Tras casi 30 años de carrera musical,  Víctor G. Lapido debuta con De Mis Soledades Vengo (Ruido Rosa, 2.018) sobria y elegante propuesta sostenida por la bucólica calidez de la guitarra acústica.

Ha pasado un muy largo lapso de tiempo desde que el pequeño de la saga Lapido formó su primera banda a finales de los ochenta, Los Ruidos, hasta la aparición de su primer disco en solitario bajo el alias El Hijo Ingobernable. Cualquier seguidor de la música pop española puede rememorar la larga lista de bandas que se ha beneficiado de su elegante aportación a las seis cuerdas, tanto dentro de los parámetros familiares bajo el amparo de su hermano José Ignacio, como en otros proyectos estilísticamente alejados de dichos planteamientos.

Cómodamente instalados en la terraza del Lemon Rock, Víctor da un trago a su cerveza e inicia la conversación reflexionando sobre el porque de este momento para la edición de De Mis Soledades Vengo (Ruido Rosa Records, 2.018). “Realmente, haciendo balance, me doy cuenta de que no he tenido tiempo hasta ahora para centrarme en mis propias composiciones. Desde que formé Los Ruidos no he parado de tocar con 091, con mi hermano, Antonio Arias, Lagartija Nick en varias etapas, Grupo De Expertos Solynieve… Creo que una vez finiquitada la gira Maniobra De Resurrección y todo el alboroto que supuso era el momento propicio para parar y centrarme en mi proyecto”. Proyecto que bautiza con un curioso nombre, sin pista rastreable de su ascendencia Lapido: “Tuve claro desde el principio que había que buscar un nombre nuevo para este proyecto, a pesar de que usar mi apellido me podía haber beneficiado de alguna manera, o no, quién sabe. Pero escuché una canción de Rafa Berrio que incluía una estrofa haciendo mención a un hijo ingobernable, y me gustó la idea que transmitía”.

“Realmente, haciendo balance, me doy cuenta de que no he tenido tiempo hasta ahora para centrarme en mis propias composiciones”

Una vez oídos sus nuevos temas, no puedo si no coincidir con su autor en la conveniencia de zafarse de pretéritas ligazones, ya que Víctor ha dado un paso al frente, desmarcándose de todo rastro reconocible, reivindicándose ahora como sensible guitarrista, impregnando su cancionero de los bucólicos aires que aromatizaban la campiña británica hace medio siglo. “Es cierto que en todas las bandas que he estado involucrado mi función ha sido la de guitarrista eléctrico a la vieja usanza, dando caña. Pero estaba deseando dejar la Les Paul en un rincón y salir al escenario con una acústica, que es la que utilizo para componer, también probar nuevas sonoridades, usar técnicas como el pickin que me atraen mucho en discos de gente como John Fahey. Quería amoldarme a esa manera narrativa tan propia del folk antiguo en que el cantante narra más que canta, y darle mucho espacio a la música sin palabras”.

“Estaba deseando dejar la Les Paul en un rincón y salir al escenario con una acústica”

Efectivamente, hay una porción de los temas nuevos que en su etérea, casi incorpórea tesitura, dejan mucho espacio a la música, tanto por los silencios vocales como por las suaves brisas que traspasan los finos arpegios de la guitarra acústica, de la que la muy elegante Así Lo Recuerdo, pura evocación de Nick Drake y la escena folk británica, es oportuno botón de muestra: “He intentado no ser muy agresivo con las letras, que no se me note mucho la mala folla, aunque hay algunas como la de Exilio llenas de rabia, pero con mesura. En cuanto a las melodías las trabajé en casa con la acústica, y decidí que ese iba a ser el formato que iba a perdurar; todos los arreglos añadidos han sido de teclado y cuerdas, pero con la idea clara de que estos adornos no empañaran la sencillez de la melodía; soy un gran admirador de los guitarristas que interpretan melodía y ritmo al mismo tiempo, nada de solos”.

“He intentado no ser muy agresivo con las letras, que no se me note mucho la mala follá aunque hay algunas como la de Exilio llenas de rabia, pero con mesura”.

Ese predominio de la pureza sonora que refiere Lapido llega al cenit con el homenaje que supone Para John Ford, regreso mental del autor a su infancia. “Desde pequeño me fascinaron las películas de John Ford y sus bandas sonoras, hasta el punto de que me disfrazaba de vaquero cuando las ponían en la tele, para integrarme en la historia (risas). Ya en serio, he querido hacer una humilde aportación a ese tono épico, pero también lleno de horizontes sin fin que hacen de “Centauros Del Desierto” y tantas otras, que son parte de nuestra memoria emocional”. Queda finalmente por aclarar como será la puesta en escena de tan intrincada grabación, para la que Víctor manifiesta su intención de contar con los nueve músicos que han tomado parte en ella siempre que sea posible, como en su próxima comparecencia el 8 de Junio en la granadina Sala Aliatar, primera puesta de largo de la nueva singladura.