“Lo mío no es competir, sino hacer algo lo más parecido posible a una obra de arte”
Entrevistas / Julio De La Rosa

“Lo mío no es competir, sino hacer algo lo más parecido posible a una obra de arte”

Raúl Julián — 11-11-2021
Fotógrafo — Archivo

El séptimo disco de estudio de Julio De La Rosa es consecuencia directa de su paternidad, y no es sino el precioso regalo de un padre a una hija concretado en una serie ininterrumpida de piezas que desprenden luminosidad cálida y casi otoñal.

Contactamos telefónicamente con el jerezano, para conocer más acerca de esa profunda obra titulada El apego (Ernie, 21).

El apego” (Ernie, 21) es un disco precioso, que destila una luminosidad especial y adicional con respecto a buena parte de tu discografía previa ¿Qué tipo de disco querías hacer? ¿Qué aspecto querías que tuviese el álbum?
Realmente no sabía a lo que me enfrentaba y fue un proceso bastante orgánico, en el sentido de que empecé a componer en mi cabeza, donde todo fue macerándose, y luego me puse a tocar los instrumentos y a escribir un poco y me di cuenta de que todo lo que salía era porque tenía a mi hija en mi cabeza. Entonces, cuando fui consciente de ello, paré y me pregunté si estaba haciendo lo correcto, y estudié otras posibilidades porque, claro, hacerle un disco a una hija es la cosa menos comercial y menos roquera, incluso de cara al público, del mundo. Y puede que haya gente que no tenga hijos y que no lo entienda, o no lo sienta como debe. Me surgieron muchas dudas cuando fui consciente de lo que estaba haciendo, y fue el corazón el que me obligó un poco a hacerlo, porque ya me estaba sintiendo un mentiroso incluso por el hecho de pensar en hacer otra cosa. Y si intentaba camuflar lo que yo estaba sintiendo para que pasara disimulado o tuviera un doble sentido… El caso es que me planteé muchas posibilidades, ya te digo. Pero eso no era honesto, así que al final me dije que por qué no hacer lo que me salía. Estoy completamente alejando del mainstream y de la música comercial, así que me puedo permitir hacer los discos por placer y por buscar lo más parecido a una obra de arte. Que no es algo que se esté perdiendo, porque hay mucho señor mayor rajando acerca de las mierdas de músicas que se hacen, pero es que siempre se han hecho músicas malas. Quiero decir que los enamorados de la música siempre hemos tenido que escarbar para encontrar las cosas que verdaderamente nos gustaban ¿no? El caso es que fue un proceso muy natural y nada premeditado, porque fue ponerme y darme cuenta de lo que estaba haciendo.

“Siempre me he considerado un tipo bastante feliz y, precisamente por eso, tengo muchos discos que no lo son”

¿Podemos decir entonces que el nacimiento de tu hija Inés es el motivador único de este disco o parte de la inspiración viene de otro sitio? Me refiero, por ejemplo, a si empezaste a escribir el álbum después de su nacimiento o alguna parte data de antes.
Hice un libro, ‘Esperando a Inés’ (Ernie, 21), durante el embarazo: me puse a hacerle fotos a la montaña que veo desde mi dormitorio y cada día era la única manera de calmarme un poco. Hice algún conato de canción que se quedó en nada. Yo me muevo mucho por proyectos, ya sabes, con esto de las bandas sonoras: me encargan una peli y la hago, me encargan una banda sonora y la hago. En un momento dado tuve un parón, con lo del COVID, y en esos meses decidí coger y sentarme a hacer un disco. En ese momento la niña tenía un año y medio aproximadamente y me puse a ello. Es el único motivador, pero yo soy de los que piensa que al final todo es política y, al fin y al cabo, el disco, si lees entre líneas, está hablando del cambio climático y de política. Le estoy hablando a mi hija del mundo que se va a encontrar y de cómo es la gente. Y de qué puede esperar de la gente que se va a encontrar.

Entonces ¿Cuánto hay de enseñanza para tu hija en este disco?
Está lleno de consejos a modo de chiste y otros más en serio, pero está lleno de lecciones que no espero que cumpla ni mucho menos. Pero, al fin y al cabo, cuando le hablas a una hija siempre estás dándole lecciones, aunque en cierto sentido no lo parezca. Siempre estás intentando enseñar algo. Pero en el mismo disco digo que, si hay algo de lo que he escrito, aunque sea una sola línea, que te haya punzado, me doy más que satisfecho. Y, por supuesto, no te molestes en hacer caso a nada que no te interese.

