Fuego de campamento
Entrevistas / Pájaro Jack

Fuego de campamento

Eduardo Tébar — 19-07-2012
Fotógrafo — Archivo

Hace un par de años, Pájaro Jack deslumbraron a los popes de la escena granadina con las canciones de su primer EP. Entonces, el dúo formado por Jaime Beltrán y Fran Ocete representaba una suerte de Simon y Garfunkel en versión local, aunque sus intenciones iban más allá del pujante neofolk.

Empiezan a volar alto, encabezando la nube más profusa del neo-folk en España. Al margen de taxonomías pasajeras, Pájaro Jack construyen canciones grandes. Coros celestiales, con tres voces clisadas a la perfección. Arreglos minuciosos, de esos que ganan en su desarrollo horizontal. Y una valentía que se agradece, necesaria para dar en el clavo de armonizar la base acústica pastoral con ambiciosos y elegantes brotes de guitarras eléctricas. Escuchándole cantar, parece que incluso peina canas. Pero no. Por suerte, el joven Jaime Beltrán tiene un punto de arrojo. Y de inocencia. El primer álbum largo de los granadinos descubre la senda del folk ecológico. O folk scout. Comunión con el verde. Y con el pasado florido del verano en San Francisco. “Hemos pasado de Simon And Garfunkel a Crosby, Still & Nash”, señalan. Y de ahí a Fleet Foxes. Y a Josh Tillman. Y vuelta a Kerouac y Bob Dylan. ¿Una prueba? El arranque con “Las luces” y “Anikuni” pone todas las cartas sobre la mesa. Seis minutos de regocijo bucólico. Baterías atmosféricas, mandolinas, arpegios paisajísticos. “Ahora sabemos qué influencias nos interesa canalizar hacia este proyecto. Tenemos las ideas más claras que hace dos años. Seguramente son los grupos que más nos gustan a los cinco integrantes. Antes cogíamos de aquí y de allá, pero algunos estilos no encajaban”, apunta Jaime Beltrán. En cualquier caso, a les bastaron dos demos para ganar el concurso del Instituto Andaluz de la Juventud de la Junta de Andalucía en 2010, o para ser Demoscópicos de MondoSonoro. Luego se colaron en los carteles del Primavera Sound y el FIB. El pasado mes de marzo llenaron la sala Planta Baja de Granada. El público se sabía las letras. “Nos atraen las bandas corales, como los Fleet Foxes o Beach Boys. Queremos sacarle partido a las voces. Una canción como ‘Anikuni’ viene del ritual en los campamentos, cuando era pequeño y nos poníamos en círculo, de rodillas alrededor de una hoguera muy grande. Hemos recuperado aquel ritmo de palmas en las rodillas. No nos esperábamos el impacto que ha tenido en la gente”, remata Beltrán. Y no ha hecho más que empezar.

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