actúa en Vida Festival (6 julio, Vilanova i la Geltrú) y Berenar en L’Umbracle (7 julio, Valencia), y a finales de agosto en MUWI La Rioja Music Fest.

“Hoy estoy tan bien, que algo malo me tiene que suceder”. Cambian las tornas. Habitualmente es Miqui Puig, afamado melómano, el que para aderezar su discurso tira de citas de canciones. Pero le propongo esta sentencia, prestada de “Carreteras infinitas” (Sidonie), para definir su estado actual. “Estoy muy contento de cómo está yendo el disco. Aunque un poco cagado, porque cuando va todo tan bien…”, define, cauteloso, el músico. Perro viejo del panorama pop y mediático, he ahí sus participaciones en talent shows, Puig está curado de espanto. Con la edad, uno no quiere una subida tan pronunciada; sabia prudencia al anticipar una caída aún más salvaje. Pero al rey lo que es del rey, desde Escuela de capataces” (17), el ex Los Sencillos va hacia arriba. Por méritos propios.

En menos de tres años, y tras un silencio de siete, ha facturado dos trabajos de pop de orfebrería. En su última entrega, junto a sus inseparables Associazione Ciclistica Popolare, suma ritmos de baile a tutiplén. La culpa, asegura, la tiene su programa radiofónico. “Tenía claro que quería unir pop con cultura de baile, sin hacer una cosa ni otra. Muy británico, muy mío. Y fíjate, en el anterior disco se notaba que estaba haciendo radio diaria más de reflexión y en este que estoy haciendo un programa donde comento canciones de baile”. Puig hace referencia a “Pista de fusta”, su entrega diaria en la emisora musical iCat, parte del sistema radiodifusión público catalán. Allí el artista se ha pegado un hartón de anotar samplers e ideas de la vanguardia sonora. De hecho, el disco está diseñado en cierto sentido como una mixtape. O, claro, como un programa de radio. En su thermomix caben Pet Shop Boys, New Order o incluso Franco Battiato, una muestra de riqueza melódica y variedad de ritmos. Pero no es en el vestido donde encontramos la principal novedad de su último largo. El mensaje se recrudece y se vuelve más político, como atestigua su primer adelanto, el contundente Raros. “Siempre era un poco críptico. Pero ahora ya no. Para mí, la parte más importante del disco está en los homenajes como el que hago a Sonia Rescalvo Zafra, la transexual asesinada en Barcelona, o en los discursos de temas como Hunos que habla sobre la gentrificación”.

No falta, claro está, la nostalgia. Qué sería del pop sin ella. “Siempre hay nostalgia. El pop tiene que tener esa pátina. Sería absurdo que yo empezara a hablar ahora de chándals o de perreo”. Más allá de la lírica, Miqui Puig ha incluido una colaboración con David Lyme, pilar del Sabadell sound –variante peninsular del italo disco– y ahora productor de renombre de Pablo Alborán o Alejandro Sanz, en Comic’s. No es la única sorpresa del largo, repleto de cortes con mensajes elocuentes: cierra el álbum un audio de Carlotta Cosials (Hinds). ¿Relevo generacional? Para Puig los cincuenta son los nuevos treinta.