“Mi vida entre las hormigas”, documental de Juan Moya y Chema Veiga, es una carta de amor a Ilegales y su factótum Jorge Martínez: probablemente la individualidad más volcánica y heterodoxa que ha dado el rock español. Y, sin duda, de las más brillantes. Fue el entusiasmo de los realizadores lo que empujó desde el crowdfunding la realización de un filme con momentos impagables, que refrescan a las nuevas (y viejas) generaciones la salvaje trayectoria del grupo asturiano. Aunque también se está exhibiendo en salas, acaba de salir el DVD, acompañado por un CD con los clásicos regrabados para la ocasión, además de la canción inédita que da título al filme.

Nos encontramos en el Madrid de los Austrias con el músico y el director Juan Moya. Jorge Martínez o “Ilegal” está pletórico. De verbo torrencial y apasionado, transmite ese entusiasmo juvenil que probablemente le ha llevado hasta aquí. Es (y parece: ¿habrá hecho un pacto con el diablo?) un chaval con 61 tacos. En las distancias cortas funciona como máquina de titulares y de repartir estopa a diestro y siniestro. Cuando llego, está contando a un colega los detalles de aquel día infame en que escandalizó a María Teresa Campos en un plató. Genio y figura, sí. Y mente de gran clarividencia, alérgica a la estupidez y a la corrección política. Capaz de hablar durante horas de su imponente colección de guitarras de época.


¿Qué pensaste cuando te propusieron hacer este documental?
(Jorge)
Me lo habían propuesto muchas veces, pero lo que querían era que teatralizáramos la historia. Y eso me parecía una puta mierda. Cuando me proponen esto y les pregunto “¿Pero qué queréis hacer?”, me responden “No lo sabemos”. Lo que me dijeron, mientras nos tomábamos unas cervezas, fue “Vamos a coger una cámara y a hacer entrevistas y grabar. Vamos a conseguir cosas, y las ordenamos como podamos”. Y me pareció una muy buena idea. Lo segundo que pasó es que, claro, gente de nuestro entorno, que nos ayuda y trabaja con nosotros, tuvo un conflicto con los directores, porque querían censurar cosas. Ya digo al principio que no se puede contar toda la verdad del rock, o no debería contarse, pero sí decimos unas cuantas cosas. Llegó un punto en que Juan y Chema nos dijeron que si queríamos hacían un publirreportaje, pero que lo pagáramos (risas). Si hacían el documental que ellos querían hacer, tenían que llevar la dirección. Me pareció de puta madre, pensé: “Esto es una garantía, adelante”.

De hecho, tiene gracia que al principio casi toda la gente que sale te pone un poco a parir.
(Jorge)
Un poco no, lo hacen a fondo los hijos de puta (risas).
(Juan Moya)
“Esquizofrénico”, “loco”, “violento”…

¿Pusiste alguna condición o les dijiste que no querías hablar de algo en concreto?
(Jorge)
No, no.

(Juan Moya) Fue muy respetuoso. Nos dio la confianza y lo único que ha hecho es ayudar en todo lo que ha podido, que ha sido muchísimo. Incluso ayudó con el crowdfunding, dando un concierto privado para los mecenas. De ahí hasta estar siempre disponible para las entrevistas que íbamos haciendo. “Oye, que tenemos un encuentro con Jaime Urrutia y Javier Andreu (La Frontera) en el Dos de Mayo”. “Por supuesto”. Han sido todo facilidades y cero injerencias. Nos ha corregido alguna fecha o ha dicho “Esto no pasó”, pero nada más.

“Entonces no había rock. Era como ahora. Esto está lleno de tipos travestidos de rockeros”

¿Cuándo lo viste por primera vez y qué te pareció?
(Jorge)
En el Festival de Cine de Gijón. Y no me esperaba algo así. Todavía se estaban cambiando cosas. En el Palacio de Prensa (premiere en Madrid) hubo problemas con el sonido y también la imagen, algo achacable al equipo. Ayer cuando la vimos otra vez en Yelmo, sí que me quedé pasmado. Suena muy bien, la imagen es muy buena, aunque los vídeos son de distinta procedencia y algunos, lógicamente, de baja calidad.

