Con su sexto disco el trío de Nueva York vuelve a las fuentes para mirar adelante. Marauder (Matador/Popstock, 18) es una inspirada colección de canciones que, sin inventar nada nuevo, concentra los claroscuros y virtudes de un grupo que ha reencontrado el placer de hacer ruido en el local.

Sam Fogarino, perfeccionista batería de estilo impecable, nos espera al otro lado de la línea telefónica. Aunque no le veamos, podemos adivinar su sonrisa. Todo parece irle de cara a un grupo revitalizado tras la gira del año pasado que celebró los quince años de su debut. Se han tomado con calma (cuatro años) la publicación de nuevo material. Un trabajo grabado por el ubicuo Dave Fridmann (Mogwai, MGMT, The Flaming Lips), que apuesta por la garra del directo, y con un Paul Banks atreviéndose con letras más explícitamente personales.

La rueda de prensa mundial que dieron en México (país que les adora) remite a tiempos pretéritos en los que los grupos de rock exhibían una relevancia social hoy fatalmente diluida entre el ruido y la furia de nuestro vertiginoso mundo hiper-conectado.


Por diferentes motivos, veo vínculos de este nuevo disco con vuestro debut Turn on the Bright Lights (Matador/02). La portada, y sobre todo el sonido y las estructuras de las composiciones. Igual es cosa mía.
No creo que quisiéramos tanto ir hacia atrás, a lo que hicimos entonces, sino que…Mira, déjame reformularlo en términos no estrictamente musicales: hubo un cierto deseo de franqueza. Esa franqueza la tuvimos en los viejos tiempos, con los dos primeros discos. Y fue interesante volver a un proceso similar, en ese sentido. Pero es algo que venía ya dictado cuando empezamos a hacer las canciones. Nos tomamos mucho tiempo para componer este disco, nos llevó como un año y medio. También me parece que gran parte del resultado final tiene que ver con Dave Fridmann, lo que él oyó y cómo pensó que deberíamos mirar adelante. Hubo mucha química cuando nos juntamos a componer esta vez y ¡nos lo pasamos muy bien! Había mucha vitalidad en el local de ensayo, y eso se mantuvo. Así que este disco se refleja en los primeros en cuanto al enfoque: grabamos directamente a cinta e hicimos cuantas tomas en directo pudiéramos, en lugar de meter recordings o cosas así.

¿Crees que en un momento en que se puede hacer cualquier cosa en el estudio, es fácil perder los papeles olvidando que, al final, lo importante es que el grupo suene?
Estoy de acuerdo, el estudio puede convertirse en una gran trampa. En determinadas ocasiones, los artistas adecuados pueden manipularlo todo para hacer cosas únicas, pero al final, la esencia de una banda de rock es una guitarra, una voz y un bajo. Yo, personalmente, he llegado a un punto vital en el que quiero hacer aquello en lo que soy bueno. No quiero experimentar demasiado fuera de la banda. Retomar la energía de tocar ha sido estupendo. Me he centrado en tocar con Daniel y Paul, mientras que en el pasado ponía el ojo en otras cosas y estaba como frustrado por limitarme a tocar la batería. Al final, algo hizo click, y creo que esto nos ha pasado a los tres. Nos hemos dado cuenta de que nos encanta hacer lo que hacemos.

“Esa combinación de luz y sombras está en nuestro ADN”

No sé hasta qué punto os inspiró la gira que hicisteis el año pasado, conmemorando el décimo quinto aniversario de vuestro debut.
Bueno, estamos orgullosos de aquel disco y era un buen momento para salir y hacer esa gira. Estuvo bien que nos tomáramos un respiro de grabar y divertirnos delante de chavales que probablemente eran bebés cuando salió aquel disco. Era fácil porque hemos tocado millones de veces esas canciones. Hacer esa gira no fue una inspiración musical para el nuevo disco, pero sí que nos llevamos de vuelta cierta vibración al estudio. Porque, al final, sentimos que estábamos yendo mucho más allá de Bright Lights.

