“Un placer hablar contigo de lo que quieras”. En mi ránking particular de personas más agradables del gremio, Micah se aúpa desde ya a los primeros puestos. Convertido en padre “milagroso” (varios médicos le dijeron que no podría tener hijos) y lejos de las turbulencias de la vida salvaje, quiere devolver cosas positivas a un mundo que nos empeñamos en joder. Grabado en Texas en un solo día con veinticuatro amigos y músicos que participan anónimamente, When I Shoot At You With Arrows, I Will Shoot to Destroy You (Full Time Hobby/Popstock!, 18). Lleva lejos su personal versión de la americana alternativa, añadiendo algún fascinante experimento post-rockero. Micah, un torrente de elocuencia, tiene muchas cosas que decir sobre su música y, lo que es más importante, la vida. No es tan frecuente. En un mundo en el que el ruido y lo vacuo predominan, el de Memphis lanza un nuevo disco de descarnada humanidad, inspirado por su paternidad y las estatuas de los músicos de la catedral de Santiago.


Por la manera en que está grabado y la inspiración (los músicos de las estatuas de la catedral de Santiago de Compostela), me ha parecido un disco especial…
¡Sin duda! En parte creo que es el público quien tiene que decidir si es especial, pero para mí, lo es. Trabajé muy duro en The Holy Strangers (Full Time Hobby, 16). Sufrí mucho escribiendo las canciones, y cuando llegó el momento de hacer éste compuse melodías muy simples; y me limité a reunir a amigos o conocidos que significaron mucho para mí en la escena musical de Texas según crecía. De manera que pude tocar con todos mis héroes de Texas y amigos. Fue una puta maravilla, tío. Una experiencia muy interesante, porque la banda no había escuchado las canciones antes de ensayar un solo día. Al día siguiente, las grabamos.

Vaya, eso impresiona.
Y que lo digas, tío. Creo que al escucharlo puedes darte cuenta de cuando los músicos están tambaleándose; y otros en los que todo se pone en su sitio de una manera preciosa. Al final, otra de las razones por las que lo hice así, es que claramente vivimos en una época en la que nuestra atención está básica y jodidamente destruida. Estamos siempre con el puto móvil, los ordenadores, las apps … Da la impresión de que constantemente hay un muro que nos separa. El otro día salí a cenar en Austin. Había veinticuatro personas alrededor de mí, y diecinueve de ellas estaban con sus putos móviles, en lugar de estar hablando con sus amigos o haciendo algo. Y esto creo que se traslada a la música. Muchísima se hace con ordenadores, samplers y demás. Con todas estas ideas, lo que pretendía era hacer un disco y que la gente dijera: “Mira, veinticinco personas que apenas se saben la canción, tocando juntas”. Me parecía mágico.

En la primera canción se puede escuchar hasta el soplo de la cinta…¿Cómo de importante es ese sonido orgánico y analógico que te caracteriza?
Yo diría que es extremadamente importante. Pero…por ejemplo, un disco como el de Interpol, que acaba de salir: hay una diferencia clara de calidad. El bajo es enorme, todo suena con mucho espacio y muy bien. Suena de la leche. En mi caso, hay algo específico en relación a mi sonido. No es hi-fi ni nada de eso. La interpretación me importa más que la calidad sonora. Si algo suena a mierda pero la toma es buena, me la quedo. Con este disco teníamos seis magnetófonos a la vez grabando y micros que iban a diferentes mesas de mezcla, entre ellas una Yamaha de los setenta. Lo que hicimos luego fue coger las cintas, volcarlas a una sola máquina y sacar una mezcla de todo eso. No sé si hay alguien que grabe así, aunque para serte sincero, no conozco muchos músicos. Soy un puto friqui y ésta es mi manera de grabar. Sí, el sonido es muy importante, en cuanto a lo que intento hacer, las palabras y el feeling de la canción. Si la calidad fuera diferente, no sería lo mismo.