Hablando de aquellas viejas imágenes de hace casi cuarenta años: Impresiona la del concierto en que estás destrozando una guitarra en la plaza de toros de Gijón. No creía que fueras de esos con tu colección y demás. ¿Homenaje a Pete Townshend?
(Jorge)
Me gustan mucho las guitarras, pero es importante liberarse de la malignidad de los instrumentos. Hay instrumentos malignos que pretenden llevarte a donde quieren y hay que saber defenderse de ellos. No rompo una guitarra por hacer un espectáculo, sino por liberarme de un instrumento cabronazo que me está llevando a donde no quiero. Creo que la guitarra que rompí ahí -las imágenes se interrumpen justo cuando sale disparado el cuerpo y le pega en los huevos al cámara- lo merecía. Hay guitarras que pueden deformarte el estilo, que pueden hacerte daño. Las ajustes como las ajustes. Y hay que acabar con ellas. ¡Que nadie más las padezca!

Ha tenido que ser una odisea encontrar material de ese tipo. ¿De dónde salió ese vídeo en concreto?
(Juan Moya)
El máster estaba en U-matic, un formato de alta banda que existía entonces y lo hemos conseguido a través de los contactos de Jorge. Era la grabación original, en los primeros años de Ilegales.
(Jorge)
Debía ser el 81.

Es muy interesante cuando se reflejan los primeros años del grupo a finales de los setenta. Fuisteis unos pioneros en cuanto al espíritu, las letras y también el estilo de la música. Pioneros de verdad.
(Jorge)
No había rock, era igual que ahora. Hay grupos que se creen que hacen rock y no lo hacen, porque ni su mensaje ni su música lo es. Utilizan guitarras eléctricas pero no hacen rock. Yo he escuchado a gente tocando con guitarras distorsionadas pero con unos mensajes que no eran rockeros en absoluto. Algunos, para enmascarar esa falta de mensaje, lo cantan en inglés (risas perversas). Pero aunque es un inglés muy malo, se nota que no hacen rock. Esto está lleno de travestis, de tipos travestidos de rockeros. Un día tuvimos una pelea porque le dije a un tío: (pone voz impostada) “Oye, ¿esas gafas son de rock? ¡Quiero unas gafas como las vuestras!”. Los tíos empezaron a ponerse gallitos, eran muchos, pero cuando se dieron cuenta de que yo tenía también unos cuantos amigos, ya era tarde.

Pero en tu caso, ¿qué fue lo que te llevó a coger una guitarra eléctrica y cantar lo que cantabas?
(Jorge)
Yo no me metí en esto para ser famoso ni nada por el estilo. De hecho, siempre hemos evitado salir en televisión. Se trata de esa liberación que te provoca el rock, ese sonido que te lleva arriba, de esa “sopa sónica”. Me dije: Joder, tengo que conseguir eso. ¿Cómo? Pues hace falta un sistema de amplificación, manejar unos instrumentos, saber construir unas canciones. No se puede hacer de cualquier manera. No puedes decir: “No sé tocar pero como me peino muy bien y como me visto así y tengo una guitarra…”. No, tío, tienes que saber cómo funciona todo, y una vez adquieres esos conocimientos, puedes hacerlo. Y es un placer tremendo. Entonces creas el púlpito para decir cosas como “Tiempos nuevos, tiempos salvajes. Levántate y lucha, ésta es tu pelea”, porque consideraba y sigo considerando, que la mansedumbre es altamente peligrosa. Si no luchas, te mata y la Historia ha demostrado que es así. Y muchas más cosas. En Ilegales siempre hemos hecho mucha poesía pura. No hemos tenido ningún rubor en meternos en ello. Nada de poesía urbana o cosas por el estilo. No, chico.
Me acuerdo de una hippiosa que era profesora de Literatura. Me caía bien, ¿eh?. De esas chicas mayores que eran relajantes. Y decía eso, que gran parte de las canciones estaban justo en la brecha. Que incluso las que tenían una voz de macarra cerril tenían doble o triple lectura. Desde el primer momento tratamos de conseguir el púlpito adecuado para eso. ¿Cómo íbamos a sonar mal? No nos lo podíamos permitir, porque la letra se pierde. ¿Has estado escribiendo textos para que luego no lleguen? No puede ser. Para explicar eso, me han permitido meter un extracto del libro que iba a llegar antes de la película -al final ha sido al revés-. Ahí viene el camino para conseguir todos esos textos. Algunos están extraídos de los sueños, porque el subconsciente es la parte más inteligente y libre de los humanos. Voy a buscarlas ahí. Otras hay que buscarlas en las más profundas oscuridades, en ese sitio tan peligroso donde acechan tantos enemigos que llevamos dentro. Pero bueno, he conseguido sobrevivir a todos los locos que he sido, por eso puedo mantener esta conversación en estos momentos.

