Joe Goddard y Owen Clarke pasaron por Madrid para dar cuenta de su séptimo disco: “A Bath Full of Ecstasy” (Domino/Music As Usual, 19). Compendio de la manera que tienen Hot Chip de entender el pop electrónico y carta de amor a su legado, en el nuevo álbum se funden la accesibilidad luminosa con la melancolía marca de la casa. Los británicos se muestran afables en un hotel de la capital.

Lo primero que os tengo que preguntar es cómo se os ocurrió la idea descabellada del vídeo de “Hungry Child”, que es estupendo.
JG: Bueno, nos sentamos a discutir el tema de la canción, que es como una especie de obsesión romántica y oscura. Y luego hablamos con un montón de directores, puede que hasta siete u ocho, para que nos dieran ideas, como hacen normalmente. Y el director con el que acabamos trabajando, Saman Kesh, hizo una interpretación buena de la idea. En lugar de tener la obsesión romántica típica, la pareja tiene esa obsesión rara que les lleva a oír la canción constantemente. Nos pareció una idea muy interesante. Soy muy fan del libro de Oliver Sacks “Musicofilia”, donde cuenta historias increíbles como la de la mujer que se cae y luego cada vez que se levanta oye una canción de su niñez, ese tipo de cosas. El director también era fan de estas cosas, y, además, era amigo del actor Martin Starr, que acabó saliendo. Nos flipó porque todos somos fans de “Freaks and Geeks” y “Silicon Valley”. Y eso fue todo, realmente. Tuvimos una conversación larga con él, desarrolló el guion y estuvimos con él rodándolo en Los Angeles. Estamos encantados con el resultado.

“Preferimos la respuesta positiva a momentos duros, como el soul en los sesenta”

Si no me equivoco, por primera vez habéis recurrido a productores -el francés Philippe Zdar (Phoenix, Franz Ferdinand) y Rodaidh McDonald (The XX, David Byrne) para hacer este álbum. ¿Por qué disteis este paso?
JG: La cosa surgió porque queríamos que nos llevaran un poquito más allá. Me da la impresión de que cuando nos juntamos a hacer música tenemos una fórmula de prueba y error que funciona y que disfrutamos. Usamos teclados, cajas de ritmos, componemos de una cierta manera y lo que sale es esencialmente un disco de Hot Chip. Pero esta vez queríamos probar nuevos métodos, técnicas, software, hardware…y también ser más un poco más exigentes, trabajar más la composición de las canciones. Porque normalmente, si lo hacemos nosotros solos, llegamos a una estrofa y estribillo y decimos: “Vale, esto está bien, esta es la canción”. Mientras que Rodaidh McDonald decía: “Vale, esto está muy bien, pero vamos a acortar esto. O este estribillo puede mejorar, vamos a intentar probar nuevas ideas”. Nos pareció que sería una cosa emocionante pasar por este proceso de ir más allá.

¿Pero por qué dos productores?
JG: Para empezar, fue una cosa logística. Hicimos algunas sesiones con Rodaidh McDonald, algunas canciones, y en un momento dado se tenía que ir a Los Angeles a trabajar seis meses o algo así. Nosotros ya habíamos conocido a Philippe Zdar, que es un tipo fantástico. Así que en ese punto, llevamos el resto del disco a París para trabajar con él. Y acabó mezclando el disco entero al final de todo el proceso. En primer lugar fueron las circunstancias, pero todo acabó funcionando muy bien.
OC: Las circunstancias también nos llevaron a grabarlo en sitios distintos en Londres y París, a diferencia del disco anterior, que se hizo en un solo lugar, lo que hace que su sonido sea como muy definido. En este caso, no diría que el sonido es más ligero, pero sí que el hecho de haber trabajado con más gente le da como más libertad y espacio, te lleva a diferentes lugares. Todo esto le dio una energía diferente.

Lo cierto es que desde la portada al título, es un disco muy luminoso. ¿Diríais que es una reacción al malestar político y social, generalizado, en que parecemos vivir?
JG: No diría que fue algo consciente. Cuando empezamos a hacer un disco, no buscamos un concepto, una emoción o un sonido determinado. Retrospectivamente, viendo el disco y las canciones ahora, sí que creo que hubo un deseo inconsciente de promover cierta positividad. Siempre me ha gustado ese enfoque a la hora de enfrentarte a tiempos duros o penurias: es lo que pasaba con el soul en la América de los sesenta o con el reggae en Jamaica en los setenta. Cuando te enfrentas a situaciones muy complicadas, prefiero que la respuesta sea positiva en lugar de lloriqueo o queja. Es una cosa complicada, porque no estoy diciendo que quisiéramos promover una especie de escapismo descerebrado: claramente vivimos un momento política y ecológicamente increíblemente importante. Y el título suena a escapismo y hedonismo. Pero en realidad no es de ahí de donde salió, porque Alexis, que fue quien escribió la letra de “A Bath Full of Ecstasy”, nunca ha tomado drogas. Supongo que la positividad del disco viene del hecho de que cuando nos juntamos a hacerlo, todos estábamos muy felices por volver a trabajar juntos, y eso se filtró a las letras en las que trabajaba. Dicho esto, creo que hay un lugar para la música inspirada por el amor, creo que tiene un valor, en cuanto a intentar unir a la gente y no hacer algo agresivo que divida.