Entonces, ¿dónde habéis encontrado esta vez la inspiración?
La inspiración es algo muy difuso. Muchas veces se trata simplemente de decirle al otro: “Oye, escucha esta canción que me puse el otro día”. Se trata, en gran medida, de que nos motivemos en las conversaciones que tenemos sobre las cosas de la vida, de cine o de libros. Muchas veces te inspiran cosas que al principio no te han afectado de lleno, cosas sutiles que se quedan ahí, y acaban convirtiéndose en una canción. En los últimos dos años he oído mucho R’n’B y música que realmente no tiene nada que ver con Interpol. Un montón de rock progresivo (risas). Ahora vivo en el sur, en Georgia, y tengo que conducir una hora y media para llegar al aeropuerto de Atlanta cada vez que me voy con la banda, y acabo escuchando las cosas más demenciales. Pero insisto, sobre todo, en estos años he estado muy interesado en el R’n’B. Había muchos baterías afroamericanos que tenían un groove muy pesado, y me preguntaba si podría aplicar eso al grupo. ¿Cómo podía hacerlo? ¿Sonaría ridículo o funcionaría? Y con canciones como The Rover, It Probably Matters o…

Party´s Over
¡Sí! ¡Totalmente! Ésa es mi versión del batería de Can haciendo R’n’B (se parte de risa). Con tonterías como ésa, tratas de hacer algo nuevo y fresco.

Es curioso, porque asocio a Dave Fridmann con ciertos sonidos y discos psicodélicos. ¿Fue un reto para él hacer este disco de rock tan directo?
No podría decirte. Es como un profesor. De hecho, enseña ingeniería de sonido en una universidad. Y fue facilísimo trabajar con él. Nunca mostró ningún signo de estress, agitación o enfado. Siempre está sonriendo. Te motiva sin insultarte, nada de: “Venga, vamos con otra toma, ¡tú lo puedes hacer!”. Lo hace siempre de manera muy sutil, y en todo momento te trata como a un profesional. Sin oscurantismos ni gilipolleces, ¿me entiendes? Desconozco si le costó, pero sí que es verdad que en un par de canciones quiso cambiar alguna cosa y te ponía en tu sitio: simplemente, no querías decepcionar al profesor. Te motivaba así. Creo que contar con la experiencia de haber grabado a gente de sonido muy denso y experimental como The Flaming Lips o los primeros Mercury Rev, le ha venido muy bien para darle vida a nuestras canciones y hacerlas brillar. Es un ingeniero y productor muy competente.

Cuando hace unos años se fue Carlos Dengler (bajista original), casi todos los grupos habrían metido a un sustituto, pero en vuestro caso, Paul (Banks) decidió ocuparse del instrumento. Tras su buena experiencia en El pintor (Matador/14), se nota que le ha cogido el gusto.
Sí, lo hace de la leche. Ya hizo un trabajo estupendo con El pintor, pero ha ido mucho más lejos. Vio que aquel experimento funcionó y ahora es mucho mejor. Se lo ha currado muchísimo. No quería acomodarse en las mismas cosas simples o hacer cosas abiertamente complejas, ha trabajado de la hostia y ahora es muy divertido tocar con él. Tiene muy buen sentido del ritmo, y a estas alturas sería ridículo meter alguien a tocar el bajo. Además, discutimos demasiado entre los tres. Meter una cuarta voz sería…(risas).

Ahora que lo dices, éste es ya vuestro sexto disco. ¿Cómo de difícil es mantener la pasión o la llama a estas alturas?
En nuestro caso la llama sigue prendida. En la rueda de prensa que dimos en Ciudad de México, que fue divertidísima, Paul dijo que todavía tenemos química entre los tres. Y eso es, al final, lo que te hace seguir. A veces, tengo la impresión de no haber estado tanto tiempo en un grupo, y me parece que ése es muy buen síntoma. Además, nunca hacemos planes demasiado lejanos en el futuro, y nos tomamos buenos descansos entre los discos. Creo que esa dinámica nos mantiene vivos, y nos permite seguir haciendo esto.

Marauder (Merodeador) me parece un título estupendo en su siniestra ambigüedad, pero ¿hay alguna intención política, aunque sea sutil, con la fotografía de la portada? (una imagen del Fiscal General Elliot Richardson, que presentó su dimisión a Nixon tras el escándalo del Watergate). ¿Tiene algo que ver con el clima sociopolítico que hemos vivido en estos últimos años?
No fue intencionado. Yo no tenía ni idea de quién era o de la época. Simplemente, nos atrajo la fotografía como obra de arte. Luego, cuando descubrimos por qué se hizo, de quién es y con qué se relacionaba, pensamos que era la hostia (risas). No era nuestra intención, pero en este momento, con lo que está pasando en el mundo, y particularmente, con la que está cayendo en casa, era perfecta. No somos un grupo político en absoluto, nunca hacemos comentarios, pero era muy conmovedora, además de una obra de arte preciosa. Lo que mola de todo esto es que el hombre de la fotografía era un buen tipo. Es quien le dijo a Nixon: “No, no voy a mentir por ti: dimito”. Eso es inspirador, es un mensaje político positivo, no de desaliento. Todos sabemos quién es Trump, pero este hombre era una buena persona y tenía su integridad. Ahora mismo te pones la CNN y dices: “Dios, ¿qué es lo próximo?”. ¿Qué más puede pasar en la Casa Blanca? Es alucinante.