“Hasta que llegaron los gobiernos del PSOE, esto era tercermundista. España era gris y deprimente”

Entiendo que ese sonido tan especial de guitarras limpias, mucho espacio entre los instrumentos, claridad, era totalmente premeditado, ¿no?
(Jorge)
Es producto de un estudio largo. Cuando dejé la facultad de Derecho, llegó un momento que me dije “Vamos a buscar el sonido, éste con distorsión no está funcionando”. Sonábamos como los grupos suecos estos que se llevan tanto ahora. No conseguimos llegar más allá. Y llegó un momento que me dije: “Esto no vale”. Para muchos, Madson (el grupo anterior de Jorge) era lo más, y cuando salen Ilegales con el sonido limpio, muchos se echan para atrás. Habíamos tocado con grupos del momento. Tequila querían hacerse pasar por rock y alguien cometió el error de ponerles en el mismo concierto que nosotros. (Han sobrevivido. Son duros estos argentinos…).
Pero bueno, el clima sonoro que generaba Madson era (hace un ruido de distorsión). Pues de estos que puedes oír ahora. Pero claro, el mensaje se perdía. Había que limpiarlo, porque artísticamente era un fracaso. Intentamos un grupo intermedio, Los Metálicos, con los que conseguimos limpiar el sonido, pero era demasiado pronto: 78 ó 79. Aquí había una primeriza Nueva Ola que sonaba muy mal. Nosotros sí sonábamos bien, pero no lo teníamos del todo. Estábamos todo el día experimentando con una mesa de mezclas. Pero no era la mesa, hay que construir las canciones para que suenen. Hasta que llega el momento en que suena la canción, conocemos la mesa, sabemos cómo se sitúan los micrófonos, el eco para la voz, en qué tono hay que cantar. Supone un esfuerzo: ¡Apriétate los huevos y sube hasta ahí! Ése es el camino. Cuando lo tuvimos, no íbamos a demorarlo más. Teníamos que venir a Madrid, porque aquí no sabían tocar, no tenían equipos, no sabían cómo funcionaban y los trataban como si fuera la Quinta de Beethoven; vamos a ir a Madrid y comernos el mercado, porque es como quitarle un caramelo a un niño, joder. Vamos a dejarnos de balbuceos y a tocar rock de verdad.