“Me he dado cuenta de que hago música para hacer ver a la gente que no está sola”

Siempre has estado muy conectado a España.  ¿Cómo te llegó la inspiración de las estatuas de Santiago?
Yo y mi mujer llevábamos como seis ó siete años casados y queríamos tener hijos. Habíamos estado año y medio intentándolo; y fui a tres médicos y todos me dijeron que no podía tener un hijo biológico. Me dijeron que debía ir a clínicas de fertilidad y cosas así, y yo me dije:  “A tomar por saco, o sucede un milagro o no tengo hijos”. Acabé encontrándome en Santiago con mi chica como cuatro veces en tres meses, justo después de las citas con los médicos. No tengo ni puta idea de por qué. Entraba a la catedral y me sentaba delante. Pensaba lo milagroso que sería tener un crío y si había algo ahí que podría propiciar ese milagro. Justo después, mi mujer se quedó embarazada de mi hijo Wiley y después, de mi hija Mose May. Y ahora en primavera vamos a tener el tercero. De ahí viene mi conexión con Santiago. Y por supuesto, cuando estaba allí vi las tallas de los músicos, sin saber quiénes eran. Y resulta que un tío que era fan y algo así como conservador de las estatuas, se me acercó y me contó la historia y que construyeron de verdad los instrumentos de las tallas. Era una puta maravilla. Luego estuve escuchando a una banda de gitanos como una hora y media, y fue la leche. No sé qué pensar de todo esto porque no pienso mucho en milagros, pero sé que tengo hijos y los médicos me dijeron que no podía tenerlos. Así que esa iglesia va a ser algo muy especial en mi corazón hasta el día en que me muera. Lo que sea que pasó, me ayudó a crear humanidad, y eso es una puta locura.

En las canciones hay una serenidad musical especial, un poco en contraste con todo el ruido político y mediático que tenemos alrededor.
Nos hemos construido un mundo que da la impresión de ser malsano. Nada más poner la tele o la radio escuchas alguna mierda de algún puto gilipollas haciendo alguna estupidez. ¿No ha habido un músico en España que dijo algo sobre el Presidente y ha acabado arrestado?

Algo parecido…
Una vez el Gobierno decida lo que el público tiene que decir; y a lo mejor digo esto porque nací en Estados Unidos y se garantiza el derecho a la opinión, estamos jodidos. Una cosa es decir “puta policía” y otra es decirle a un policía concreto: “Cabrón, te voy a matar”. Pero cambiando de tema, sí, vivimos en tiempos de mucha división, especialmente en Estados Unidos. Son tiempos muy jodidos. Me da la impresión de que no hemos progresado, que hemos vuelto a los sesenta. A la gente se le llena la boca con la palabra democracia, que la tenemos desde el siglo XVIII, bla bla, bla, pero en realidad la tenemos desde los setenta, cuando todas las minorías pudieron votar y opinar. Antes, con la esclavitud y demás, esto no era una puta democracia. Por fortuna, vivo en un pueblo pequeño con gente muy, muy maja, sin mucha tensión.

Pero, insisto, hay un contraste del título del disco con casi toda la música del disco.
Sí, Apocalipsis puede llevarte a pensar en música muy alta, metal, screamo o alguna locura. Pero es un concepto mucho más profundo para mí. Por ejemplo: en casa estoy diciendo constantemente palabrotas. Digo “joder” todo el rato y mis críos me dicen que no lo haga y mi mujer se cabrea mucho conmigo. De modo que tengo un “Apocalipsis personal” cotidiano para mudar mi piel y no decir palabrotas delante de mis hijos. Como persona, tienes que cambiar de piel. Convertirte en un ave fénix para trascenderte y llegar a ser alguien mejor.

Cambiar, en una palabra…
Exacto, esto puede pasarte diez veces al día, tío. Yo intento mejorar, o al menos hacer el esfuerzo, a diario. He pasado gran parte de mi vida liado con drogas, encerrado o haciendo tantas mierdas, que ahora, me quiero asegurar de que lo que hago y digo van a ser positivas para la humanidad. Al menos, para mi vecino o mis padres, ya me entiendes. Con la música, mis letras pueden ir mucho más lejos. Hay momentos para la calma y otros para el odio a mí mismo. ¡Es un disco bastante oscuro! En Fuck Your Wisdom  digo “I hate you, fuck your wisdom, fuck your progress” (risas), un montón de cosas. Incluso con la última, The Skulls of Christ, donde metí todos esos discos que había encontrado de gente predicando. Eran viejos discos de 78 rpm con voces de, cristianos, y me pareció que iba a ser muy raro. Me gusta hacer ese tipo de cosas.