Cabe entender que Julio de la Rosa sea ahora una persona más feliz que nunca. Ya sabes que hay un tópico que dice que los artistas son más creativos cuanto más torturados están ¿Cómo dirías que ha influido esa alegría en tu forma de componer y finalmente en esta obra?
A ver, yo es que el tema de la felicidad es que nunca lo he entendido. Porque a mí me hablan de gente alegre y de gente triste y yo la verdad es que ni a los felices los veo tan felices ni a los tristes tan tristes. Entonces ese es un tema que da para muchas líneas. Hay gente que dice que si se siente triste le sale música triste. Yo siempre me he considerado un tipo bastante feliz y bastante optimista. Y precisamente por eso tengo muchos discos que no lo son. Porque lo que siempre he hecho es vomitar mis miedos y mis fobias y todo lo que no quiero tener dentro. Eso es hacer música como exorcismo. El arte es un salvavidas y gracias a que existe yo puedo coger un instrumento y soltar todo lo que no quiero dentro. Y en el momento en el que lo convierto en un objeto y lo cosifico, digamos que ya sigo danzando. No es que ahora me considere más feliz que antes o viceversa. Simplemente tengo diferentes motivaciones y diferentes preocupaciones.

¿Qué porcentaje de alegría y que porcentaje de miedo, ambas sensaciones intrínsecas y referidas a la paternidad, hay en “El Apego”?
Los miedos están sobre todo en el libro, en los textos que acompañan al centenar de fotos de la montaña, esa montaña que cada día parece distinta. Son textos mensuales durante los nueve meses del embarazo, comentando los temores principales de cualquier padre, sobre todo de los primerizos. Ahí ya solté todos esos miedos y el disco es un poco más un diálogo: soy yo hablándole a esta persona.

“Estoy muy cansado del rock propiamente dicho”

Los arreglos del disco son magníficos. Es un recurso que siempre me parece una apuesta arriesgada, porque ese tipo de arreglos pueden ensalzar las composiciones, como es el caso, pero también y si se usan mal, pueden desdibujar las canciones e incluso tornarlas empalagosas ¿Qué premisa utilizaste para rematar las canciones?
Tal y como he hecho el disco, no ha sido cuestión de hacer unas canciones y luego ponerle arreglos encima. He ido creando sobre la marcha. A lo mejor estaba con un fragmento y ese fragmento me pedía un arreglo y cuando me metía en ese arreglo yo ya estaba escuchando por debajo esa canción que nacía y lo que buscaba. Miedo no ha habido ninguno, precisamente porque ya he hecho muchos discos y me paso el día haciendo música desde ya hace treinta o cuarenta años, no sé. Entonces, la única manera que tengo de sentirme vivo con la música es encontrar cosas, divertirme, sentir algo… Por eso también he hecho un disco de una pieza que va y viene, por eso le he hecho un disco a mi hija, y por eso he hecho un disco libre, de los que yo también necesito oír. Un disco que sea emocionante pero que tenga algo de original. Estoy muy cansado del rock propiamente dicho y del formato canción sin más, sobre todo en un mundo en el que en cada género hay cuatro tipos de canciones y todo el mundo hace eso. Supongo que es algo que te ayuda a decidir que no quieres participar en nada de eso, porque no quiero ni necesito competir, y mi búsqueda no es estar en una playlist, ni en lo más vendido, etc etc. Sinceramente, lo mío es hacer algo lo más parecido posible a una obra de arte.

¿Por eso decidiste lanzar el disco como una única pista? ¿Conviene entender el disco forzosamente con una obra conjunta?
No ha sido una reivindicación de ningún tipo. No es para obligar a la gente a escuchar un disco entero, ni siquiera porque esté cansado de que ahora con las plataformas se escuchen las canciones sueltas. No tiene nada que ver con eso. Simplemente cuando me puse a hacerlo, el cuerpo me lo fue pidiendo. Me puse a hace una canción y de repente me aburría hacer una canción, terminarla y ponerme a hacer otra. Sabía lo que quería hacer, tenía mucha información y muchas cosas dentro de mí para sacar e iban saliendo continuamente, entonces terminaba un fragmento y al escucharlo me pedía moverme hacia otro lado. Así que me dije que para qué parar, si podía ser muy bonito que el tema continuase y haga así y haga asá, hasta convertirse en otra cosa.