Se dice que vuestros conciertos de aquella época eran demoledores, aunque quedan muy pocas grabaciones. ¿Teníais buen equipo ya al principio de todo?
(Jorge)
Sí. Bueno, teníamos un equipo de desecho que era cojonudo. Lo que pasa es que ellos (los grupos de Madrid) no lo sabían. Eran guitarras de época, amplificadores Vox AC-30… teníamos todo lo mejor, pero estos (los de Madrid) consideraban que era una puta mierda. De hecho, un día me dice mi amigo Antonio Vega de Nacha Pop: “Oye, tú usas un ampli como el mío, un AC-30 antiguo. Es que me preguntan que por qué uso esta porquería”. Yo le dije: “Es un ampli cojonudo, no les hagas caso, úsalo, joder, es el mejor amplificador posible”. Y llegamos con ese equipo. Además, nadie tenía un equipo exterior (PA). Nosotros lo habíamos hecho con retales que habíamos comprado a orquestas, cantautores… Lo modificábamos, le quitábamos los filtros pasivos y usábamos un crossover activo. Sabíamos en qué ángulo tenían que cortarse las frecuencias porque lo habíamos estudiado muy bien, sabíamos qué impedancias eran las que mejor trabajaban. Todo eso eran conocimientos, para eso dejé la facultad. Desgraciadamente muchos siguen sin tener ni puta idea de todo esto. Claro, con todo ello, conseguíamos el sonido. Es el producto de un trabajo intenso de años. No era lo que decía Miguel, de Siniestro Total: “Carallo, así no vale, vosotros sabéis tocar” (risas). Claro tío, sabemos tocar, sabemos sonar y sabemos cómo va esto. ¿De qué es de lo que se trata, cabronazo? Venga, tómate una cerveza” (risas).
(Juan Moya)
Es una pena que no haya más vídeos de conciertos. Nosotros hemos puesto de lo poco que hay. Está lo de Gijón, Jai-Alai en Huesca y lo de Don Domingo, con un técnico de TVE que, en fin…
(Jorge)
Le cogía la mesa y se mosqueaba. Pero, me cago en la puta, ¿cómo no la voy a tocar si tú no sabes, no ves que no sabes?
(Juan Moya)
Yo les vi en el 84 en la sala Astoria y no había nadie aquí que sonara así. Eran un grupo de directo.
(Jorge)
La gente que vio los directos…¡hostia! Nuestra manera de publicitar Ilegales no era hacer videoclips. Era, una vez al año, dar concierto en las ciudades más importantes. La gente salía convencida.

En un momento del documental alguien, creo que David, el batería original, dice que en un mes, no sé si del 84 ó del 85, ¡tocasteis 30 veces! ¿Ese ritmo infernal no podía quemar al grupo?
(Jorge)
Joder, claro. Enfermamos. Y con las carreteras españolas de entonces, que eran una puta mierda…Mira, esto hay que decirlo, hasta que llegaron los gobiernos del PSOE, esto era tercermundista. España era gris y deprimente. Tenías que ser duro para mirar ciertas cosas y no sufrir un bajón serio. Era muy deprimente. Hacer carretera era muy duro. Y tuvimos que padecer la reconversión. España estaba en obras. Cuando se acometieron todos esos planes de remodelación del sistema vial, lo padecimos, porque estábamos todo el día en la carretera. Y era una locura.

“Si hemos tenido problemas con algunos grupos, es porque eran muy groseros. Eran como abusones de patio de colegio”

Resulta también increíble el dineral que ganaba el grupo en aquellos años, sobre todo viéndolo desde un momento como el actual tan difícil económicamente en la música. Fue algo complicado de digerir, como se explica y se ve en el documental. Pero tú lo llevaste más o menos bien, ¿no?
(Jorge)
Sí, yo tengo una colección de guitarras cojonudísima. En España no hay nada igual. Tengo lo mejor de lo mejor. Y tengo mi propio estudio, de hecho compré la casa de al lado para evitar que venga algún vecino gilipollas y me induzca al asesinato porque me lo quiera cerrar. Tengo mi piso de siempre, he comprado cosas… Me he metido drogas, como todos. Yo tenía una amiga millonaria que me decía: “Joder, Jorge, me encanta cómo tiras el dinero” (risas). Y yo le respondía: “Pero ahora vamos a tirar el tuyo, hijadeputa, vamos a un cajero, que tú eres millonaria porque eres una roñosa”. Una vez nos metimos en un casino. ¿Te encanta gastar dinero? Pues venga, vamos a fundírnoslo. Pues hostia, me empecé a poner nerviosísimo porque empezamos a ganar a todo. Manda cojones: basta que tengas pasta, que no la necesites para nada, y que la suerte te favorezca. Yo me lo he pasado muy bien. Me arrepiento de muchísimas cosas, no como los gilipollas estos de ahora que dicen que no se arrepienten de nada. Yo incluso a muchos les quitaría la hostia que les di. Con un “Vete a la mierda” es suficiente. Pero de fundir dinero no me arrepiento: me lo he gastado muy bien.

