Caminar por los infinitos y estrechos pasadizos del metro de Londres, empapelados al completo como en una obra Warholiana con los pósters de The Wombats anunciando orgullosos la publicación de “This Modern Glitch”, demuestra que su vuelta tenía que ser, cuando menos, sonada. Y es que la continuación de su incendiario debut, “A Guide To Love, Loss & Desesperation”, se había hecho esperar más de la cuenta.

“Retrasamos la salida del disco tres veces; incluso creo que hubo una cuarta. No nos gustaban cómo sonaban algunas canciones, como ‘1996’, así que volvíamos una y otra vez sobre ellas, grabándolas decenas de veces”, confiesa sin tapujos Matthew Murphy, líder del grupo de Liverpool. “Además, el sello dio bastante por saco, querían hacer más promo antes del lanzamiento y tuvimos que regrabar un videoclip porque lo odiaban (risas), pero está bien tener un sello para que puedan tocarte las narices y que se preocupen por esas cosas”. Una vez el disco está en la calle y la gira es una realidad, el infierno por el que Murphy deambuló durante año y medio a causa del sobreesfuerzo de una gira inacabable, el desgaste en las relaciones personales e incluso un accidente de coche, empieza a parecer un espejismo lejano. “Con el debut llegó un éxito inesperado y un tour que se prolongaba meses y meses. Fue mucho tiempo sin ver a la familia, los amigos, metido en un autobús y sin parar de tocar. Fue genial, pero también un desgaste enorme. Todo era un poco caótico y empecé a tomar antidepresivos y me volví arrogante, raro y perdí el sentido de la realidad. Era como un muerto andante. Así que para componer ‘This Modern Glitch’ decidí volver al lugar en el que todo empezó: mi habitación. Quería recuperar los sentimientos que me empujaron a escribir por primera vez. No sé si toda esa tristeza y enfado se canalizaron en estas letras o no, aunque sí son muy realistas”, cuenta Murphy con la voz entrecortada. Canciones cargadas de melancolía y recuerdos personales que se envuelven en sintetizadores altamente bailables, combinados con la oscuridad de metáforas post-adolescentes y dramáticos cambios de ritmo. “Temas como ‘Our Perfect Disease’ o ‘Techno Fan’ están inspiradas en mi -ahora- ex novia. Las compuse en mi piso en Londres, justo tras la ruptura. Encontré la inspiración en el dolor, supongo que soy algo masoquista. Quería que este disco fuera más personal. Tienes un cupo de canciones para poder componer sobre fiestas, nenas y emborracharte como si no hubiera mañana. Después, tienes que evolucionar. No le dimos muchas vueltas a cómo sería el sonido, solo hicimos lo que nos venía en gana. Tiramos más de sintetizadores, porque estábamos cansados de ser el grupito de voz y guitarra pop durante los dos últimos años”. Su evolución viene también forzada por desprenderse de la etiqueta del “one hit wonder”, con su “Let’s Dance To Joy Division”, un tema capaz de levantar los ánimos de una sala entera. “Odiaría ser recordado solamente por esa canción. El nuevo disco tiene mejores canciones pop que el debut, pero hay algo en ese corte que, no sé, será especial supongo. De hecho, escribí ‘Tokyo (Vampires & Wolves)’ en respuesta a toda esa presión de componer otro hit, como si pudiera escapar muy lejos de todo eso. Tengo un poco de miedo a las comparaciones, pero ‘This Modern…’ de momento gusta mucho y las críticas son muy favorables. Excepto por la de NME, pero que les den, son unos malditos ‘hipsters’”. Tras su paso por Barcelona y Madrid (“recuerdo los conciertos, la gente no paraba de saltar e incluso vinieron a verme mis padres, lo que lo hizo muy especial”), continúa una extensa gira –y a veces algo desorganizada- en la que los aeropuertos y la carretera se convierten en el pan de cada día. “Ya no creo en el jet-lag, ya no sé si estoy en horario británico, de la Costa Este, de Rusia o Australia. Solo intento existir”. Una filosofía mucho más zen y la experiencia, son las principales armas con las que Murphy y compañía cuentan para no perder los papeles de nuevo en la gira mundial en la que están inmersos. “No tengo miedo a recaer, porque estoy disfrutando muchísimo de salir cada noche a tocar y ver a la gente sin parar de gritar y saltar con las canciones nuevas. Ver cómo te sonríen y te miran te carga las pilas”. Esperamos que, a partir de ahora, los antidepresivos sean solo el título de una de sus nuevas canciones y que The Wombats ocupen el lugar que se merecen, sin dejar de pasarlo bien.