Desde que me dedico a esto, tengo claro que para lograr una buena entrevista importa el entorno, el ambiente, la disposición de un escenario en que los entrevistados, los protagonistas, se sientan a gusto. Así que para entrevistar a uno de los mejores grupos de siempre de este país, para entrevistar a BEEF (ternera), nada más apropiado que un McDonald´s. El de Sant Feliu de Llobregat, para ser exactos. Ya tiene coña…

Que conste que la propuesta es suya. Y yo encantado. Aparecen Ramón, el nuevo bajista, y por supuesto David Beef, el eterno socarrón. Después de confesarse no sólo asiduos sino grandes conocedores de los menús (como yo mismo, vamos) pedimos y escogemos la mesa más apartada. Y allí, conversando distendidamente entre nuggets de pollo y mordiscos de Big Mac, fue fácil darse cuenta de que si existe un grupo cuya imagen musical y su realidad y actitud personal difieran más entre ellas, ésos son Beef: una banda que ha aprendido, o quizás supo hacerlo desde el principio, a reírse de sí misma. Están a punto de presentar su nuevo trabajo (“La Boheme”; Elefant, 02), tres cuartos de hora de gélida, hiriente y conciliadora belleza en forma de… canciones. Porque éste es de largo el trabajo más accesible de los catalanes, cuya obra empieza a ser de peso. La voz cantante -no podía ser de otra manera- la lleva David, aunque se muestran compenetrados y complementarios.

“Cuando componíamos teníamos una razón para cada canción, pero ya no me acuerdo de ninguna”

“Sí, es un disco de canciones. Cuando componíamos teníamos una razón para cada canción, pero ya no me acuerdo de ninguna. Hasta los arrebatos freakies parecen canciones. Esta vez no hemos improvisado absolutamente nada. Queríamos hacer un disco como… normal”. Beef siempre han parecido hacer lo que les da la gana, sin ataduras creativas, corsés o ideas preconcebidas. (Ramón) “Es justo eso, al no tener ataduras nos tocaba hacer algo así, aunque en realidad es más de lo mismo”. (David) “Desde luego, yo me reconozco mucho más en este disco que en otros como ´España a las 8´”. La libertad creativa y su transformación una y otra vez en piezas musicales que nadie más sabía pensar ha llevado a alguna prensa especializada a considerarlos una banda de referencia, incluso la mejor de España, si es que se puede simplificar tanto. “Es cierto que se llegó a decir eso. Y que quede claro: estamos de acuerdo”. Y a mí que me habían advertido que siempre se quejaban de lo malos y desafortunados que eran… “Creo que a la prensa le ha gustado siempre nuestra actitud de ´acomplejaos´, de reconocer que no éramos tan buenos: significaba respaldar el hecho de que la crítica musical es necesaria, que en realidad los grupos de rock son mediocres y ahí estábamos nosotros para aseverarlo. Si cambiamos nuestro discurso y decimos que somos buenos, no sé que dirá la prensa”. Ahí yo debería haber interrumpido ente alaridos para decir algo así como que yo seguiría considerándolos un ave de vuelo libre en un mundo de becerros acomodaticios y unos grandes dominadores de la transcripción de la realidad diaria en abstracción musical… a pesar de que un par de temas me han recordado sorprendentemente a Psychedelic Furs, Joy Division u otras bandas de rock sucio de los primerísimos ochenta. Pero me pilló con una patata (frita) en la boca. “Somos buenos, sí. Al menos desde el punto de vista moral que puedo tener yo de lo bueno y lo malo (digo yo que igual se refiere a que no pegan a los animales, ayudan a las personas mayores a cruzar la calle y no se drogan. Bueno, esto último mejor lo quito… ). Pero yo me pregunto: ¿somos buenos músicos? No, no lo somos. ¿Hacemos canciones buenas? No, no las hacemos. ¿Somos buenos? Sí, somos buenos, aunque no sabría decirte por qué”. David es un gran impostor. Y disfruta con ello; en otro momento de la entrevista reconoce que, en su opinión, hacer una buena canción es algo bastante sencillo. Su diferencia con otros grupos similares en nivel es evidente: no saben o no quieren venderse. Y eso, en nuestro mundo de consumo desbocado, puede conseguirles un nombre solidísimo a la larga, pero hacérselas pasar comercialmente putas en el presente. Al revés del refrán, pan para mañana, hambre para hoy. En Elefant deben tenerlo clarísimo, porque Beef no se parece demasiado a las referencias habituales del sello. Se ríen, ya decía yo. “Es que, como hay confianza, cada vez que tenemos disco le pregunto a Luis Calvo si tiene claro que lo quiere sacar, que si no no pasa nada, que lo entendemos. Pero siempre dice sí. Y eso que debemos ser el grupo de España que menos vende. Aunque en realidad, como nunca hemos tenido aspiraciones al respecto, no sentimos ninguna frustración. A mí me gustaría vivir de rentas, ni de trabajar ni del rock. Mi novia trabaja, pero no quiere mantenerme. Estoy planteándome confesarle que en realidad soy un artista y todo eso, a ver si consiente. También me gustaría hablar con alguno de nuestros fans para saber qué le gusta de Beef en realidad. Aún será algo que nosotros detestamos de nosotros mismos”. Pues igual. Pero a pesar de todo ese presunto desengaño irónico que destilan, creo que están bastante encantados de haberse conocido. Y si algún disco debiera conseguirles mayor apreciación popular ése es “La Boheme”, una historia que abre con una breve introducción acústica como las que adoraba Viny Reilly, continúa con “Platinum” y “07” (mis canciones de rock preferidas en lo que va de año) y que, a partir de ahí, desgrana tal lección de buen gusto electro-acústico, detallismo y contención en el uso de la electrónica y personalidad musical que incita a reflexionar: quizás no sean el mejor grupo de España, pero desde luego sí son uno de los muy pocos que podrían competir por ese puesto.