“He sobrevivido a todos los locos que he sido”
Entrevistas / Ilegales

“He sobrevivido a todos los locos que he sido”

José Carlos Peña — hace 2 años
Fotógrafo — Archivo

Eran los tiempos en los que la gente se desfogaba dándose de hostias en los conciertos en lugar de insultarse en las redes sociales. Tiempos de reconversión industrial y juventud sin futuro (riámonos de lo de ahora), en los que se vivía y se moría al límite, con la heroína pendiendo como espada de Damocles; tiempos de huida hacia delante y desfase con las drogas y el alcohol en una España aún impregnada del gris plomizo de la dictadura, en los que un trío sólido como una roca con canciones como “Heil Hitler” o “Hola mamoncete” podía ganar el concurso Villa de Oviedo, y despertar el interés de las radios y los sellos en el mismísimo Madrid de la Movida; tiempos en que era posible forrarse dejándose los huevos en las infames carreteras españolas o soltar “Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal” en la televisión pública. Ilegales (”Los hijos de la gran puta” fue el primer nombre que Jorge puso sobre la mesa tras la deserción de su hermano Juan de los seminales Madson), con su líder de personalidad arrolladora y lecturas clarividentes, son el grupo perfecto del documental rock. Tanto, que deja en ridículo a algunos ilustres anglosajones que han tenido recientemente sus minutos de mitificación cinematográfica. Ilegales también siguen siendo justo lo contrario del puritanismo dominante de los que están buscando constantemente motivos para sentirse ofendidos. Detrás de todo un gran grupo hay un gran misterio, en este caso muy identificado con la personalidad iconoclasta y vital de Jorge Martínez. Y ahí bucean y buscan los cineastas.

“Mi vida entre las hormigas” -gran título que los directores tomaron prestado del libro que preparaba y prepara Jorge Martínez y canción inédita que acompaña a los títulos de crédito como declaración de “intenciones del protagonista”- gira alrededor de la irrepetible figura del compositor y guitarrista asturiano. Reconocimiento a este “verso libre del rock español” -como lo califican los directores-, con el testimonio de compañeros de fatigas, músicos, productores y periodistas, con joyas sonoras como una maqueta de Madson que se creía perdida. Moya y Vega no eluden el lado oscuro del desfase en los años locos: El peaje infernal de las drogas, la vena pendenciera de Martíne

“Mi vida entre las hormigas” -gran título que los directores tomaron prestado del libro que preparaba y prepara Jorge Martínez y canción inédita que acompaña a los títulos de crédito como declaración de “intenciones del protagonista”- gira alrededor de la irrepetible figura del compositor y guitarrista asturiano. Reconocimiento a este “verso libre del rock español” -como lo califican los directores-, con el testimonio de compañeros de fatigas, músicos, productores y periodistas, con joyas sonoras como una maqueta de Madson que se creía perdida. Moya y Vega no eluden el lado oscuro del desfase en los años locos: El peaje infernal de las drogas, la vena pendenciera de Martínez, capaz de soltarle un mamporro a Ferni Presas, bajista de Gabinete Caligari, entre neblinas anfetamínicas. Un “mod entre hippies” que acostumbraba a salir a la calle con un stick de hockey por si las moscas.

Tampoco falta la tragedia, el cruel golpe del destino: la muerte del bajista Alejandro Espina el año pasado justo antes de empezar la gira de apoyo de su nuevo disco. Enrolado de nuevo para la causa el bajista original Willy Vijande, decidieron tirar adelante. “Entre depresión y rock, elegimos rock and roll”, dice Jorge. Esa actitud vitalista de comerse el mundo por las patas está en la base de su improbable epopeya. Los que sólo vean al provocador impredecible (que hasta tuvo su momento televisivo en el programa “Moros y Cristianos”), que se quiten los anteojos. ¿Cuántos rockeros españoles tienen en su mesilla de noche las “Sátiras” de Juvenal? ¿Cuántos ilustres de la Movida y derivados controlaban de mesas de mezclas o ecualizaciones en 1982? ¿Qué guitarristas españoles tocan de la hostia y saben ajustar su instrumento? A sus sesenta y un tacos, Jorge se niega rotundamente a envejecer, si eso es convertirse en gilipollas. Coleccionista compulsivo de soldaditos de plomo -pasión que da mucho juego estético en el documental-, su secreto, como desvela el documental, es haber mantenido una conexión permanente (y física) con su infancia. Es decir, con lo mejor que tenemos. El gamberro inteligente que señala al emperador desnudo, sigue incordiando.

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