“Estamos en un momento fantástico”
Entrevistas / Miquel Gil

“Estamos en un momento fantástico”

César Campoy — 27-03-2019
Fotógrafo — Archivo

Miquel Gil es historia viva de la cultura valenciana, incansable trotamundos y contrastado experimentador, el de Catarroja regresa a la carretera para presentar disco, un “Geometries” (Temps Record) que significa criatura nueva tras siete años centrado en mil y un proyectos variados y colaboraciones.

-A veces caemos en la simplificación de hablar de música mediterránea como si lo hiciéramos de un ente pequeño, cuando el Mediterráneo alcanza territorios tan varios como la Península Ibérica, Oriente Medio, los Balcanes, Italia, Francia, el Magreb… ¿Qué tienen todos ellos en común como para que se unifique esa clasificación tan a menudo?
El Mediterráneo, la bañera de Ulises, es aquel territorio en el cual hemos ido y venido, en el cual hemos pasado toda la historia. De alguna manera, sería difícil pensar que, si el Rey Jaime I o el mismo San Roque, nacieron en Montpellier, por lo tanto, Occitania, ¿cómo no va a tener influencia aquella cultura en las músicas que hacemos en el País Valenciano? Fíjate en el Magreb y más allá; toda esta zona árabe tan próxima a nosotros como pueda ser Argelia. Argelia está más cerca de Alicante, que Mallorca. ¿Cómo no ha de tener influencia cuando hemos ido y venido toda la vida? Sí, es cierto, es una zona muy vasta, muy amplia, pero en la cual tenemos una serie de querencias y manías comunes. El cante a palo seco, el cante al aire… Y, sobre todo, una serie de querencias musicales compartidas a lo largo de la historia, que nos hace hablar de música mediterránea. Sí, es muy amplia. El Flamenco, en sí, ya sería toda una potencia; las músicas balcánicas ya serían una potencia; la canción napolitana ya sería, por si sola, una potencia; el rebético y la canción griega… Todos serían suficientemente potentes por sí mismos, pero, bueno, creo que, a nivel universal, es importante que se nos reconozca, a todos juntos, como música mediterránea.

“Se ha revertido aquella decadencia que vivió la música tradicional valenciana, de los años 40 a los 70”

-¿Es, esta música, una de las más agradecidas a la hora de mezclarse con sonidos de lugares tan lejanos como por ejemplo Jamaica o México?
No creo que, en aquello que se llama la world music, sea, especialmente, la mediterránea, la música más mestiza o agradecida. No es tan sencillo mezclarla. Sí que, personalmente, a mí me gusta este ejercicio de mezclar, esas músicas procedentes de los ancestros, con todo aquello que procede de la cultura contemporánea, lo digital… Me gusta ese mestizaje y esa contaminación, aunque sufra la pureza, en la cual no tengo el más mínimo interés. Ya lo decía Cortázar: “Pureza. Puré y, después, za”. Prefiero eso de mezclarnos, contaminarnos y entrecruzarnos.

-Siempre te has sentido muy cómodo a la hora de componer música y, evidentemente, interpretarla, pero también es cierto que, como ocurre en “Geometries”, tiendes a tirar de fuentes externas (sobre todo, poetas), o a apoyarte en ellas, a la hora de construir tus textos. ¿A qué se debe?
Sencillamente, estoy más a gusto componiendo la música, que haciendo textos. Los textos, como que me cuesta más. Me siento más inseguro. Y también es verdad que estamos en un momento fantástico; un momento en el que la poesía que se está haciendo es de una potencia brutal, y, además, hay mucho donde elegir y de mucha calidad. Por lo tanto, si unimos que soy más burro que Tacó a la hora de hacer letras, y que la poesía actual es muy buena, ya lo tenemos. Y me gusta mucho eso de coger poesía y ponerle música.

-De nuevo, la nómina de colaboraciones es numerosa. Además, sigues rodeándote de generaciones variadas, repites amigos, incorporas nuevas aportaciones… ¿La creación artística se convierte en excusa para recorrer ese camino en el cual toparse y compartirlo con gente que merece la pena, o es ese convivir el que invita al hecho de que todo esto cristalice en un puñado de canciones?
La música es algo que se fabrica en grupo. Es un ejercicio, fundamentalmente, hecho en conjunto. Otra cosa es la vida. La vida te obliga, muchas veces, a poner tu nombre para tirar adelante un proyecto. Ya llevo unos años de carrera, y tengo consolidadas amistades y complicidades musicales a las cuales suelo recorrer, suelo ir, y me echan una mano. Es interesante tener las orejas abiertas, estar atento e incorporar, sobre todo, savia nueva; gente con la cual no habías trabajado, y gente joven. Por regla general, estarán mejor preparados que tú lo has estado en su momento, y te aportarán cosas absolutamente diferentes, así como esa energía que lleva la avidez que tienen para vivir y para descubrir cosas y trabajar. Creo que es muy sano hacer esa mezcla.

-Hay nombres como los de Borja Penalba o Eduard Navarro, que hace mucho tiempo que comparten ese camino contigo. ¿Qué te aportan?
Eduard Navarro lleva más tiempo formando parte del proyecto Miquel Gil. Nos conocemos, de hecho, de antes de que surgiera mi proyecto en solitario. Estamos hablando, posiblemente, de un fabricante de melodías impresionante, del riff de “L’amor és Déu en barca”, de las partes instrumentales del “Bolero de l’Alcúdia”, de “Van tres”, de “Cançó dels traginers”… Es muy potente a la hora de fabricar melodías con un sabor mediterráneo que da pánico. Borja Penalba es un cerebrito gris, es un pedazo de músico, y a mí me gusta mucho hacer caso a las cosas que me dice, porque suele tener razón. Tiene un criterio muy formado, y me interesa mucho su opinión. He colaborado, también, en proyectos personales de Borja, como intérprete o cantante. Con los dos se trabaja muy a gusto. Son ya amigos con los cuales estoy muy tranquilo.