En términos musicales, ¿veis este disco como un homenaje o una carta de amor al pop electrónico y su legado?
JG: Nuestros discos siempre lo son, porque somos muy fans de la Historia del pop y la electrónica. Así que volver al disco de los setenta y a la electrónica de los primeros ochenta, con (Giorgio) Moroder, The Human League, New Order, OMD… Somos una especie de historiadores del pop. Cuando pinchamos, también. Y creo que esto, a menudo, emerge en los discos. De nuevo, no se trata de una decisión consciente. Sale porque son los sonidos que realmente amamos. Pero cuando hacemos un nuevo disco, no queremos hacer un pastiche de los ochenta: la producción es contemporánea, pero lanzamos referencias a aquellas eras. Eso sí que nos importa.

“Es tan fácil hacer música con un portátil que, inevitablemente, una parte va a ser bastante mala”

Al mismo tiempo, ¿creéis que este nuevo disco tiene un filo algo más experimental?
OC: Bueno, Joe es muy fan de los sintetizadores. Las técnicas de grabación no fueron tan radicales, pero usamos mucho más procesadores vocales, software y vocoders vintage. Y hay un montón de sintetizadores modulares, máquinas nuevas, pero usando ideas viejas de síntesis. Probamos cosas distintas cada vez, pero al trabajar con estos dos productores, nos propusieron usar cosas que nunca habíamos utilizado. No hay experimentos masivos, pero sí que hemos probado algunas cosas distintas.

Entiendo que os gusta combinar equipo analógico y digital.
JG: Totalmente. Tratamos de sacar lo mejor de ambos mundos. No tenemos ninguna regla al respecto. Y ha sido una de las mejores cosas de trabajar con estas dos personas. Rodaidh MacDonald, por ejemplo, nos enseñó un nuevo software que usa en sus producciones, cosas para las voces que no conocíamos, y son muy modernas en cuanto al sonido: Auto-tune y demás. Nos gusta combinar eso con sintetizadores clásicos de los primeros setenta, o equipo de los ochenta y noventa y hardware muy moderno. Una mezcla de estas fuentes de sonido es, pienso yo, una de las cosas más divertidas que hay. Lo hemos hecho desde que empezamos.

Volviendo al disco, tengo que admitir que me gusta sobre todo la segunda cara, que es como más melancólica. Supongo que fue algo intencionado. ¿Lo planteasteis con dos partes bastante diferenciadas?
JG: Tendemos a poner las canciones más inmediatas y potentes, las más pop, al principio. Nos sale así. Así que dejamos las más melancólicas para el final. En ese sentido, no fue un plan muy premeditado (risas). Pero es verdad que las canciones se hacen más serias según el disco va avanzando. Y la verdad es que me gusta mucho ese desarrollo.

¿Qué me puedes destacar de las letras? ¿Hay mucha diferencia respecto a vuestros anteriores trabajos?
JG: Sólo puedo hablar de las que escribí yo, fundamentalmente “Clear Blue Skies” y “Hungry Child”. Y mi enfoque es el mismo, sí. No soy un escritor prodigioso, Alexis siempre tiene un montón de letras que va escribiendo en su móvil, casi como poesía. Y creo que su enfoque es el mismo, porque ha hecho esto desde que empezó. Personalmente, cuando tengo una idea para alguna letra, no sé de dónde viene. Es bastante inconsciente. Es importante que capture la idea lo rápido que pueda, porque no sucede muy a menudo. Es difícil de explicar.