En el tramo final del disco (en torno a los últimos 10 minutos) aparecen texturas relajantes que bien podrían llegar a entenderse como esa nana previa al sueño. No sé si son cosas mías o querías que el disco finalizase trasmitiendo esa calma…
Sí, pero son los dos o tres últimos minutos del disco. Veo que a ti te entró sueño antes (Risas). No soy responsable de los sentimientos de cada cual cuando oye el disco, claro (Risas). Hay un momentito de nana por ahí en medio, cuando habla de las nanas y de los monstruos como inciso, y luego ya me dedicó a desmentir todo lo que he dicho anteriormente.

¿Influyó ese entorno del cerro de San Pedro y la Sierra de Guadarrama en donde vives en la composición de estas nuevas canciones?
Sí, claro, es imposible que no influya el lugar en dónde vives o tu modo de vida. Los discos que he hecho en una habitación minúscula en el centro de Madrid eran muy ariscos, con mucha frecuencia media/aguda y arañaban más. Este, araña menos y, por supuesto, creo que tiene que ver con el hecho de vivir rodeado de montañas y viendo árboles. Eso te lo permite el sitio en el que vives, y ese lugar te libera la cabeza para decidir un poco hacia dónde quieres ir.

“Cuando girar se convierte en algo absolutamente mecánico y sabes lo que va a pasar en cada momento, resulta agotador”

El hecho de hacer un disco con un motivo concreto, en este caso tú hija ¿Es más fácil o más complicado que hacer un álbum de “temática libre”? Supongo que, de este modo, siempre tienes claro qué es lo que debe inspirarte, pero otro lado las opciones se limitan.
Sí, pero yo creo que las limitaciones son muy beneficiosas. Igual de beneficioso que puede ser la limitación de hacer un disco encerrado en una habitación minúscula en el centro de Madrid, como te decía hace un momento. Porque te permite ahondar en un camino y profundizar en ese camino. Te permiten concentrarte en algo y llegar a lo más hondo de ese algo. Es algo que yo de hecho suelo practicar porque, al fin y al cabo, la vida de cada uno son etapas y en cada momento hay cosas que a uno le preocupan y que quiere sacar fuera. De hecho, en ‘Pequeños trastornos sin importancia’ (Ernie, 13) ya hice un disco completo acerca de relaciones de pareja en el que uno de los dos tiene un trastorno de personalidad. Ese era el concepto del disco. Y en ‘Las leyes del equilibrio’ (Everlasting, 16), años atrás, también conté la historia de Manuel en un disco entero. En canciones separadas, pero era la historia de Manuel desde su ruptura y hasta donde llegó. Entonces, es algo que a mí a veces me ayuda y que también estoy acostumbrado a hacer por el tema de las bandas sonoras: ahí existe una limitación que es el guión, pero precisamente ese guión más que limitarte te está abriendo puertas a la vez que, afortunadamente, también te cierra otras. Porque si no a lo mejor te pierdes.

Es cierto que en los últimos años has hecho muchas bandas sonoras, tanto para películas como para series ¿Se corresponde con una necesidad vital o te reconforta igual que componer un álbum, digamos, al uso?
Sí, de hecho, mi último disco es de hace tres o cuatro años, y pasó lo mismo con el anterior. Los estoy espaciando más porque además de que vivo de ello (aunque también he vivido de mis propios discos), es que me lo paso muy bien haciéndolo. Y llega un momento en tu vida en que a lo mejor después de veinticinco años subiéndote a una furgoneta para salir a tocar, te das cuenta de que hay más cosas. Y cuando girar se convierte en algo absolutamente mecánico en donde sabes lo que va a pasar en cada momento del viaje o de la noche o del concierto, resulta absolutamente agotador y quema muchas neuronas. Incluso te vuelves un poco tonto, incluso narcisista. Y a mí me encanta la música y la libertad que te permite una película a la hora de hacer su música es increíble, porque no estás ceñido al formato canción: ese esqueleto desaparece y puedes llegar a muchos sitios a los que no puedes llegar cuando haces canciones. También por eso, a la hora de enfrentarme a un nuevo disco, necesito algo que me estimule así. Por eso también me apetecía hacer un puñado de cancioncitas así, buceando y nadando en la música para llegar a sitios mientras siento que navego.

Deduzco entonces que, definitivamente, no habrá gira para presentar “El Apego” (Ernie, 21)
(Risas) No va haber conciertos. Ya te digo que económicamente me lo puedo permitir, sino tendría que hacerlo obviamente, pero precisamente porque me lo puedo permitir, no voy a hacerlo (Risas). Yo lo siento, pero habéis tenido veinticinco años para verme en directo (Risas).

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