Es como un circo, ¿no?
Sí, un circo que da miedo (risas fúnebres).

Asumiendo que no sois un grupo político, ¿hay algún tema particular que recorra el disco?
Sí, hay una especie de hilo conductor. Paul ha escrito letras muy personales, pero no tienen nada que ver con política de ningún tipo. Se refieren más bien a emociones, a gente sombría, ya sabes, las historias típicas de Paul Banks (risas). Pero incluso en su caso, da la impresión de que es mucho más directo con las letras.

En canciones como Surveillance volvéis a conseguir que fructifique esa rara combinación de oscuridad y luz pop, lo que comentaba al principio que me conecta con vuestro debut. ¿Os sentís cómodos en ese terreno? ¿Cómo hacéis que siga funcionando?
Lo primero que hacemos es la música, y ésa es de las primeras que nos vino. Es una canción especial, de mis favoritas. En cuanto a la letra, todo queda en manos de Paul. En lo musical, creo que siempre hemos tenido algo de eso que mencionas en nuestro ADN. Podemos pasar de partes muy animadas a cosas algo más sombrías y oscuras. Puede suceder en un mismo tema, porque las canciones, en cierto modo, se dictan a sí mismas, te dicen a dónde quieren ir.

“Nunca hemos sido políticos, pero la fotografía de la portada era perfecta para estos tiempos”

Y luego está el cierre, It Probably Matters, que es una de las mejores que habéis hecho, pero se sale de vuestro sonido habitual. Es diferente, pero me parece que eso es bueno. ¿Qué me dices de ella?
Fue complicada. Llegamos a ella de forma natural, pero nos costó mucho sentirnos totalmente a gusto. No sé por qué. Era de esas canciones en las que te atascas. Supongo que porque tenía un feeling, desde un punto de vista rítmico y musical, al que nunca nos habíamos acercado antes. También le costó a Paul definir la melodía de voz, trabajó muchísimo en ella. Nos costó tanto que hubo un momento en que parecía que no llegaría a entrar…Pero cuando Paul acabó su parte vocal, decidimos que tenía que hacerlo. Fue terminar su melodía y la letra y, por fin, todo encajó.

Han pasado poco más de quince años de vuestro debut, pero da la impresión de que empezasteis en una era muy lejana. Hoy el negocio es completamente diferente. ¿Cuál es tu opinión de cómo ha cambiado la industria?
Mi impresión es que hay un lado bueno y uno malo. El bueno es lo fácil que es encontrar música y oírla. El lado malo es: ¿cómo destacas cuando todo está en Internet? Nosotros venimos de un periodo totalmente distinto. Fue el último momento de otro paradigma, en el sentido de cómo se sacaban los discos y cómo se promocionaban, cómo se cubría a las bandas. Por aquel entonces estaba bastante claro. Hoy te pierdes completamente, todo es ominosamente inabarcable. Más allá de eso… mira, te digo una cosa: yo no sé si me montaría un grupo nuevo a día de hoy. Creo que he tenido mucha suerte haciéndome un hueco, porque ahora veo imposible que una banda sea descubierta, encuentre un sello y gane algo de dinero. Me parece de locos (risas).

Marauder también puede entenderse como la enésima reivindicación de la música rock o de guitarras. ¿Crees que el rock está perdiendo su gancho entre la gente más joven?
Bueno, es una cosa que pasa desde el principio de su Historia: hay momentos en los que deja de estar de moda, y luego otra vez vuelve a estarlo. Pero las guitarras nunca desaparecerán. Siempre va a haber alguien que descubra algo del pasado y lo renueve. Recuerdo que en los setenta, cuando la música disco estaba a tope, se decía también que el rock había muerto, que no volvería a levantar cabeza, y aquí estamos, hablando de ello, así que me imagino que algo sigue importando. La gente cambia de ideas como de ropa interior, ya sabes. Yo no me preocuparía al respecto.

La última. ¿Qué podemos esperar de vuestra próxima gira?
Pues un montón de música. Ahora que tenemos seis discos de donde escoger, y aunque sea difícil decirlo ahora, creo que vamos a tener un repertorio muy equilibrado de todo el catálogo. Pero espero que toquemos muchas de las nuevas.