The Skulls of Christ es casi épica, más de nueve minutos, con todas esas voces de fondo y los coros del final. Es como el centro o la clave del disco.
No sabía muy lo que estaba haciendo. Tenía las notas básicas, el bajo sabía qué hacer, las guitarras, el coro, yo iba a mover la cabeza para que supieran dónde empezar. Pero lo que se quedó en el disco es la primera toma de la canción. Era la primera vez que la tocábamos juntos. El día del ensayo estuvimos tanto tiempo que les dije a los músicos: “Chicos, éstas son las notas, ésta es la idea general. Vamos a ver qué pasa mañana”. Es una locura porque cuando la grabamos y la escuché, vi que no íbamos a conseguir nada mejor. Es chapucera, parece que la gente no sabe bien lo que hacer y está en su propio mundo, pero es intensa. Y eso es precioso. Son veinticinco almas, existencias, emociones, uniéndose, creando esos patrones. Con la música, lo que intentas es trascender la humanidad, hacer algo nuevo esperando que sea bonito. Podríamos discutir de si existe o no Dios. Creo que la música es una prueba a favor: probablemente hay un Dios, porque mira lo que la gente puede hacer cuando se junta para trascender su simple existencia. Con el tiempo, me he dado cuenta de que no hago música para entretener. Sino para hacer ver a la gente que no está sola. Esto puede sonar bobo, pero la música es tan poderosa que hay que usarla para algo más que el entretenimiento del viernes o el sábado por la noche. Es como si todas las revistas fueran de moda o si todos los libros fueran cómicos. ¿Qué importancia tendría escribir? ¿Cómo podría trascender gente como Hemingway o Kerouac?

¿Qué es lo que tiene la Biblia y sus historias que te atrae tanto?
Puedo equivocarme, pero no he visto a muchos músicos que usen conceptos o frases de la Biblia, como lo he hecho yo. Lo que es importante para mí es: yo voy a la Iglesia con mi familia, me llevo a mis hijos, veo a mis padres y a mis suegros, es un lugar de comunión. Cuando leía la Biblia, muchas de las historias me parecían tan extravagantes… Pensaba “¿Cómo coño puedo decir que creo en todo esto al cien por cien?”. Y no creo que lo haga, porque, por un lado, éste es un libro que fue escrito por no sé cuánta gente durante no sé cuánto tiempo. La historia del Génesis del Antiguo Testamento, por ejemplo, tiene que ser antiquísima. El hecho de que todo eso se juntara a lo largo de décadas para formar lo que es ese libro, me parece increíble. De nuevo, es la Humanidad trascendiéndose a sí misma. ¿Qué coño importa si la gente cree que Jesús murió en la cruz por sus pecados? La Humanidad ha creado este asombroso libro con historias bastante jodidas. Es un concepto alucinante. No importa realmente si crees en Jesús, porque lo que hizo Jesús fue hablar de lo que es ser una buena persona, no ser un capullo piadoso. Todo esto son cosas buenas.

Entiendo por dónde vas…
Y otra cosa que he estado pensando últimamente: Texas tiene muy mala reputación. La gente se cree que por aquí abajo vamos con la Biblia a todas partes matando homosexuales (risas). Una cosa de la que me he dado cuenta según crecía, es que hay gente que predica casi como si Dios quisiera destruirte. Pero cuando yo leo la Biblia pienso más en liberarme. Quizá vivimos en un mundo muy secular, pero el concepto de Dios no se puede meter en una caja. Si Dios existe, es enorme y la humanidad no tiene ni idea de lo que es. Creo que muchas de las ideas cristianas se han enseñado de manera muy negativa. El cristianismo se ha dañado a sí mismo y ha alejado a la gente, cuando yo creo que representa justo lo contrario. Cuando meto en mis canciones alusiones bíblicas, es porque me tomo la libertad de hablar de cosas que son personales e importantes para mí. Quizá también lo sean para otras personas y puede que yo cambie el punto de vista de algunas de ellas. Vivimos en un mundo que da mucho miedo y necesitamos cosas a las que agarrarnos. No creo que los humanos seamos suficientemente fuertes para ir solos por ahí. Quizá algún monje pueda hacerlo, pero en general somos criaturas que necesitamos tener a otros cerca, y eso es lo que hace la música. No vamos a llegar a ninguna parte si seguimos tan divididos.