Ahora que hablas de hostias, ¿por qué había tanta violencia en vuestros conciertos? ¿Por qué la gente iba a pelearse?
(Jorge)
Porque había tribus urbanas que eran muy hostiles entre sí. Estaban los rockers, los mods, los punkies, los skin-heads, los modernos -dentro de estos, los tecnos-…y todos eran público de Ilegales. ¡Y luego estaban los hippiosos, que al final entraron! Llegamos a todos. Si hemos tenido problemas con algunos grupos es porque eran muy groseros. Eran como abusones de patio de colegio que creían que podían abusar. Y yo soy un justiciero, probablemente porque me he educado leyendo El Capitán Trueno. De pequeño no sólo me defendía mí mismo, sino a mis compañeros, de todos estos maltratadores a los que ahora se señala un poco más. Y, joder, no voy a permitir que venga ningún mono de estos, que además no tiene ni media hostia.

¿Había muchos cretinos en las bandas, entonces?
(Jorge)
Había muchos gilipollas, sí. Sigue habiéndolos, pero ahora la gente es más educada. Hay que ser estúpido, ves a un tío tenso como un muelle y ¡vas a meterte con él! Lo decía un día Alejo de Derribos Arias: “Han estado provocando a Jorge, que es un tío que se puede poner violento. Y claro, les ha atizado. En cambio, yo le he pedido que me ajustara la guitarra y me la ha dejado de puta madre” (risas).
Ilegales sabíamos ya entonces quintar una guitarra, casi todas esas cosas las sigo haciendo yo mismo. Y muchos músicos de la época nos perdieron el miedo o esa timidez de “soy famoso pero no tengo ni puta idea”, y en seguida se acercaron a que les echáramos una mano. “Joder, esa nota choca porque estás mezclando la escala mayor con la menor. Cámbiala”. Era eso, joder. Y, a partir de ahí, muy bien. Fernando Pardo de Sex Museum lo contaba el otro día. El primer día que fui a su local me enseñó una Rickenbacker de los 60. Tenía un doble trabajo de no sé cuántas horas para pagarla, y yo le dije: “Vaya puta mierda de guitarra”. Y él me responde: “Joder, me ha costado no sé cuánto”. Y yo, “Por esa pasta te compras cuatro Ibanez copias Les Paul que le dan mil vueltas”. Se lo tomó fatal. Y a los pocos meses, se compró la Ibanez. “Joder -me dice-, es mucho mejor, tenías razón. Me compré otra”. Yo estos consejos tan bruscos los daba por buena voluntad. Algunos como Fernando se dieron cuenta, otros no se han enterado nunca. ¿Por qué no lo vas a hacer? Los de la generación anterior a mí tapaban incluso los acordes, y eso me parece lo peor. Reconozco que con Paco Loco me cansé: “Oye, dame los acordes”. Mira, Paco, no me hagas parar el ensayo para enseñarte los acordes, hijode… “No importa, ya los apunto yo” (risas).

“Me arrepiento de muchas cosas: a muchos incluso les quitaría la hostia que les di”

¿Qué pasó en la reunión con Urrutia (a propósito del incidente con Ferni Presas de Gabinete Caligari, en un camerino)? ¿Era real esa tensión que se produce cuando dices que no te gusta nada “Camino Soria”?
(Jorge)
No sé, Jaime es un tío muy sincero y me cae muy bien. Los otros del grupo, bueno… Él ha hecho grandes canciones. También las ha hecho odiosas, porque me parece que “La culpa fue del cha-cha-chá” es imperdonable, pero ha hecho cosas muy interesantes. “Camino Soria” no es una de ellas, me parece horripilante, joder. “Sangre española”, en cambio, me gusta, fíjate. Y unas cuantas más.
(Juan Moya)
No se ha trucado nada en esa reunión. Lo que hay es lo que hubo.

