Bob Mould cierra un ciclo. Y lo hace con “Life And Times”, título que de un modo u otro deja entrever ese final de etapa. El noveno disco bajo su nombre llega en un momento de echar la vista atrás y contemplarlo todo con cierta perspectiva.

Este mismo año se cumplen treinta del debut en los escenarios de sus seminales e influyentes Hüsker Dü y veinte de “Workbook”, su primer disco en solitario y con el que establece un puente en este nuevo álbum, retornando a su esencia y sonando más instintivo e inmediato. “Sí, de hecho, las tres primeras canciones del disco (“Life And Times”, “The Breach” y “City Lights (Days Go By)”) me vinieron a la cabeza como un flash y me recordaron a ‘Workbook’. En agosto de 2007, cuando las escribí, reconocí aquel estilo: historias más largas y consistentes, más acústicas… Eran tan potentes que quise trabajar en esta línea, seguirla, y mientras las escribía también me venían a la cabeza cosas más fuertes y ruidosas como con Sugar y veía que todo encajaba. Tenía presente que se acercaba el veinte aniversario y todo coincidía”. Aunque en “District Line”, su anterior entrega, ya se reconciliaba en parte con su mejor pasado, en este nuevo disco no se anda con chorradas. Deja de lado los arreglos tendenciosos y esa pretenciosa ampulosidad con vocoder y sintetizadores y va directo a la medula espinal. “No me he cansado de la electrónica. En los últimos seis años he estado haciendo de Dj con Richard Morel en el proyecto Blowoff, pero no fui consciente de que en el disco no hay electrónica. Cuando lo escribía sabía que este disco era bastante bueno. Para mí ha sido en cierta manera el final de un ciclo de tres discos. Ha habido una evolución y este es el que cierra la etapa. Lo que hay lo he estado trabajando en los últimos seis o siete años”. Se nos presenta más impulsivo, conciso e inspirado.“No, no estoy tan inspirado. ‘District Line’ se acabó y no se publicó hasta el cabo de seis meses, por lo tanto, para mí hubo un año y medio entre uno y otro. Aunque sí, últimamente he estado mentalmente muy activo; he estado trabajando mucho. Pienso mucho. Creo que ahora, de golpe, desde fuera parece que soy muy prolífico, pero sólo es una impresión porque antes he estado escuchando mucha música. Ahora mismo estoy más centrado en componer. He escrito, he grabado y he tocado mucho” . Y esa intensidad se nota cuando aprieta la mandíbula y escupe rabia contenida del calibre de “MM 17”, “Argos” o “Spiraling Down”, las canciones más rocosas de su nuevo disco. Una urgencia en ejecución imputable también al añorado batería de Superchunk, que grabó en apenas cuatro días sin antes haber escuchado las canciones. Si en el anterior disco le tocó a Brendan Canty de Fugazi, aquí Bob Mould ha reclutado a otro de los grandes no sólo para grabar sino incluso para atacar los directos. “Lo he grabado todo en casa y al final, con Jon Wurster, fuimos a un estudio más grande y añadimos la batería. Tengo un estudio en casa e intento trabajar todos los días. Primero hago la canción y si después veo que necesita otro instrumento, como la batería, el chelo y los teclados, lo voy a buscar, pero lo hago cuando la canción ya está escrita y con los arreglos” . Haga lo que haga, bien o mal, el nombre de este buen hombre siempre estará protegido por su historial. Entronado en categoría de culto, siempre le exigimos mucho más pero también le perdonamos algunos patinazos que en otros tacharíamos de vergonzosos. El motivo, un pasado indiscutible con Hüsker Dü, por lo referenciales y precursores que fueron. “Con Hüsker Dü escribía continuamente de forma muy rápida. Era fácil componer porque las canciones eran más simples y las emociones también. Ahora me cuesta más. Soy más consciente de lo que estoy haciendo, sé claramente lo que me gusta y lo que no. No lo entiendo todo pero intento entender el proceso de composición y no analizar lo que hago mientras lo hago. Tengo un punto más cercano y consciente” . Aunque muchos nos recreemos más en aquella época, Bob Mould sigue su camino. Pero para mirar hacia adelante a veces es necesario echar cuentas con el pasado, y precisamente en estos meses el tío Mould, a sus cuarenta y nueve años, está ultimando su primera autobiografía. Preguntado por si el porqué está en que considera que se está haciendo mayor, se echa a reír y remata: “¡Lo estoy olvidando todo! Llevo siete meses trabajando en el libro y aún le dedicaré seis meses más para acabarlo. Tengo mucho trabajo y el título todavía no lo sé, será lo último. De momento voy a estar todo el verano acabando el libro y no sé aún qué dirección voy a tomar después. Así es como va el ciclo creativo. A veces no sabes hacia dónde irás, que será lo próximo” .