“No vamos a llegar a ninguna parte si seguimos tan divididos”

Has publicado prácticamente tres discos seguidos. ¿Consideras que estás en un momento particularmente prolífico?
Es verdad. Bueno, no soy el mismo. Es una cosa extraña. The Holy Strangers (Full Time Hobby/Popstock!, 17) me llevó prácticamente dos años y medio entre la composición y la grabación. Lo horrible es que llegué a un acuerdo con el sello para sacar primero una mitad y más tarde la otra por la longitud. De este modo, todo el mundo tendría el disco completo. Sacamos el primer vinilo y entonces el sello me dice que no vamos a sacar la segunda parte, que va a salir digitalmente. Y yo me cago en todo: no estoy sufriendo dos años y medio para que lo suban a Spotify e Internet. Ese disco fue una puta lucha, también en la composición. Pero no me siento prolífico en absoluto. El disco de la BBC ya estaba hecho, sólo tenía que elegir catorce o quince canciones del programa de Marc Riley. El nuevo disco es el más rápido que he hecho. Compuse las canciones como en tres meses y la grabación fue un puto día. Supongo que es porque no tiene tantas canciones. Quería que tuviera siete, un número sagrado. Incluso haciendo esto, no me sentí prolífico. Pero ahora tengo ya como tres o cuatro nuevas, así que supongo que estoy en un momento productivo. Con el disco del Apocalipsis aprendí a componer de otra manera. Antes, solía coger la guitarra o sentarme al piano y escribir la letra. Muchas de mis canciones salían muy rápido. Lo que hice esta vez es grabar en el magnetofón una parte de guitarra aunque no me gustara mucho, y después escucharla e ir añadiendo la letra gradualmente, o recortando.
Cuando era joven, The Cure sacaron Disintegration y les llevó cuatro puñeteros años llegar a Wish. Smashing Pumpkins lanzaron Siamese Dream y luego les llevó una eternidad Mellon Collie and the Infinite Sadness. No me jodas. Eras un adolescente con doce o quince años y cuando tu grupo favorito volvía a sacar un disco, podías estar fuera de casa, en la universidad o encerrado en la puta cárcel. En mi caso es importante publicar todo lo que pueda. Sólo hay un gran vacío en mi discografía entre The Pioneers Saboteurs (2010) y And The Nothing (2014), y es por el accidente que tuve en furgoneta en Cataluña en  2011. Lo curioso es que tengo la versión original de ese disco -que regrabé en España-, con The Twilight Sad y otros músicos, y quizá vea la luz algún día. Quizá en el décimo aniversario. No me llevo bien con Talitres, el sello francés con el que lo hice, así que no lo sé.

Qué podemos esperar de tu gira española en enero…
Es un poco lamentable, pero tengo hijos y casi todos los músicos que conozco son mayores y tienen críos, trabajos y responsabilidades. No es fácil encontrar un grupo y cuando lo hago, te topas con gente que quiere mucho dinero, cosa que no me puedo permitir. Al mismo tiempo, estoy intentando formar una familia. Así que tocaré yo en solitario. Necesito hacer algo con banda para tener la atención de festivales. Pero estoy convencido de que si puedo reducir una canción que tiene bajo, batería y todo a lo esencial, es una canción. Si no, es sólo música. Y prefiero escribir canciones a música. Ahora mismo estoy averiguando cómo tocar este disco yo solo. Tocaré en eléctrico con una Telecaster con pastillas de los cincuenta, pedales y demás, cuando habitualmente toco en acústico. Voy a ser yo solo pero será muy rockero y a tope de volumen.