La confrontación, algo consustancial al punk (y al rock and roll) fue vuestra seña de identidad desde el primer minuto. Una canción como “Heil Hitler”, pura incorrección política, es la quintaesencia de esa actitud, ¿no?
(Jorge)
La hicimos deliberadamente para molestar al mainstream, que eran los hippiosos: herederos de los hippies, pero mucho más dogmáticos, mucho más paletos, algunos malolientes, otros con ropa de boutique de hippies, donde iban las tías a ponerse ropas de angelito. Ese colectivo me repugnaba y me dije: “Vamos a provocarles”. Y funcionó de puta madre. Eran gilipollas y entraron al trapo. El mejor sitio para hacerlo era el concierto de Miguel Ríos, en la plaza de toros de Gijón. Llegamos y había 15.000 personas. Habían estado poniendo “Europa ha muerto” en la radio y cuando la tocamos, ¡los hippiosos se ponen a cantar! Pienso: “¡Me cago en! No es ésta la reacción que buscaba”. Yo llevaba un sujetador que me había dado una amiga con tetas grandes, colgado en la guitarra. Pero eso no provocaba nada. Así que le pedí una gorra nazi a un colega y estrenamos allí “Heil Hitler”. ¡Dios, qué momento! Los otros del grupo no tenían inconveniente porque se habían metido heroína de alta calidad (risas) y yo no consumía, así que lo disfruté en toda su plenitud. Muchos querían matarnos, pero inmediatamente todas las nuevas tribus se identificaron con Ilegales.
Conseguimos una confrontación muy necesaria. Alguien le tenía que decir a los hippies: “Oye, gilipollas, no pillas ni un chiste. Me cago en tu ropa y tu traje de angelito”. Y ocurrió y lo hicimos a nivel nacional. A raíz de esto, hubo quien nos dijo que no estaba seguro de que acabáramos de grabar el disco que habíamos empezado. Cada vez que nos llamaban, yo pedía cien mil pelas más. Decía a los del grupo, “Mira, vete grabando bajos, que yo me voy a dedicar un poco a ser manager, que esto marcha”. Funcionó de puta madre. Alguien tenía que hacerlo. Todo el mundo intentaba agradarles (a los hippies) porque eran el grueso del público. Es necesario desagradar al público y darle cosas valiosas incluso contra su voluntad. Hoy todavía puede que haya hippiosos que no hayan entendido el chiste.

Hay otro momento mítico: ¿Cómo fue aquello de que tuvisteis que salir por patas de Ecuador?
(Jorge)
Hubo problemas porque unos empresarios nos echaron la culpa de los desórdenes que se produjeron en un campo de fútbol en que habían metido a 45.000 personas. Si vendes 45.000 entradas para un público que no puedes controlar, muchas veces estafado porque estaba en zonas donde no podía ni oír ni ver, te expones a eso. Una parte del público invadió las sillitas del público VIP. Aquello era una barbaridad, no se tenían que haber vendido esas entradas. Yo les felicité por haber conseguido eso y entonces se produjo un clima de caos absoluto. Tocamos y después vinieron Hombres G.
(Juan Moya)
Ahí sí que hubo hostias.
(Jorge)
Alguien que trabajaba con ellos pretendía que cambiáramos el orden. Que tocáramos después. Y nuestro manager era un poco cabronazo. En Quito acabamos Ilegales pero en Guayaquil lo hicieron ellos. Y eso es muy peligroso. (Jorge se despacha a gusto hablando de Hombres G y los atractivos de unos y otros con las fans locales)

Tuvisteis mucho éxito en Latinoamérica. ¿Por qué?
(Jorge)
Sí, lo seguimos teniendo. Las imágenes que salen en el documental son de 2001. Joder, porque son de Letras. Aquí hay mucho burro. ¿No ves que están diciendo que hay que recuperar Filosofía e Historia? O Literatura. Es que hay un montón de burros y encima se tienen que ir a trabajar fuera. Es la hostia. Pues allí son de Letras. Y el mensaje les llega. Entienden que Ilegales no es un grupo que persiga epatar. Valoran las letras. En las bibliotecas hay muchos libros de préstamo. Luego se devuelven pocos, pero…

