Cambia la carcasa pero no el interior. Ljubliana & The Seawolf dejan atrás el folk y el balcan de su último largo y se acercan al rock de cariz místico en su nuevo EP, “Shit døpe” (BankRobber, 2018). En las tripas de la banda, nada se mueve un pelo: críticas a la contemporaneidad, la hiperconectividad o a la normatividad de género.

Sólo los márgenes desubican y por tanto hacen avanzar en direcciones inesperadas. Y las líneas rectas nunca estuvieron entre los planes de los barceloneses Ljubliana & The Seawolf. Por ello, han dado un giro radical a su sonido. Ni rastro del folk de toques balcánicos de su último disco, “Vaine House” (2016), y mucho rock descarnado y nervioso, de cariz místico, en su EP “Shit døpe” (BankRobber, 2018). “En la época del primer largo teníamos 18 años e íbamos hasta el culo de do it yourself, porque nadie nos hacía ni caso. El rollo folk venía de la necesidad de tocar donde hiciera falta. Poco a poco nos dimos cuenta que queríamos un sonido más contundente”, destaca Jaume Estalella (guitarra), uno de los cinco integrantes del grupo.

“El do it yourself, más que un objetivo, fue una manera de canalizar todo aquello que me estaba y, en cierta manera, aún me está pasando”

Lo del adjetivo ‘místico’ asociado al rock puede sonar a cliché setentero. No en el caso de Ljubliana & The Seawolf. Dicho atributo no sólo habla del resultado, de lo que se puede escuchar en sus nuevas cuatro canciones, sino de una forma de acercarse a la música, como algo sanador y trascendente. “Creemos que la música tiene este componente curativo. En algún concierto, si la situación lo pide, tocamos largas jams para que la gente pueda menear la cabeza hasta salirse de su puto pellejo”, comenta Estalella. Terapia en los lives, pero también en el día a día, momento en el que se torna todavía más complicado explorarse. “Nos acercamos a la música por la fuerza que tiene de despertar sensaciones enterradas o que no suelen aflorar en la rutina de la gente”.

Los fantasmas de uno mismo son algo que conciernen, y mucho, a los Ljubliana. Y eso se deja notar en unas letras totalmente enfocadas a las mierdas del yo contemporáneo. “El do it yourself, más que un objetivo, fue una manera de canalizar todo aquello que me estaba y, en cierta manera, aún me está pasando. De golpe empezaba a analizar todo el malestar y el cansancio acumulado. Hablando con amigos me recomendaron leer a un filósofo llamado Byung-Chul Han”, comparte Pol Batlle (voz y guitarra).

“Propongo un camino de desconexión del abuso de nuestros derechos, de los dispositivos digitales, de nuestras mentes dopadas…”

Byung-Chul Han es un ensayista surcoreano que en su libro “La sociedad del cansancio” (2010) pone en duda las bases del neocapitalismo. El falso concepto de libertad que el sistema propone: trabaja donde quieras, sé tu propio jefe y pétalo, joder. De ahí que “Shit døpe” plantee con furia temas como la contemporaneidad, la hiperconectividad o la normatividad de género. Y que lo haga desde el riesgo (el videoclip de su single homónimo, por ejemplo, no es precisamente recatado). “Una de las grandes promesas tecnológicas de nuestro tiempo es que con el smartphone superamos la soledad. Yo, a pesar del contacto frenético, me siento solo. Súmale vivir en una ciudad. Propongo un camino de desconexión del abuso de nuestros derechos, de los dispositivos digitales, de nuestras mentes dopadas… ¡Reivindico el no hacer nada y el respirar profundo!”. El alegato a no hacer nada como modus vivendi no excluye –por suerte– seguir curándose con la música. En enero editarán más material, en disco y también en vinilo.