Ya que mencionas “Clear Blue Skies”, me parece una de las mejores.
Ésa la escribimos al final. Me resulta fácil escribir canciones cuando el disco está terminado al sesenta o setenta por ciento, casi hecho, porque me gusta mirar al conjunto de canciones y pensar sobre cómo se puede añadir una nueva dimensión, forma o tempo. Pensé que algo un ritmo muy diferente vendría bien. Estoy bastante obsesionado con “St. Elmo´s Fire”, de Brian Eno, y pensé un poco en ella cuando compuse ésta, porque tiene esa increíble caja de ritmos y el estribillo que explota en capas de voces…eso fue el principio de la idea. En cuanto a la letra, tuve una idea sobre la dificultad que tenemos para encontrar algún significado a la existencia cuando pensamos en la enormidad del universo. Hay cientos de billones de galaxias, cada una tiene millones de estrellas y cada estrella, un sistema solar. Cuando reflexionas sobre la escala de todo esto, el sentido de cualquier cosa que haces se vuelve bastante fútil. La canción habla de pensar en esto, y a pesar de todo, encontrar un sentido en el amor, por ejemplo.

A estas alturas, con vuestro séptimo disco, ¿cuánto os cuesta encontrar la inspiración para hacer algo fresco, nuevo o original?
OC: Para eso están los productores (risas).
JG: Bueno, en esencia, este disco es bastante similar a otros del pasado. Nunca hemos sido capaces de revolucionar por completo nuestro sonido. Respeto mucho a los artistas que lo pueden hacer, pero tiene que ser muy difícil. Y parece que en cuanto nos ponemos a hacer un disco, aunque tengamos la intención de hacer algo diferente, la dinámica de trabajar juntos nos lleva a un sonido particular. Me parece que lo correcto es seguir eso intuitivamente y terminar las canciones de la mejor manera posible. Intentamos superarnos en cuanto a la producción, con otra gente y su equipo, como te contaba antes, pero al final experimentar demasiado no parece que le venga bien a las canciones que hacemos.
OC: Al final, si eres Bowie o Madonna, llevas dentro esa capacidad de cambiar.
JG: Pero también tenían la capacidad de encontrar al productor de moda de cada momento.
OC: Como este grupo se basa en una amistad, las cosas fluyen de una manera determinada porque así funcionan.

“Nos vemos como una especie de historiadores del pop y la electrónica”

Hablabais de que os sentís como historiadores del pop o la electrónica. ¿Os siguen interesando cosas ahí fuera? ¿Qué os parece lo que se está haciendo?
JG: Se ha convertido en un campo enorme. El volumen de música electrónica que se publica hoy es inabarcable. Tienes a gente subiendo 20.000 cortes de house en streaming cada semana o algo así. Hay un problema en esto, se necesitan “curadores” que seleccionen: es algo fundamental. La gente que lleva las playlists de Spotify, por ejemplo, o los DJs, porque esta oferta oceánica es imposible de asimilar. Completamente imposible. Una parte es magnífica y otra, un desastre. Es tan fácil hacer música con un portátil que, inevitablemente, una parte va a ser bastante mala. Pero hay toneladas de material fantástico, ya sean discos experimentales con sintetizadores, techno, dance, de todo el mundo. Hay más material que nunca, pero te pierdes en ese océano.

¿Y vosotros qué le pedís a una buena canción?
JG: Con la música electrónica, a veces se trata de la composición, pero más a menudo es una idea rítmica o un sonido de sintetizador que es totalmente de otro mundo, salvaje, fresco, una pasada. Y la gente está sacando cosas así. Cosas que no se ajustan a las reglas de la música dance del pasado. Nosotros tratamos de echarle un ojo a todo esto todo en la medida de nuestras posibilidades, porque pinchamos mucho, y es una parte maravillosa y muy inspiradora de nuestro trabajo: encontrar esa música.

Vais a tocar en grandes festivales como Glastonbury, y en España lo haréis en el Vida y el BBK. ¿Cómo os planteáis el directo en eventos tan enormes?
OC: Creo que con los festivales tienes que ser consciente de que te puede tocar actuar en cualquier momento del día, y que lo fundamental es involucrar a la mayor parte de gente que puedas, porque no necesariamente han ido a verte sólo a ti. Intentamos hacer que sea divertido y tener en cuenta el espíritu del lugar donde tocamos, adaptarte a su estado de ánimo. Es una de las cosas que más disfrutamos, e intentamos contagiar esa vitalidad. Además de que puedes ver a grupos que siempre has querido ver. Siempre es divertido.“Nos vemos como una especie de historiadores del pop y la electrónica”.

AGENDA
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
De 04/07 hasta 06/07/19Vilanova i la Geltrú (Barcelona)Festival: VIDA FESTIVAL
De 11/07 hasta 13/07/19BilbaoFestival: BILBAO BBK LIVE
De 11/07 hasta 13/07/19Oeiras (Lisboa)Festival: NOS ALIVE