Quizá se valora ante todo cierta autenticidad, que cada vez es más rara.
(Jorge)
Hombre, la trampa es que no hay trampa. Se habla mucho del personaje, y en realidad es el mismo tipo, sólo que la misma persona puede tener varias posturas. Eso le resulta difícil de entender incluso a gente muy próxima a mí. Pero creo que está muy bien tener distintas posturas. Quedarse sentado toda la vida inmóvil no sirve de nada. Puedes hacer músicas muy distintas. Los discos de Ilegales eran muy diversos desde el primero. Y se buscaba en eso un defecto. “No, es que hay varios estilos”. Los técnicos, en los estudios: “Es que hay que cambiar toda la mesa”. Pues claro, gilipollas, ¿sabes hacerlo tú o lo hago yo? ¿Qué quieres, que hagamos todas las canciones iguales como…bueno, no voy a dar la lista? Muchos de mis compañeros llevan grabando el mismo disco desde siempre. Y eso no vale, joder. No hay ninguna mentira en tocar canciones diferentes basadas en estilos diferentes. Si la música y las posturas no son tan diferentes. De estar sentado a estar de pie, no hay tanta diferencia. Es el mismo individuo, esté sentado o tumbado.

“Desgraciadamente, muchos siguen sin tener ni puta idea de cómo sacar el sonido a un grupo”

¿Cómo has evolucionado como guitarrista desde aquellos años hasta hoy?
(Jorge)
Pues mira, sigo en la creencia de que cualquier gilipollas puede tocar muy bien la guitarra. Es sólo un instrumento para hacer música. Lo importante es la música. Toco justo hasta donde quiero llegar. Evito dar demasiadas notas o hacer florituras. No, chico. A veces grabo solos muy buenos técnicamente, pero que no dicen nada: ¡Bórralo! “¿Cómo?”, me dicen. Que lo borres, joder. ¿Lo borras tú o yo? El otro día me encontré con pistas de solos del 85 o el 86 que no se habían borrado. No aportaban nada a la canción. Se trata de dar las notas que mejor suenan juntas con el tempo más conveniente y la máxima precisión posible. Eso es lo que hace bella a la música.
Es como los colores en un cuadro. Rembrandt no usaba toda la paleta. Ya sé que puedes poner toda la gama, pero no los tienes que poner todos. Con tres ya queda de puta madre. Vamos a ser sobrios y poner lo que la canción requiere. La canción es la que manda. Hasta el punto de que cuando no había canciones nuevas y la fuente se había secado, se acabó el grupo. Y estuvimos cinco años sin tocar. Sólo volvemos cuando tenía canciones. Hicimos “La vida es fuego” (Pop Up, 15) y se nota que eran canciones que tenían que salir, aunque las mejores no salieron: teníamos un tango-rock que nos dijeron que no saliera porque se nos podía asociar a Los Magníficos, un grupo transicional que no fue valorado en su momento por muchos bienpensantes dogmáticos. Las canciones mandan siempre y si vienen a las tres de la mañana en el mejor de los sueños, hay que levantarse y coger la guitarra. Es el único camino para atraparlas.

Hablando de guitarras, veo que sigues con tu colección. No puedo evitar mencionar la Mosrite antigua que aparece en un momento. Es increíble, una pasada.
(Jorge)
Ah, ¿sabes de quién era esa guitarra? De los B-52’s. Tiene modificaciones que le había hecho en la última época el guitarrista. Se la compré a los Del Fuegos. Me gustan mucho los primeros discos de The B-52’s, los que se grabaron con poco dinero, los más eléctricos. Hay que tener mucho cuidado con el dinero, te puede limitar muchísimo. Por eso hay que romper el dinero, la guitarra, lo que sea. No hay más huevos. Sé que mis compañeros de profesión no lo hacen, pero yo sí. (Habla de las guitarras Paramount, Harmony y Slingerland de los años treinta, con detalles eruditos o anécdotas impagables, como la de los malolientes trozos del cascabel de una serpiente que encontró dentro de una Paramount de los años 30). Ahora tengo cincuenta y muchas o sesenta guitarras. La cosa no tiene remedio, porque vendo alguna de vez en cuando, pero compro otra inmediatamente.

