El ritmo de la vida
Entrevistas / Muchachito Bombo Infierno

El ritmo de la vida

Don Disturbios — 04-07-2007
Fotógrafo — Albert Jodar

¿Sabes qué es triunfar? Hacer las cosas a tu manera”. Si hay una frase que identifica a Muchachito y sus Bombo Infierno es ésta y su nuevo disco, “Visto lo visto” (El Orfanato/K-Industria), lo demuestra con creces. Desde la independencia más absoluta y con un entusiasmo tan renovado como poderoso, vuelven dispuestos a arrasar este verano ¿Estás preparado? Pues a bailar sin complejos ni contemplaciones.

A la postre todo resulta de lo más atípico cuando uno habla de Muchachito. Extraordinaria resulta su puesta en escena, con ese cuadro pintado en directo por un Santos de Veracruz sometido al frenético tempo de la banda. Inverosímil el hecho de montar la gira de presentación de su segundo disco, sin tener atada todavía la distribución en España (al final se han quedado en K-Industria, es decir, casi como en casa). E imposible el mantener una entrevista con un Jairo que habla por los codos y con un entusiasmo que se le escapa a través del brillo de unos ojos tan pequeños como profundos. A lo largo de casi una hora y media de cinta me lo explica todo, incluso lo que me advierte que no puede ser publicado. Pero si hay algo que me queda claro tras el encuentro es que el éxito tardío que le ha sobrevenido era del todo I-N-E-V-I-T-A-B-L-E.

“Las segundas partes siempre son difíciles y no voy a engañar a nadie”

Pocos músicos he conocido en mi vida (y juro que son unos cuántos) que condensen a la vez pasión por lo que hacen; fe en si mismo y desparpajo a raudales. Jairo, nuestro protagonista, quedó tan harto de la experiencia con Trimelón de Naranjus (su anterior banda) que continuó tocando en los bares para ganarse la vida. De hecho se podría haber quedado en ellos y estoy seguro de que no le hubiera importado. Él tan sólo quería tocar y vivir de su música aunque fuera con estrecheces. No quería saber nada de managers, discográficas o mamonadas por el estilo y, mira tú por dónde, ha acabado con una estructura que da de comer a unas veinte personas, entre oficina de contratación, discográfica, técnicos y músicos. Una independencia autoimpuesta por las circunstancias de no querer aguantar las estupideces de nadie, tan sólo las propias. Aunque eso conlleve más dolores de cabeza y desde luego haya que asumir riesgos económicos.

“Tienes a mucha gente para dejar contentos. Por un lado tienes al público, por otro lado a los músicos y por otro a ti mismo”

“De momento lo que hemos perdido con este disco ha sido dinero (risas). No sé. No soy buen crítico conmigo mismo y si soy crítico soy muy exigente”. ¿También con tus músicos? “Sí, pero ellos me soportan bien porque ven que esa exigencia me la impongo también a mi mismo y es por una lógica, no por capricho. Después tenemos buena onda y todo el rollo, pero a la vez tenemos que mantener esto para adelante y al ser una banda grande cada uno tiene que estar en su sitio. Es un reloj de bolsillo de muchas piezas y cada una de ellas debe funcionar bien engrasadita y por si misma. Por eso hay épocas en la que soy muy machacón, como en las épocas de ensayo, pero después una vez empieza la gira te relajas y hay más cachondeo. Improvisamos, nos divertimos…”. Y si te digo que en “Visto lo visto” has perdido cierto desparpajo arrabalero que caracterizaba tu primer álbum. “Es probable, pero te voy a decir una cosa: es algo inevitable. No es una cosa que haya ido a buscar, pero es que hay que dar pie a las piezas de este reloj y lo que hemos intentado y lo que pretendemos es que sea una segunda parte en toda regla. Las segundas partes siempre son difíciles y no voy a engañar a nadie, así que cada uno cuando escuche el disco que haga su crítica. Pero los pasos son inevitables y si ha tirado para acá es porque tenía que tirar para acá y no por una búsqueda intencionada, sino porque en los directos esto ha sido así. Creo que el disco plasma más los directos que hemos estado haciendo que no el anterior, que no hace justicia realmente a nuestro directo porque se grabó mucho antes de rodar juntos. La evolución es natural, es obvia y no te puedes cerrar a ella, te tiras piedras encima. Tienes a mucha gente para dejar contentos. Por un lado tienes al público, por otro lado a los músicos y por otro a ti mismo. Mucha gente y esa es la presión que viene sola”. Ambos estamos de acuerdo en que “Visto lo visto” es una segunda parte en toda regla en la que se le ha dado mayor cabida no sólo al swing, sino también a la banda que acompaña a Muchachito y en especial a La Gigoleto, su sección de metales, y a su precursor Josué “Ciclón” GarcÍa. Pero si hay otra cosa que ha marcado la grabación del álbum es que las letras y el tono general del disco es mucho menos melancólico y mucho más positivo, aunque para Jairo no deje de representar un handicap… “Lo tengo comprobado. A la gente le llega mucho más una canción cuando uno está destrozado que cuando uno está alegre. La poesía melancólica llega más. En cambio hacer una letra optimista es mucho más difícil y tengo más que comprobado que a la gente le gustan más las canciones en las que he pasado más dificultades. Por ejemplo en ‘Vamos que nos vamos’ hay muchas canciones de añoranzas, de echar en falta a un ser querido y este disco es mucho más me alegro de verte”. Un disco optimista y vital como demuestran canciones como “Mambo13”, “Cara Tortuga”, “Vino y se fue”, “Acicálense” o mi favorita “Aire”. Canciones que dada su variedad de texturas (swing, rumba, reggae, mambo, bossa, tumbao…) dan al álbum un aire multicolor y sabrosón que contagia y mucho gracias al imborrable tempo “bomba negra” que continua siendo la gran marca de la casa… “El bomba negra es el bombo continuo, como en la música disco o como en la rumba catalana… por eso siempre he tenido problemas con los baterías, porque ninguno quería meter ese bombo y en la época de los bares acabé por hacerme yo mismo el bomba negra, así no tenía que discutir con nadie y me podía marcar el ritmo que me iba bien para respirar y para cantar o si por ejemplo veía que se dormía la canción, pues aceleraba con el bombo a toda la banda. Todo el mundo debía perseguir el ritmo de mi bombo”. Un ritmo siempre frenético que, sin embargo, parece haber pasado factura. Tras la grabación del disco Jairo tuvo que pasar por el quirófano para quitarse un pólipo de las cuerdas vocales. Ahora se cuida. Bebe agua en los conciertos para hidratarse la garganta; no fuma y tan sólo se marca algún vinito bueno en las comidas. Todo por cuidar una voz que de tan cazallosa y rota se le quebró del todo y que ahora, por cierto, suena más aflautada y dulce. “Ahora lo que tengo es un equipo de entrenamiento como los luchadores. Un equipo que me enseña a comprender mi cuerpo y puedo recurrir a ellos en cualquier momento y aplico el seguimiento que me mandan. Nunca me había visto tan delicado y ha sido un problema… pero de todas formas la voz va cogiendo forma a medida que la voy utilizando en los bolos”.

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