Después de codearse con las clases altas del rock norteamericano, las aguerridas muchachas de L7 vuelven a la autogestión y a la militancia indie con un disco de rock sucio y sin complicaciones. Este disco y su inminente gira española fueron excusas más que suficientes para hablar con su guitarrista, la dicharachera Donita Sparks.

No puede ser! Donita Sparks (voz y guitarra) debería estar esperando mi llamada. Es casi medianoche –casi mediodía en California- y nadie contesta al otro lado del hilo telefónico. Sólo una voz burlona en spanglish invitándome a dejar tu mensaje. «Vaya bromita», pienso, mientras me abandono a la añoranza de mi manta, mi sofá y el enésimo visionado de «El Sueño Eterno», dejado a medias hace media hora escasa. Paciencia y treinta minutos de cuartelillo componen la receta de la espera. Cuando esta concluye vuelvo a intentarlo y… sí, esta vez, sí. «¿Donita?… soy César de Mondo Sonoro, te llamo desde España… ¿A las tres dices?… estooo, ¿te importa que hablemos ahora?… ¿Sí?». El asentimiento transoceánico, insufla en mis pulmones aire y mucha tranquilidad. Termino el suspiro y me intereso por la entidad emisora de «Slap-Happy», su sexto trabajo, autoeditado bajo firma Wax Tadpole, su recién creado sello discográfico. «Estamos muy contentas de haber podido sacar este disco en nuestro propio sello. Nunca habíamos tenido nuestro propio disco antes. El sello es sólo para sacar nuestros discos… ¿Qué por qué?… pues muy sencillo, no quiero joder los sueños de ningún grupo. Nosotros sólo podemos atender al cien por cien las exigencias de L7». Una vía de supervivencia para una banda que, en los primeros años de la pasada década, gozó de una popularidad y un reconocimiento que han devenido en abulia y desinterés. Ya hicieron algo de ruido con «L7» (Epitaph, 88) y «Smell The Magic» (Sub Pop, 90); pero fue con «Bricks Are Heavy» (Slash, 92) cuando, catapultadas por la sabiduría pop de Butch Vig (líder de Garbage, productor de Nirvana, Soul Asylum, Killdozer, Sonic Youth o Smashing Pumpkins), ocuparon primera fila en el patio de butacas de la escena alternativa norteamericana. «Creo que Butch tuvo mucha implicación en ese disco, pero sinceramente no me gusta demasiado cómo suena, pienso que lo pulió demasiado». La creo. Su siguiente disco «Hungry For Stink» (Slash, 94) –esta vez bajo la batuta de GGGarth (RATM, Voodoo Glow Skulls)- mantenía el pulso compositivo con su predecesor, pero multiplicaba la crudeza del mismo. Liam Howlett debía pensar más o menos lo mismo cuando decidió incluir una definitiva versión de «Fuel My Fire» en «The Fat Of The Land». Con el beneplácito de Donita, pero con reservas, según parece. «Me gusta, creo que está muy bien. Prefiero nuestra versión pero la de Prodigy está muy bien».

Luego vino la cuesta abajo. «The Beauty Proccess» (Slash, 97) apenas obtuvo eco. Pero eso a la señorita Sparks parece importarle poco. «Creo que ese es un buen disco. Desde luego es uno de mis favoritos y creo que el problema no era de las canciones sino de la compañía discográfica, que no supo hacer bien su trabajo». Así las cosas, la banda vio mermada su popularidad e incluso su formación. Jenniffer Finch abandonó el grupo y fue sustituida por Gail Greenwood (bajista de Belly). Pero la cosa duró poco, saliendo la ex-compañera de Tanya Donelly del grupo al poco y sin malos rollos. Ahora han incorporado una nueva bajista (Janis Tanaka, procedente de Auntie Christ, banda en la que militaban la ex-vocalista de X y el bajista de Rancid) y reinician su carrera con una sola fijación. «Mira, el éxito no me preocupa demasiado. Lo que me preocupa realmente es escribir buenas canciones, hacer buena música. Creo que el verdadero éxito es hacer buena música; el éxito está bien y por supuesto que espero que el disco se venda bien, pero lo importante es que la música de este álbum es buena y ese es el verdadero éxito ante mis ojos. Hemos trabajado muy duro, este disco es un homenaje a nuestra dedicación a L7, y es una forma de dar las gracias a nuestros fans ya que sin ellos no hubiéramos superado estos malos tiempos». Tanto es así, que la actividad de Rock For Choice, organización benéfica de tinte riot, centrada en la lucha por los derechos civiles e impulsada por ellas mismas, parece haber cesado. «Somos músicos. Pusimos en marcha esta organización, pero para mucha gente estábamos equivocadas. Todavía existe, pero nosotras estamos fuera». Lo cual no quiere decir que no legitimen la postura de bandas como RATM y su activismo multinacional. «Mira, yo creo que RATM están luchando por hacer que este mundo sea mejor. ¿Sabes?, me hace gracia que la prensa les ataque por el hecho de participar benéficamente en un montón de actos. Creo que lo están haciendo lo mejor que pueden».

«Slap-Happy» está publicado por Wax Tadpole.