No ha tenido que ser fácil reunir esa colección, sobre todo en este país. No había mucha tradición de comprar guitarras antiguas.
(Jorge)
Pero es que las cosas hay que quererlas, hay que pelearlas, ¿eh? Tampoco era fácil montar o mantener un grupo como Ilegales. Muchos lo han querido enterrar, “vamos a pasar de estos u odiarlos”. Estar en el sitio es muy difícil. Conseguir el sonido ha sido muy difícil. Todo lo es. Un montón de cosas buenas son difíciles. Hay pocas cosas buenas que sean fáciles. Es complicado conseguir guitarras así en buen estado, pero se hace. Hay que pelearse literalmente por ellas. Yo conseguí las Stratocaster serie L (de 1963 a 1965) buenas. No todas lo son, cada guitarra es distinta.

“Sigo en la creencia de que cualquier gilipollas puede tocar muy bien la guitarra”

Tu colección debe valer una fortuna, ¿no?
(Jorge)
No creas, los yanquis son muy ignorantes con respecto a su propia Historia. Fíjate lo que les ha pasado, que les han comprado el rock y el blues a gente como los Beatles o los Rolling Stones, ellos son así. Una vez en el Guitar Center había una pared entera de guitarras raras. Tenían una Vega Duo-Tone del 46 maravillosa. Traducido el precio, eran unas ciento y pico mil pelas. Ellos no sabían lo que era. La cogí no para mostrar lo que toco, que es una muy mala costumbre que tiene el público en las tiendas, sino para comprobar si tenía zonas muertas, si el circuito funcionaba, esas cosas. Pues se hizo un corro tremendo alrededor, no sabían lo que era, no habían oído nunca una Vega. Vino el encargado, que hablaba español, y de repente varios clientes la querían, pero ya no estaba en venta porque me la quedaba yo. Y me la llevé. Fíjate, ¡en el Guitar Center! Me vino después el encargado a preguntar y le dije que las demás eran una puta mierda. Que sólo valía la que me llevaba. No todas las guitarras raras son buenas.

Por último, para Juan: ¿Qué dificultades tuvisteis para montar todo el material que grabasteis?
(Juan Moya)
Había varios retos, pero todos deliciosos de acometer. Montar con música de Ilegales ha sido una gran experiencia, porque siempre me ha parecido muy visual. Genera atmósferas. De los retos, el primero era resumir en hora y media una historia tan larga con una personalidad tan rica en matices como la de Jorge. Hay más de veinte entrevistas. Esa labor de condensación ha sido difícil, pero hemos tenido la suerte de tener tiempo, alrededor de un año desde que empezamos a hacer entrevistas hasta que les enseñamos los primeros clips a los mecenas. Las entrevistas fueron como piezas de un puzzle que luego han encajado, aunque algunas se cayeron, evidentemente, y se generaron nuevas en el montaje final. Ha sido complicadísimo, pero apasionante. Para entender la música de Ilegales debíamos entender la personalidad de Jorge y viceversa. Porque las letras son muy biográficas, o plantean una mirada social muy atípica. Tampoco queríamos que la efusividad y exotismo de la personalidad de Jorge distrajeran la atención de lo verdaderamente interesante, que es su propuesta musical y su talento artístico.
Para los más fans hay sorpresas muy interesantes, y para los que lo conocen poco, es una oportunidad de tener una visión panorámica de una discografía envidiable. Hay gente que al ver el documental quiere revisar inmediatamente los discos, y otros que te dicen: “¡Yo quiero que mi hijo escuche a Ilegales!”.
(Jorge)
¡Pues va a ser un sinvergüenza! (carcajadas)

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