“Antes de ese disco había pasado por unos años muy oscuros”
Entrevistas / Jean-Michel Jarre

“Antes de ese disco había pasado por unos años muy oscuros”

Dani Mesa — 22-01-2019
Fotógrafo — Archivo

Guiños al italodisco, a la new age y a la Radiophonic Workshop conviven en “Equinoxe Infinity” (Columbia/Sony, 18), el decimonoveno álbum de estudio de Jean-Michel Jarre. Un disco que carga a modo de manifiesto neoludita contra la supremacía tecnológica y sus posibles consecuencias.

En los años setenta, el matemático y ecoterrorista Theodore Kaczynski, más conocido como Unabomber, ya alerto a la sociedad de la amenaza que suponía seguir avanzando en la tecnología para una sociedad poco preparada. Aunque a primera vista pueda sorprender, la incertidumbre ante un futuro dominado por máquinas conforma la columna vertebral del nuevo trabajo del productor galo Jean-Michel Jarre. “La idea de este álbum surge a partir de la portada de mi disco “Equinoxe” (1978) creada por Michel Granger, intrigado por esas criaturas que nos observan. Me pregunté, ¿qué representan cuarenta años después? Veo cierto paralelismo entre estos seres acechantes y nuestra relación con la tecnología. Durante el tiempo que pasamos pegados a nuestros móviles, los dispositivos no están espiando, estudiando y gestionando nuestra vida privada, ofreciéndonos productos que comprar, sitios a los que ir, etcétera. La evolución de la inteligencia artificial hará que un día sean ellos los que estén al mando”, cuenta Jarre.

“Desde ‘Oxygene’ (1976) he intentado trazar una especie de puente entre la naturaleza y la tecnología”.

Tras ocho años de silencio, Jarre volvió a los focos de la escena internacional en 2015 con su trabajo “Electronica 1: The Time Machine”, el primero de dos discos de colaboraciones con artistas de cuatro generaciones diferentes (desde Tangerine Dream a Gesaffelstein, pasando por Fuck Buttons, Moby, Air, Gary Numan, Hans Zimmer, M83, Armin van Buuren o John Carpenter). “Antes de ese disco había pasado por unos años muy oscuros en los que me sentía incapaz de avanzar en la parte creativa. Aquel álbum de colaboraciones fue como una terapia para mí, algo así como un viaje iniciático. Los músicos con los que trabajé me devolvieron las ganas de seguir con mi vida como músico”.

Pasar “más tiempo rodeado entre máquinas en el estudio que de seres humanos” le ha llevado a divagar muchas veces sobre si un día estas “serán capaces de expresar emociones como la nostalgia”, una idea que queda plasmada en el corte “Robots Don’t Cry”. Pero como todo, cuando hablamos de futuro, a veces no nos queda otra que bajar la guardia y sacar provecho de la situación actual. “La tecnología nos ha brindado a los músicos un sinfín de posibilidades. Lo ideal es saber llegar a un buen equilibro entre lo analógico y lo digital. Al menos es lo que yo intento”. Asegura que uno de sus “juguetes” favoritos sigue siendo el sintetizador granular G1, del que se sirvió en “If The Wind Could Speak”.

No es la primera vez que el único hombre en tocar una ópera en las pirámides de Egipto hace alusión a esta temática. “Desde Oxygene (1976) he intentado trazar una especie de puente entre la naturaleza y la tecnología. Solo conseguiremos sobrevivir si logramos dar con la fórmula de hacer convivir ambas de un modo inteligente. Actualmente, ya no es una idea sino una realidad que nos acecha”.

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