-“Geometries” es un disco que, a primera vista, puede resultar homogéneo, pero está repleto de rincones y formas diferentes (formales, estilísticas, filosóficas) de brindar tu música. ¿Tiene mucho de exorcismo o renacimiento renovador radical este trabajo, o más de proceso sanador pausado?
Creo que tiene mucho de vida; de siete años en que no he firmado un disco nuevo, y en los cuales he pasado por diferentes etapas; que quiere, de alguna manera, recoger este “Geometries”, este ser poliédrico que aparece en la canción y el poema de Begonya Pozo. Se tiene que reflejar la realidad de que han pasado una serie de años en los cuales yo he ido haciendo diferentes cosas: ópera contemporánea, free-jazz, música de improvisación, proselitismo de música tradicional, música para audiovisuales… y todas aquellas caras diferentes, de aquel poliedro, son las que conforman “Geometries”. Eso sí, intentamos que todo tenga un denominador común, que es la voz.

-Mucha gente (incluso músicos y periodistas) ha acabado descubriendo a Pep Gimeno “Botifarra” hace pocos años. Hubo un momento en que su presencia mediática fue muy importante. ¿Qué aportó ese alboroto al renacimiento que está viviendo la música de raíz valenciana?
“Botifarra” es un producto de ese momento en el que la sociedad valenciana aceptó que un cantaor de música tradicional asume ese papel de comunicador. Pep reúne las dos cosas: es un gran cantaor y un gran comunicador. Creo que, el momento que vive la música de raíz valenciana, y la world music valenciana en general, viene de más atrás. Hace tiempo que somos una auténtica potencia. Hablamos de proyectos como L’Ham de Foc, que han marcado un antes y un después, y que han sido punta de lanza en el ámbito europeo, en el mundo de la world music. Y creo que continuamos aportando mucho a ese universo. Otra cosa es que estas músicas del mundo, en nuestra casa, no sean mediáticas, o no tengan la difusión que pueden tener en Alemania, Francia o Italia.

-¿En qué punto se encuentra ese proceso de normalización social de la música tradicional valenciana? Sin lugar a dudas, se ha recorrido un camino que, hacía tiempo, parecía árido: las nuevas generaciones muestran interés como público, surgen artistas que saben llegar a la gente (Els Jóvens, sin ir más lejos), proyectos como el de Mox crearon discos (“Tuactes i rebomboris” -Mésdemil, 2015-, por ejemplo) que mezclaron pop y rock con tradición como no se había hecho hasta ese momento…
Posiblemente, hasta ese momento, esa mezcla de la tradición con el rock o con el pop indie no se había concretado de esa manera. Para mí, el disco de Els Jóvens tiene la energía que tenía el primer trabajo de Manel. ¿Cómo es que no se había hecho hasta ese momento? Puede ser, porque, posiblemente, se estaba más interesado en trabajar los mestizajes con otros tipos de músicas. Estamos en un buen momento. Aquella decadencia que vivió la música tradicional valenciana, de los años 40 a los 70, se ha revertido. Están apareciendo propuestas que no se habían hecho hasta ahora. Todos somos hijos de alguien. Esa es la gracia. Cuando yo empezaba con Al Tall, la dolçaina era un instrumento, prácticamente, desaparecido. Ahora, qué extraño es un pueblo que no tenga una colla de dolçainers. Y tenemos muchos músicos y musicólogos que trabajan desde la música tradicional, y esa música ya la encontramos en entornos contemporáneos, del día a día, festivos, en escenarios, en festivales… Y, todo esto, sin ningún tipo de problema. Tal vez esa sea la gracia del momento que vivimos.

-Imagino que, después de los dos conciertos en Valencia y Barcelona, “Geometries” continuará girando. ¿Tienes previstas varias opciones y formatos de presentación? ¿Cómo quieres que vaya llegando a la gente esta nueva criatura?
La idea es ir con un formato grande, de sexteto, aunque supongo que haremos alguna puesta en escena pequeña, de trío. Estamos muy contentos con la demanda. Hay más de una docena de actuaciones cerradas y participaciones en festivales, a pesar de que es un año electoral, que son complicados. Estamos teniendo un feedback muy chulo.

-Todo esto, imagino, combinado con otros proyectos en diversos campos creativos como, por ejemplo, la televisión, ¿no? ¿Cómo se plantea la agenda para este 2019?
Sí, hay idea de continuar con el “Bambant per casa” [el programa de la televisión de À Punt], pero no quisiera difuminarme demasiado. Quizás estos últimos años me lo he pasado muy bien porque he hecho cosas que me apetecía muchísimo hacer; he participado en cuarenta mil producciones, en cualquier cosa que me han dicho, he estado muy a gusto con músicos amigos, y ha sido, por un lado, apasionante, pero, no; quisiera dedicarme a hacer actuaciones del “Geometries” de Miquel Gil, hacer el programa de televisión y hacer cosas contadas. Tengo muchas ganas de carretera, de escenario, de cenas, de pruebas de sonido, de vivir intensamente lo que supone estar de gira. Siempre habrá un espacio para colaborar en un “embolao”, que para mí es como oxígeno, me gusta, pero lo importante es la gira del “Geometries” y el programa de televisión.

Un comentario

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.